La Antigua Princesa

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Era impresionante como podía cambiar la forma de ver el mundo, como la luz de todo lo que vez puede desaparecer cuando aquella persona ya no esta. El cielo era gris ese día, el terrible día en que su mundo se derrumbo, para Eleonor fue como ver un castillo derrumbarse hasta el punto de que no quedara piedra sobre piedra, su vida entera quedo reducida a una pila de rocas informe y sin una pizca de belleza.

Había estado comprando en el mercado de Elparion, siendo escoltada por dos de sus lacayos y dos guardias de la casa Victori, sentía la suavidad de un pieza de tela compuesta de seda pura de un color amarillo brillante, buscaba hacerle una nueva capa de su esposo, el amarillo era un color que hacia resaltar su hermosa sonrisa y que le daría un toque brillante a su guardarropa. Fue entonces que las campañas de toda la ciudad comenzaron a sonar frenéticamente, eso era poco común, solo en ocasiones muy especificas se utilizaban las campanas, como cuando la guerra era declarada o cuando un importante miembro de la nobleza moría.

Cuando se giro para ver a su alrededor, vio como en la plaza del mercado fuera de la gran galería de madera que funcionaba como un mercado cubierto, la gente se apartaba rápidamente para dejar paso a una larga columna de jinetes, Eleonor se acerco seguida por sus escoltas y descubrió que no eran simples jinetes, ni siquiera eran caballeros, eran un batallón completo de Catafractos Negros, la elite de la casa Blacksong, entonces entendió que algo terrible había ocurrido, vio los estandartes y descubrió que estaba el estandarte de su esposo. Regan luego de la lucha que había tendió con su padre el príncipe Demetrio había tomado un nuevo emblema, ya no había dos lobos gemelos en su estandarte, ahora solo había un lobo gris aullando a una luna. Eleonor había bordado en persona el estandarte de su esposo, pero vio que el hombre que lo portaba no era el.

- ¡Abran paso! - grito uno de los catafractos con su poderosa voz - ¡Abran paso!.

Eleonor vio que detrás de la columna de catafractos venia una formación de legionarios armados, todos con sus escudos y armaduras, listos para entrar en combate, llevaban las lanzas y las espadas en el cinturón, era una demostración de poder, pero Eleonor no entendía para que, no estaban en guerra, hacia décadas que las guerras se habían acabado, Alban estaba pacificado y demasiado débil después de su guerra civil como para representar una amenaza, los glaumos no terminaban de representar una amenaza sin importar cuantas incursiones intentaran, los clanes de las montañas preferían asaltar los dominio de la casa Whitewood, señores del norte de Alban y las naciones orientales eran débiles y preferían mantener un buen trato con Reindlad.

Noto entonces que detrás de la formación avanzaba un jinete solitario y que detrás parecían traer un carro que era escoltado por caballeros de la guardia personal de su esposo, los reconoció porque todos ellos llevaban una luna blanca en el pecho y un lobo aullante debajo. Vio los largos cabellos negros del jinete y se emociono de ver a su esposo, espero con emoción verlo pasar frente a ella, pero cuando estuvo lo suficientemente cerca, reconoció al jinete, no era su esposo, era Agdrian, su cuñado y el menor de los hijos del príncipe Demetrio, era muy parecido a su esposo, pero Agdrian era joven, tenia un rostro juvenil, sin barba y su cabello tenia ligeras ondulaciones, mientras que el de su esposo era una cascada lisa de un negro obsidiana que ella amaba peinar con sus dedos.

Eleonor intento saludar a Agdrian, siempre le había parecido un joven encantador y sonriente, aunque últimamente desde la noticia de la muerte de su hermana Miriel, se lo veía sonreír muy poco, cruzo miradas con el y levanto la mano, pero entonces vio como Agdrian la reconocía claramente y una pizca de pánico se vio en su rostro y se giro rápidamente, Eleonor no entendía a que se debía aquello, pero vio como el carro se acercaba tirado por dos caballos negros y entonces su mundo entero se volvió de un gris insulso y muerto, vio que sobre un montón de paja descansaba una de las grandes capas de seda que ella confecciono para su esposo, el negro y la plata se habían mezclado con la piel de un lobo gris que su esposo había cazado y vio que sobre la capa descansaba su esposo, mas blanco que la nieve y con sus ojos negros obsidiana observándola con un brillo que rozaba el anhelo, portaba su armadura pero vio que varias flechas partidas sobresalían de su cuerpo.

La Nueva SangreHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora