Como muchas veces antes, estaba sentada en su trono rodeada de sus caballeros, la corte completa estaba allí presente observándola. Observo como las puertas se abrían y su esposo ingresaba en el salón seguido por sus caballeros, esperaba verlo sonreír, pero en cambio solo veía odio en su mirada. Los hombres que lo acompañaban le eran por completo desconocidos y vio como mientras avanzaba hacia ella algunos de los caballeros presentes desenvainaban sus espadas y se interponían en su camino. María intento levantarse, pero una mano la sujeto por detrás y la coloco en su trono, observo de quien se trataba, era su padre allí de pie pero no como en sus últimos momentos, débil y fatigado por la enfermedad, su padre ahora era alto y fuerte, con dureza en la mirada tal y como había sido en su juventud.
- A cumplido con su deber - decía con una voz que no era suya - ya no es necesario.
María se giro desesperada para observar como los caballeros rodeaban a su esposo.
- No - dijo desesperada - no, por favor.
- Así debe ser - decía con frialdad su padre.
- Pero lo amo - dijo entre llantos mientras observaba como los hombres de su esposo desenvainaban sus espadas para defenderlo y una leve esperanza apareció en ella.
- El amor - dijo su padre con crueldad - no es digno de una reina.
Ese no era su padre se dijo desesperada, su padre jamás diría cosas así, el creía en el amor, había amado con locura a su madre y a ella, era imposible que esas palabras salieran de su boca,
- Y menos el de un rey traidor - dijo su padre mientras observaba como frente a ella su esposo era atacado por los caballeros.
- Soy la reina - grito - defiendan a mi consorte - ordeno a sus caballeros, pero no se movieron.
Ante sus ojos vio como los hombres de su esposo eran superados y llegaban ante el que con espada en mano bloqueaba y esquivaba desesperado mientras gritaba con furia. Hasta que vio como una espada lo atravesaba por la espalda.
- ¡No! - grito y sintió como la agitaban.
Abrió los ojos para ver como su madre la observaba con preocupación en la mirada.
- ¡María! - dijo desesperada.
Observo en todas direcciones, Miriel estaba junto a ella mirándola con miedo en los ojos. Estaba en su sala, sus primo estaban de pie tras su madre y la observaban con preocupación.
- Tranquila - dijo María comprendiendo que era solo un sueño - solo tuve un mal sueño.
- Nos preocupaste - dijo su madre mientras se levantaba.
- Estoy bien - dijo mientras Miriel la abrazaba con fuerza.
El sueño aun estaba presente en su mente, su padre allí de pie observando con indiferencia como los caballeros de Alban asesinaban a Andros y sus hombres, pero no dijo nada, aun le costaba respirar.
- Intenta dormir - dijo su madre mientras le acariciaba la frente - debes descansar para mañana.
María no pudo volverse a dormir, el miedo y los nervios se lo impedían, estuvo horas allí acostada con Miriel durmiendo a su lado. Al final cuando escucho campanas se dio cuenta de que ya había amanecido y observo que por una de las ventanas superiores, que estaba cerrada, entraba un pequeño hilo de luz. Su madre no tardo en despertar mientras que fuera se escuchaba el escandalo de todos los que aun trabajaban en los preparativos.
- Traeré a tus doncellas para que te ayuden - dijo su madre mientras salía dejándola sola con Miriel y sus primos que se ajustaban las armaduras.
Mientras esperaba noto que Miriel estaba nerviosa, por lo que le pidió a Talon que la llevara a uno de los patios para que pudiera jugar con los demás niños del palacio. Entonces llegaron sus damas que traían un vestido, perfumes y joyas con las que prepararla para la fiesta que tendría lugar ese día. Estaba nerviosa, pero dejar que Mariella y Chloe junto con su madre y otra de sus damas se encargaran de todo fue muy relajante para ella. Nerion se quedo fuera junto con los demás caballeros, pero Casia había entrado para suplantarlo como guardaespaldas. La bañaron, la perfumaron, la vistieron y finalmente la maquillaron.
- ¿Cómo van los preparativos? - pregunto a su madre mientras esta elegía que joyas ponerle.
- Ya están acabados, pero siguen preparando el gran salón para el banquete, mesas fuera para los soldados y rezan para tener suficiente vino y cerveza para todos - dijo con una asomo de sonrisa en los labios.
- Ya deben de haber bebido suficiente - dijo Casia mientras se cruzaba de brazos - según Austin antes, el día anterior a la noticia de la existencia del atentado de las Lobas, Andros le dio a sus hombres una fiesta para celebrarlo, peleas, bebidas y putas.
- ¡Casia! - dijo molesta su madre - eso ultimo no era necesario.
- A por el amor de los dioses - dijo Casia molesta - como si ninguna de las aquí presentes ya supiera que los hombres cada que pueden meten su cosa donde...
- ¡Casia! - dijo entonces María fulminándola con la mirada - ha quedado clara tu opinión.
Su amiga se sentó de mala gana en uno de los sillones y allí se quedo con la cabeza apoyada en su mano observando como la preparaban.
- Tu también deberías arreglarte un poco - le dijo a su amiga, pero esta se rio en su cara.
- No gracias - dijo agitando la mano con desdén.
- No quieres verte hermosa - pregunto su madre a Casia.
- No necesito verme hermosa para nadie mas que para mi esposo - dijo con firmeza - y el me ama como soy, además, si llegara a mirarme alguno de los babosos de la corte seguro que Heron le mete la cabeza de su martillo en el cráneo.
- ¿Heron? - pregunto a su amiga - ¿o tu?.
Todas se rieron mientras que Casia se encogía de hombros, así se pudieron olvidar del mal momento que habían pasado el día anterior.
- Listo - declaro su madre luego de abrochar el collar en su cuello - tan hermosa como siempre.
Se observo en el espejo, el vestido azul con detalles dorados y el halcón de la casa Hawks en el pecho, el collar y los pendientes en sus orejas eran dorados y tenían incrustados zafiros lo cual hacían sus ojos aun mas azules. Su cabellos había sido peinado de tal manera que quedara todo ondulando por su espalda. Finalmente su madre coloro en su cabeza su corona donde dos halcones posaban alrededor de un zafiro.
- Deberíamos ir ya la sala del trono - dijo María emocionada.
- Querida - dijo su madre con una sonrisa - todavía faltan horas para la llegada de tu esposo, que estés sentada en tu trono no hará que viaje mas rápido.
Pero cuando su madre termino de hablar la puerta se abrió y Nerion entro.
- La comitiva del consorte a sido vista en el horizonte - dijo con una sonrisa que se veía por debajo de su casco.
- Viste - dijo María con una sonrisa mientras Casia y Chloe la ayudaban a levantarse - conozco mucho mejor a mi esposo que tu.
Mientras la llevaban a la sala del trono con ayuda de los caballeros que hacían todo lo que podían para que no tuviera que hacer nada de esfuerzo escucho como sonaban las campanas a lo lejos y se escuchaban gritos de hombres y mujeres.
- Habíamos organizado la calle principal del norte para que lo recibieran como era debido - dijo su madre que mantenía abierta una de las puertas que daban al salón del trono - eso deberá retrasarlos un poco.
El salón del trono estaba decorado con estandartes de la casa Hawks y también habían colocado los estandartes de su esposo para presentar sus respetos a los soldados que habían luchado bajo ese emblema. Por la altas ventanas de cristal que habían en la sección superior de los muros entraba suficiente luz como para que todo el lugar brillara, pues habían pulido el suelo de mármol. Al sentarse en el trono sus caballeros se dispusieron en un semicírculo que la separaría de todos los presentes, solo su madre se quedo con ella.
- ¿Dónde esta Miriel? - pregunto a su madre, la cual se encogió de hombros.
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La Nueva Sangre
FantasyTercer Libro y ultimo de la saga. Primero Leer El Consorte y La Reina, después Legitima y finalmente este libro. La Reina Maria dedica sus esfuerzos a restaurar su reino luego de la guerra contra el Usurpador y consolidar la paz, mientras que Andros...
