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La ciudad habia sido tomada y sus lideres se habían rendido y jurado su lealtad a Andros, pero Malco no podía esperar para volver a Nirde, sabia que su amigo y los hombres que estaban allí con su ejercito deseaban mas que nada volver a sus hogares con las recompensas que habían reclamado de sus conquistas. Los soldados marchaban por toda la ciudad de un lado al otro cumpliendo con las ordenes que habia dispensado Andros, buscaban a Dagnar el Criador de Lobas, pero la rata parecía haber desaparecido cuando la ciudad habia caído como si supiera que pedirían su arresto, Malco no estaba interesado en su búsqueda, no tanto como los glaumos que parecían desesperados por encontrarlo para poder contentar a su amigo y ganarse el favor de su nuevo rey, pero Malco sabia muy bien lo que su amigo pensaba de los lamebotas, camino por las calles vestido con ropas de civil y llevando solo una espada en el cinturón, algo mucho mas común en esa ciudad que en muchas otras en las que habia estado, los glaumos estaban acostumbrados a llevar armas en todo momento, espadas cortas, cuchillo o hasta hachas de una mano colgadas de los cinturones, a veces incluso veía a mujeres armadas, a Malco no le gustaba que su amigo no les quitara las armas y los dejara hacer eso como si nada, cuando aun no era segura la lealtad de esas gentes.

Llego a la taberna donde se reunió con Maotut y con los otros capitanes mercenarios, Andros le habia dado los documentos que les proporcionaban el derecho a reclamar tierras de los clanes derrotados y si era su deseo venderlas mas adelante para obtener el oro, si de algo estaba seguro sobre su amigo era que nunca le faltarían mercenarios ansiosos de derramar sangre con tal de conseguir tierras suficientes para sustentarse el resto de sus vidas, muchos  hombres anhelaban al llegar a cierta edad sentar cabeza de una vez por todas, hasta le habia pasado a el mismo con Livia. Ya no luchaba solo por el oro, no lo necesitaba, tenia las tierras y habia comprado la de muchos de sus hombres que habían preferido el oro, podría retirarse cuando quisiera y levantar una hacienda y así poder vivir tranquilo con Livia, pero seguía marchando a la guerra por Andros, no podía simplemente dejarlo solo y además, aun habia un parte de el que esperaba que su amigo mirara a oriente, un deseo escondido desde sus años juveniles de volver a ver su ciudad Lati, con sus tejados rojos y edificaciones de piedra blanca, sus largas calles decoradas de limoneros y naranjos, el barrio de artesanos, la gran arena de gladiadores y sus inexpugnables murallas dobles, los interminables campos de trigo y los huertos repletos de olivos, añoraba su ciudad original su tierra natal.

- ¿Qué harás ahora viejo zorro? - pregunto a Maotut que revisaba el documento de sus tierras y las que correspondían a sus hijos mercenarios.

El hombre del sur profundo simplemente cerro el documento y pidió unas cervezas mientras guardaba el documento en su morral.

- Vender estar tierras y comprar tierras en Alban, cercanas a las que ya poseo del anterior contrato de nuestros empleador - dijo mientras pagaba la cerveza y daba un profundo trago - ¿y tu?

Malco tomo su pinta y bebió mientras ignoraba la mirada de la camarera.

- Pensaba hacer lo mismo, me gustan mas las tierras al sur, además dudo que a Livia le guste vivir aquí o tener que administrar propiedades tan al norte - dijo mientras terminaba la pinta y pedía otra con un gesto del dedo índice.

La joven camarera se acerco y tomo su pinta para rellenarla del barril y al dejarla frente a el, Malco la sujeto mientras la joven le rozaba la mano. Malco la fulmino con la mirada y la joven pareció asustarse y se alejo rápidamente a atender a otros clientes.

- Asustaste a la pobre muchacha - lo recrimino Maotut mientras le clavaba uno de sus largos dedos en el cuello - ella no tiene la culpa de que le gustes.

El mercenario mostro su blanca dentadura y sonrió. Su humor era mas acido que el jugo de un limón recién exprimido.

- Mejor que no se me acerque - dijo Malco mientras bebía su cerveza - si Livia se entera que una mujer clava sus ojos en mi seguro la mata.

La Nueva SangreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora