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Partió de Nirde acompañado por casi trecientos hombres, todos caballeros y sus hombres de armas, muchos de los hombres de la corte viajaban para participar en la cacería que seria celebración del nacimiento de los dos príncipes de Alban. Andros marchaba al frente junto con Malco, Karl y Ambras, otros muchos jinetes se les unían al ver la oportunidad de unirse al consorte de la reina Maria y quizá ganar su favor. Andros vio una oportunidad que no pensó desaprovechar, muchos caballeros o aspirantes a caballeros se habían quedado sin un señor al que servir y habían perdido sus tierras como consecuencia. Eran hombres entrenados para la guerra, pero no había guerra que librar y no tenían señor que servir, pero aun eran lo suficientemente honorables como para no dedicarse al pillaje. Andros los acogió en su grupo, mas de sesenta buenos hombres se unieron a su sequito para cazar con ellos y participar de este evento.

Pero Andros tenia mas planes que simplemente una cacería, si, llevaría carne, pieles e incluso tenia intención de capturar unos cachorros de lobos para domesticarlos, pero la verdad era que utilizaría esta cacería como una tapadera, la tapadera perfecta para escabullirse.

Se establecieron al tercer día de su partida en las lindes del bosque, junto al camino real, no había poblados importantes cerca, solo algunas aldeas cuyos habitantes acudieron para ver de que se trataba, al enterarse que era una cacería real muchos se ofrecieron para ayudar en la construcción del campamento, Andros acepto y como recompensa le dio cincuenta monedas de plata a cada familia de esas aldeas, muchos le agradecieron el gesto llamándolo rey, pero Andros no tardo en corregirlos y decirles que su generosidad era la generosidad de su reina Maria Hawks y que el era solo su consorte.

Tardaron un día entero en establecer el campamento, Andros decidió establecerlo cerca de un riachuelo de agua limpia, muchos de sus hombres se encargaron de tomar enormes cantidades de agua y de hervirla en los grandes fogones antes de dejarla enfriar por la noche, de esa forma seria mas seguro tomar aquellas aguas, si de algo estaba seguro era de que no quería que la mitad de sus hombres se pasaran esas dos semanas en las letrinas por tomar agua en mal estado.

Andros salió el segundo día de cacería, junto con Malco, Karl, Ambras y Austin cazaron a tres venados, uno con un enorme par de cornamentas que se encargaría de que decoraran la puerta de la habitación de sus hijos. Pero en el tercer día dijo a todos que quería alejarse mas, buscar una presa especial, quería cazar un oso y usar su piel para hacer las primeras capas que usarían sus hijos al madurar, era una tradición del norte y por eso partió aun mas al norte sin que nadie sospechara.

El bosque estaba tranquilo esa mañana, el olor de la tierra mojada, y de las hierbas era agradable, era un lugar fresco, había un poco de sol que colaba sus rayos entre las nubes de lluvia y las altas copas de los arboles, las hojas de los arboles comenzaban a brotar con el inicio de la primavera.

- Aun no me gusta tu idea - dijo Ambras algo molesto mientras una llovizna ligera pero que no parecía terminar nunca caía sobre ellos - aun no entiendo como puedes estar tan loco, creo que en vez de cerebro debes tener mierda de perro en esa puta cabeza tuya.

Las quejas de Ambras fueron acompañadas por las risas de Karl y de Malco que caminaban un poco por detrás. Por delante de ellos estaba Austin que portaba arco y flechas, todos iban montados en sus caballos, solo los cinco, un momento que Andros apreciaba mucho, pues desde que hace ya muchos años había partido al sur para ser el esposo de Maria y eran pocas las veces que podía tener la libertad que en ese momento estaba disfrutando, solo el, sus amigos mas cercanos y un bosque verde y lleno de presas para cazar, era una lastima que la cacería no fuera el verdadero motivo para su viaje a aquel bosque, un bosque que odiaba, pero al que se tenia que enfrentar.

- Tu solo estas molesto porque estas aquí, con la lluvia, el barro y nosotros como única compañía - dijo Andros mientras apartaba unas ramas con la punta de su lanza - y no en tu hermoso castillo nuevo, con tu hermosa esposa calentándote la cama.

La Nueva SangreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora