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El camino de su esposo para regresar a Nirde era seguido por María gracias a sus agentes y a la ayuda de Livia que le compartía sus propios informes, sabían que su esposo había marchado primero a las montañas para acompañar a sus hombres de los clanes a casa, para luego bajar hasta Las Diez Forjas y allí dejar a los Whitewood, para al final bajar por el camino directo a Nirde seguido por su Legión personal de Reindlad y una fuerza de glaumos que según sus informes estaba formado por mas de tres mil guerreros armados. Lo cual parecía tener nerviosos a muchos en la corte, temían seguramente que una fuerza como esa pudiera ser utilizada para imponerse en el poder, algo que muchos temían desde que había llegado la noticia de que a Andros lo habían coronado como rey de los glaumos en la ciudad de Glaumiria.

Pero nada de eso le importaba a María, ella sabia muy bien que su esposo jamás atentaría contra ella o contra la corona de Alban, aquellos que dudaban de su esposo debían recordar a quien debían que ella y que la casa Hawks siguiera existiendo, de no ser por su esposo ella habría caído en manos del usurpador y Alban estaría perdida. Era sorprendente como el miedo y las propias ambiciones lograban que los hombres actuaran de las formas mas estúpidas posibles. Lord Beomont por su parte había empezado a actuar como líder de ese grupo que se oponía a su esposo, pero la verdad era que María le había pedido que lo hiciera para mantener controlados a los nobles y así evitar que cometieran una estupidez.

Su madre por otra parte recorría la corte día tras día escuchando todo lo que pudiera implicar algún atentado contra su esposo, temían que quizá algunos nobles buscaran la manera de asesinarlo cuando entrara en la ciudad y sus tropas quedaran separadas de el por los muros de la ciudad. Pues no seria la primera vez que un consorte era eliminado por un noble ambicioso deseoso de ocupar su lugar o de que alguien mas débil fuera su ocupante, pero María no planeaba permitir que algo como eso ocurriera y por suerte sus allegados estaban encargándose de ello. Casia había llegado hacia unos días desde las tierras que María le había regalado para que compartiera con su esposo, para sorpresa de María aquellas tierras que contaban con una fortaleza abandonada y algunas aldeas que habían sido arrasadas estaban prosperando bajo el cuidado de Casia y de su esposo, las aldeas estaban siendo reconstruidas y las tierras volvían a ser trabajadas, además de que solían llegar a la ciudad carretas que eran dirigidas por los hermanos de Heron y traían herramientas recién forjadas que eran vendidas a un excelente precio en la ciudad que justo en el momento de las reconstrucciones eran muy demandadas y mas de la calidad que era capaz de conseguir Heron con sus habilidades.

- Dioses - dijo Casia al verla - que gorda estas.

María no pudo evitar reír ante las palabras de Casia que siempre decía las cosas sin miedo a las consecuencias. Ella seguía vistiendo ropas desgastadas y de viaje, pero por algún motivo a María le pareció mucho mas hermosa que nunca cuando la vio, posiblemente el matrimonio tenia ese efecto en las mujeres como Casia.

- Ya veras cuando a ti te toque - dijo María con una sonrisa - entonces la gorda serás tu.

Ambas rieron mientras las doncellas de María les preparaban el almuerzo.

- ¿Cuánto falta para que salga? - pregunto curiosa mientras no apartaba la mirada de la barriga de María.

- Arturo dice que en menos de un mes - dijo María mientras acariciaba su vientre.

- Que los dioses nos libre si es varón - dijo Casia.

María la miro confundida.

- Si - dijo exaltada - imagina que además de hombre sea idéntico a su padre, que los dioses tengan piedad, seguro que al cumplir los diez años ya conquista un castillo y con veinte un reino.

María no pudo evitar reír ante la provocativa declaración de Casia.

- Si llega a ser varón - dijo María con una sonrisa - será mi hijo no solo el de Andros.

La Nueva SangreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora