21

32 4 2
                                        

La orden de Rior poseía una de las fortificaciones mas antiguas de todo Elparion y posiblemente del mundo, anterior incluso a la conquista del Antiguo Imperio Latino y aun se mantenía intacta por el paso de los siglos, siendo mantenida por la orden. Se encontraba emplazada casi en el centro de la ciudad, dentro del anillo original, elevado al resto de la ciudad. Las puertas aun eran de tiempos antiguos, hechas de madera de roble y hierro esmaltado que impedía su deterioro.

Lo seguían de cerca una docena de sus caballeros y Licinio a su derecha, ahora la ciudad estaba por completo pacificada, los reductos rebeldes habían resistido mas de lo que había pensado, pero al final habían caído por completo, dejando la ciudad en un estado lamentable, algunas casas habían ardido, algunos de los cuarteles y fuertes habían sufrido daños graves, pero lo peor era que tenían que limpiar las calles de los miles de cuerpos resultado de la contienda y los saqueos orquestados por la muchedumbre que aprovechando el caos se habían lanzado sobre las casas y negocios. Pero todo eso había valido la pena a los ojos de Agdrian que lo consideraba un precio mas que justo por haber exterminado a la fuerza principal de los rebeldes y a sus principales comandantes, ahora su Legión marchaba a los territorios del norte, para recomponer filas con los Catafractos que volvían de los territorios Glaumos.

- ¿Qué piensas de que mi sobrino sea rey? - pregunto a Licinio que lo acompañaba en silencio.

Entre los nobles de la ciudad se empezaba a esparcir la noticia de que Andros había sido nombrado Rey de los Glaumos, cosa que a muchos no les gustaba pues consideraban que el debería haber optado por ser Príncipe de Reindlad y simplemente anexar los territorios al principado como dominio personal, algo que en el pasado hicieron muchos de sus predecesores.

- Los glaumos son un pueblo que es considerado como indomable - dijo Licinio luego de unos minutos en los que subían la pendiente para entrar en la Academia de Rior - pero si algo respetan es la fuerza, creo que para ellos la figura de un rey es mas poderosa que la de un príncipe.

Agdrian noto al instante que había algo que Licinio no estaba diciendo y decidió tirarle de la lengua.

- Puedes hablar abiertamente - le dijo en el antiguo idioma murto, un dialecto poco conocido incluso entre los habitantes del principado - di lo que realmente piensas.

La Sombra se mantuvo en silencio unos instantes.

- Creo que es un movimiento arriesgado para serle sincero - dijo mientras esperaban a que los miembros de la orden abrieran la puerta de madera - ser gobernante de un reino nuevo, que nunca existió, ni tiene un precedente suele ser algo imposible, seguramente tuvo que aceptar ese titulo pues sabia que era la única manera de imponerse y unir a los glaumos bajo su poder.

Agdrian analizaba cada una de las palabras que salían de la boca de su amigo, notaba cierta preocupación en su tono, pero también algo de rechazo como era de esperar para alguien que había dedicado su vida al principado.

- Veo que hemos pensado en algo muy similar - dijo Agdrian mientras entraba por el gran portal de piedra y sus hombres lo seguían - creo que Andros busca consolidar su poder de la forma mas rápida posible, por eso entablo batalla contra una fuerza lo suficientemente grande como para que los glaumos se arriesgaran a enfrentarlo en campo abierto, para debilitarlos y demostrar una fuerza abrumadora, les mostro el poder de Los Catafractos Negros, una fuerza casi imbatible y luego hizo que los propios glaumos que lo seguían lo nombraran rey.

- Busca crear una legitimidad que puedan aceptar los glaumos - dijo Licinio agregando mas a su resolución.

- Creo que si - dijo Agdrian mientras entraban en el gran recinto de piedra que funcionaba como patio de la Academia de Rior.

La Nueva SangreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora