Mientras caminaba por los pasillos subterráneos escuchaba constantemente los lamentos de los prisioneros, en su mayoría eran nobles que habían roto sus juramentos a la reina María y durante la guerra contra el usurpador habían luchado junto al enemigo, estos eran los afortunados solía decirle a Tacia y a los demás del servicio, pues siempre les recordaba cual había sido el destino de los traidores occidentales, como Andros los había castigado, ejecutándolos públicamente y derribando sus castillos sobre ellos para dejar claro el mensaje de que cualquiera que traicionara a Alban tendría un destino terrible. Pero ninguno de esos traidores era al que quería ver, en cambio se dirigió al segundo subnivel, donde había encerrado a aquella basura, aquel que era responsable de las pesadillas de su esposa y de que siempre durmiera con un cuchillo bajo su almohada.
Solo lo acompañaba Austin y otro de sus hombres de confianza Beran, no quería que nadie mas viera lo que iba a hacer, y sabia que Austin y Beran no dirían nada si el se los ordenaba. Andros había partido al sur el día anterior y Ambras había enviado a Tacia y sus hijos con el para que estuvieran en la capital para recibir al futuro miembro de la familia real, pero Ambras no partiría de Idma hasta que esa basura recibiera el castigo que tenia merecido.
- ¿Estas seguro de esto? - le pregunto Austin cuando se detuvieron frente a la puerta - podrías simplemente tenerlo encerrado aquí y que no vuelva a ver la luz de sol nunca mas.
- No - dijo Ambras - esa basura merece recibir un poco de su propia maldad y yo soy le mejor en mi trabajo.
Ambras tomo el estuche de madera que llevaba Beran y entro por la puerta.
- Si no quieren entrar lo entenderé - dijo Ambras - pero estén atentos.
En el interior encontró al glaumo sentado en una esquina, se sujetaba la cabeza con ambas manos y parecía cegado por la luz proveniente de la antorcha que Ambras portaba. Cerro la puerta y coloco la antorcha en la pared, donde había un hueco con un gancho de hierro por lo que pudo ver la habitación completa, había un olor nauseabundo, consecuencia de su encierro y la suciedad.
- El encierro no te sienta nada bien - dijo Ambras mientras dejaba el estuche de madera en el suelo.
- Por favor - dijo con un suspiro entrecortado, el miedo en su rostro era algo inconfundible, algo que deseaba ver.
- Nada de suplicas - dijo en respuesta - yo no soy como Andros, yo no perdono nunca, ni olvido, te hare sufrir y aceptaras tu castigo, si te resistes solo aumentaras el dolor y te pido, por favor, resístete cuanto puedas.
El terror en la mirada de ese hombre fue tanto que parecía que sus ojos podrían salírsele de sus cuencas. El hombre tenia una cadena que le ataba una mano y una de sus piernas al muro de la celda, por lo que le era imposible mover con facilidad el cuerpo, pero si con esfuerzo moverse por la habitación.
- Antes de que empecemos - dijo Ambras mientras abría el estuche y sacaba unas pinzas - quiero que respondas a unas preguntas muy importantes.
- Solo si me prometes que no me mataras - dijo el hombre con un pobre intento de mostrarse firme, pero la voz se le quebró cuando Ambras hizo chasquear las pinzas.
- Esto no es una negociación - dijo mientras se levantaba y desenvainaba un cuchillo - si las dices voluntariamente mejor para ti, porque se como hacer hablar, soy muy bueno para serte sincero, pocos aguantan mis métodos.
El rostro de Dagnar pareció contraerse al cerrar los ojos.
- ¿Qué quieres saber? - pregunto seguramente esperanzado de que si respondía a sus preguntas quizá ganara algo de tiempo.
Ambras comprobó el filo de su cuchillo.
- ¿Qué orden le diste a tus lobas? - pregunto y al ver que Dagnar parecía sobresaltarse ligeramente Ambras volvió a presionar - dilo o me encargare de castrarte primero.
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La Nueva Sangre
FantasyTercer Libro y ultimo de la saga. Primero Leer El Consorte y La Reina, después Legitima y finalmente este libro. La Reina Maria dedica sus esfuerzos a restaurar su reino luego de la guerra contra el Usurpador y consolidar la paz, mientras que Andros...
