POV Nelly
No dormí esa noche. Me quedé en la cama, abrazando mi vientre, sintiendo cómo todo se desmoronaba a mi alrededor.
Lauren había dudado de mí. De nosotras. No me engañó físicamente, pero había salido con su ex, la buscó, revivió algo que se suponía muerto. Mientras yo planeaba una sorpresa para decirle que estábamos esperando un bebé, ella dudaba de nuestra relación.
Me limpié las lágrimas con furia. No podía quedarme aquí. Con el corazón roto, metí ropa en una maleta y bajé las escaleras. Lauren estaba en el sofá, la cabeza entre las manos.
Cuando me vio, se puso de pie de inmediato.
—¿A dónde vas? —su voz sonaba rota.
—A donde sea, menos aquí.
—Nelly... por favor, no te vayas.
Apreté los labios. No quería mirarla, porque si lo hacía, tal vez me derrumbaría de nuevo.
—No puedo estar aquí, Lauren. No después de lo que hiciste.
Ella cerró los ojos con fuerza.
—Déjame explicarlo...
—¡No hay nada que explicar! Lo vi con mis propios ojos. Vi la foto. Vi cómo le tomabas la mano. — Suspire— Lo peor fue eso enterarme por los demás que de mi propia esposa la que juro que jamás me ocultaría nada
—No significó nada... perdóname iba a decirlo
—¡Pero lo hiciste! Dudaste de mí. Dudaste de nosotras.
Lauren tragó saliva, con la mirada empañada de lágrimas.
—Por favor... no me dejes.
Una parte de mí quería abrazarla. Pero no podía. Respiré hondo, obligándome a ser fuerte.
—Necesito tiempo, Lauren.
—¿Volverás?
No respondí. Tomé mi maleta y salí, sintiendo cómo el frío de la madrugada me golpeaba el rostro. Cada paso lejos de ella dolía como una herida abierta. Pero era lo mejor. Tenía que serlo.
Sentí mis piernas temblar cuando crucé la puerta. La maleta pesaba, pero no más que el dolor en mi pecho. El aire frío de la madrugada me cortó la piel, pero nada dolía tanto como la traición de Lauren.
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No supe en qué momento llegué a la casa de Natalia, pero cuando toqué la puerta, mis manos temblaban.
Ella abrió de inmediato y su expresión pasó de la sorpresa a la preocupación.
—¿Nelly? —bajó la mirada hasta mi maleta—. ¿Qué pasó?
No pude responder. Solo rompí en llanto. Natalia me abrazó fuerte y me metió a la casa sin hacer preguntas.
—¿Quieres hablar de ello o prefieres que primero te haga un té?
Me limpié las lágrimas y suspiré.
—Lauren me traicionó, Nat.
Sus ojos se abrieron con furia.
—¿Qué hizo? ¿Se atrevió a engañarte?
—No me engañó exactamente, pero... —mi voz se quebró— se encontró con Camila. Durante una semana.
Natalia apretó los puños.
—¿Me estás diciendo que dudó de ti?
Asentí.
