Pov Nelly
La cucharita tintinea contra la taza por tercera vez, ni siquiera estoy tomando el chocolate, solo lo revuelvo como si eso fuera a hacer que tiempo vaya más rápido
Miro el reloj.
Y luego el teléfono, no hay ninguna notificación nada
Yelena debería haber llegado hace quince minutos.
Normalmente, eso no significaría nada; ella siempre llega improvisando, riendo, inventando pretextos.
Pero hoy... hoy no, justo hoy sentí el corazón en la boca hacia que todo se sienta el doble
Hoy iba a decirle que la amo.
Que ya no puedo seguir llamándola "mi mejor amiga" cuando mi corazón hace un desastre cada vez que la veo.
Me miro en el reflejo del vidrio. Parezco más nerviosa que enamorada.
Bueno... estoy ambas.
El café está lleno, el aroma dulce y la gente hablando fuerte, pero yo solo escucho un pensamiento:
Dilo. Díselo hoy.
El teléfono vibra.
No es ella.
Suspiro y sigo esperando, moviendo la pierna con impaciencia. Marco su número. Nada.
Reviso mis mensajes. Sin respuesta.
—Vamos, Yelena... —murmuro—. No me dejes sola hoy.
Entonces la veo justo al frente, me sonríe esta por cruzar la calle...
Por fin.... Vamos yo puedo no es tan difícil.
Al bajar la mirada para calmarme un poco... siento un frio extraño recorrer mi espalda
Un niño desaparece justo frente a mí
La bandeja de comida cae rompiendo todo a su paso
Una madre grita, su bebe pequeño está desvaneciendo
La cajera se deshace en polvo dorado...
Mis manos tiemblan.
—¿Qué... está pasando?
La gente comienza a correr.
Gritos.
Confusión.
Más cuerpos desintegrándose como si nunca hubieran existido.
Yo solo pienso en una persona.
Corro hacia la salida.
—¡YELENA! —grito, chocando con gente que también está huyendo—. ¡Yelena, tu no por favor!
La ciudad es un caos.
El viento arrastra motas doradas.
Las calles se vacían a una velocidad imposible.
Donde estaba ella no hay nada ni por ningún lado
—¿Dónde estás...? —susurro, cayendo de rodillas en la acera.
Se fue... la perdí.
Había perdido la oportunidad.
POV Yelena
La habitación en la que aparecí estaba cubierta de polvo viejo, como si alguien hubiera dejado la vida correr sin mí durante décadas.
Pero solo fueron cinco años.
Cinco años que para mí no existieron.
Lo primero que pregunté fue por Natasha, mi hermana
Cuando finalmente dijeron la palabra "muerta", algo dentro de mí se quebró.
No había cuerpo.
No había despedida.
No había nada.
Solo un hueco.
Un hueco tan grande que tuve que llenarlo con rabia.
Paso una semana... fue entonces cuando apareció Valentina Allegra de Fontaine, toda elegante, calmada, como si ya supiera lo que iba a decirme.
