POV: Maya Bishop
Estación 19 – Sala de descanso, después de una llamada intensa
Andy se deja caer en el sillón a mi lado con un suspiro dramático.
—Dios, apenas son las 9 de la mañana y yo siento que necesito una ducha, una cerveza y dos días de siesta.
—¿En ese orden? —le digo, riendo mientras me seco el cuello con una toalla.
—Sí. Aunque cambiaría la siesta por una pizza. —Se gira hacia mí, aún con la respiración agitada—. ¿Y tú qué? ¿Cómo está tu mujer?
Solo con oír eso, se me escapa una carcajada.
—Pues qué te diré... cansado y divertido a la vez. Mi mujer es un mar de emociones.
Andy me mira con una sonrisa burlona, de esas que ya conozco demasiado bien.
—¿Mar de emociones versión "ay, qué tierna?", o versión "lloré porque se me cayó la cuchara al piso"?
—Versión... todo eso y más. —le lanzo la toalla en broma, y ella se ríe fuerte, atrapándola en el aire.
—Dale, Bishop. Cuéntame el top tres de la semana. Estoy lista para el show.
Respiro hondo, como quien se prepara para leer un poema dramático.
—Ok. Empecemos por el martes. Día soleado. Todo parecía bien... hasta que la galleta no era de chispas de chocolate, sino de avena.
Andy se acomoda mejor, ya esperando el desastre.
—¿Y?
—Se quedó mirando la galleta como si la hubiera traicionado. Me dijo: "¿Por qué me harías esto? Ya no nos amas." Y empezó a llorar.
—Nooo. —Andy se agarra el estómago de la risa.
—Yo no sabía si abrazarla o ir corriendo a hornear unas. Y lo peor es que la galleta estaba rica, ¡se la comió llorando! "No quiero desperdiciarla, pero me duele", decía.
Andy ya está doblada sobre el sillón.
—Esto es arte, Maya. Puro arte.
—Es un ciclo hermoso y caótico. Un día llora por una galleta, y al siguiente...
—¿Al siguiente?
—...llora porque me vio durmiendo abrazada a su almohada. Dijo que me veía "demasiado vulnerable y perfecta" y que eso le partía el alma.
Andy se tapa la cara.
—No puedo. ¡No puedo!
—Y lo más irónico es que cinco minutos después me empujó porque ocupaba más espacio en la cama.
—¡Típico!
Respiro más profundo esta vez, como preparándome para una escena cumbre.
—Ah... y el sábado...
Andy se endereza, seria de repente.
—Me encantan los sábados. ¿Qué hizo?
Me muerdo el labio, saboreando el momento.
—La marca.
—¿Qué? —Andy frunce el ceño, intrigada.
—Desperté sintiendo un mordisco en el cuello. Literal.
Y no uno suave, de esos que apenas rozan la piel. No. Fue uno de "esto es mío y lo marco". Me dejó un hematoma.
Andy abre los ojos como platos.
—¡¿Qué?! ¿¡Nelly te marcó como un animal!?
—Sí. Y cuando dije su nombre, medio confundida, medio excitada, va y me suelta: "Es que estás muy buena para ser mi esposa."
Andy se lleva una mano al pecho, exagerando.
—Estoy enamorada de tu esposa. ¿Cómo la aguantas?
La miro de reojo, sonriendo como idiota.
—No la aguanto. Me entrego. Es diferente.
—Y eso fue solo el inicio...
