Billie Eilish

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La lluvia había comenzado a caer unas horas antes, como una bendición silenciosa del cielo. No era tormenta, no era caos. Era esa lluvia suave que parece abrazarlo todo, la que da ganas de quedarse en casa, de usar calcetines grandes y abrazarse lento, sin apuro. Y así estaba Billie. En casa. Esperando.

Había estado toda la semana planeándolo en secreto. No era del tipo que soñaba con una gran boda o discursos pomposos, pero con Nelly... todo le nacía distinto. Quería que ese momento fuera eterno, inolvidable, pero no porque fuera extravagante, sino porque fuese real. Porque fuera ellas.

El living olía a vainilla, a pan recién hecho y a jazmín, gracias a las velas que Nelly amaba. Las luces cálidas colgaban por los marcos de las ventanas como si alguien hubiera dejado atrapadas un montón de estrellas diminutas. En el centro, sobre la alfombra, Billie había preparado una cena con sus propias manos. Comida sencilla, con historia. Esas recetas que a Nelly le recordaban su infancia.

Todo estaba listo. y  justo entonces, como si el universo también respirara con ella, escuchó los pasos suaves bajando por la escalera.

Nelly apareció con una de sus sudaderas favoritas, esa que le quedaba enorme y que a Billie le derretía el alma. El cabello suelto, la piel limpia, y una expresión de paz en el rostro que parecía decir "este es mi lugar". Se sentó frente a ella, sin sospechar nada, solo sonriendo como siempre, como si no tuviera idea de que en minutos su vida iba a cambiar para siempre.

Y Billie la miró. Y supo. Supo que todo su mundo estaba ahí.

POV Billie

La escucho reír, y juro que podría vivir mil vidas con solo ese sonido.

Mueve las manos cuando habla, siempre hace eso cuando cuenta una historia. Está feliz. Cómoda. Y hermosa, como siempre. Yo intento comer, pero no puedo. El anillo en mi bolsillo pesa como una piedra, pero también late como un corazón.

Estoy nerviosa, pero no porque dude. Es justo lo contrario. Estoy segura como nunca estuve de nada.

Miro a Nelly y pienso en todo lo que compartimos: nuestras primeras peleas, nuestras primeras reconciliaciones, las noches en que me abrazó cuando no podía más, las veces en que la vi quedarse despierta solo para acompañarme mientras componía... o simplemente para mirarme.

Y me acuerdo también de lo difícil que fue abrirme al amor. De cómo ella se quedó cuando pudo irse. De cómo me enseñó que ser amada no era un lujo, sino un derecho. Que merezco alguien que me elija todos los días.

Y ella lo hizo.

Entonces me levanto. No puedo seguir guardándolo. Caminar hacia ella es como caminar hacia la mejor decisión de mi vida.

Me arrodillo, Nelly se queda quieta. El mundo también.

Tomo aire. Suspiro. Y hablo.

—Nelly... a veces me preguntan qué es lo que más me inspira para escribir. Y yo siempre pienso en vos. No porque seas perfecta. Sino porque sos real. Porque sos la única persona que me hace sentir que no tengo que esconder nada. Ni mis sombras, ni mis luces, ni mis heridas. Con vos no tengo que fingir. Y eso... eso vale más que cualquier canción.

Ella empieza a llorar en silencio. Yo también.

—No quiero una vida donde no estés vos. No quiero una cama sin tu lado. No quiero planes que no te incluyan. Me enseñaste lo que significa el amor y me disté el hogar que nunca supe que necesitaba.

Abro la cajita. El anillo brilla, pero no tanto como sus ojos.

—¿Te quieres casar conmigo?

Y en ese instante, mi mundo deja de girar. Todo se vuelve ella.

POV Nelly

Me congelé, literalmente me quedé sin aire, sin palabras, sin suelo.

Billie está ahí, arrodillada frente a mí, temblando, con esa voz suave que siempre me calma el alma. Y me dice cosas tan hermosas, tan profundas, que siento que mi corazón no puede contener tanto amor de golpe.

Nunca imaginé que alguien pudiera amarme así. Que alguien me mirara con esa mezcla de devoción y ternura. Como si yo fuera poesía, como si fuera su refugio.

Y es que, en el fondo, ella también es el mío.

Veo su mano temblar con la cajita abierta, y ahí está el anillo... pero yo ya había dicho que sí antes de que lo sacara. Lo dije con el alma, con cada lágrima que me resbala por las mejillas, con cada latido.

Le sonrío, aunque estoy llorando, la abrazo y no la suelto.

—Sí —le susurro cerca del oído—. Sí, mi amor. Quiero todo con vos.

Y cuando me besa, no hay más miedo, ni dudas. Solo certeza. Billie y yo. Para siempre.

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Extra: Una celebración íntima

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Después de la propuesta, la habitación se volvió su refugio. La lluvia golpeaba suavemente los cristales, pero todo en la casa se sentía cálido, solo ellas dos existían.

Billie, sin palabras, levantó a Nelly en sus brazos, la cargó hasta la cama y la recostó con suavidad, mirando esos ojos brillantes llenos de emoción.

—Ahora, mi amor, lo vamos a celebrar —dijo Billie con voz ronca, dejándose caer encima de ella.

Nelly respiró entrecortada, sus manos recorriendo el cuerpo de Billie, temblando al contacto con su piel caliente.

Billie la besó con urgencia, pero también con dulzura, como si cada roce fuera un sello que confirmara lo que acababa de ocurrir. Mientras se deshacía de la ropa de Nelly, sus besos se volvían más intensos, más exigentes.

—Te quiero aquí, conmigo —murmuró Billie, ya perdida en el calor de su cuerpo.

Y Nelly, con un suspiro bajo, la atrajo hacia sí, dejándose llevar. Cada caricia, cada movimiento, estaba cargado de promesas, de la certeza de que ahora no había vuelta atrás. Sus cuerpos se buscaron, se encontraron en un vaivén lento pero lleno de deseo.

La mano de Billie se desvió hasta donde más la hacía suspirar, y Nelly se arqueó, jadeando suavemente. Billie sonrió contra su piel, sabiendo que acababa de tocar el cielo con sus dedos.

—Sos toda mía, Nelly. Lo sabías, ¿verdad? —susurró, acariciando su cuerpo mientras sus caderas comenzaban a moverse con ritmo, con necesidad.

Nelly respondió con un gemido bajo, sus uñas clavándose en la espalda de Billie mientras la abrazaba, sintiendo cómo cada segundo que pasaba, las paredes entre ellas desaparecían. Solo quedaba el deseo, puro y sin filtros.

La pasión se desbordó entre ellas, pero siempre con esa conexión profunda, como si la celebración fuera más que solo placer físico: era un compartido, un amor sellado con cada beso, con cada suspiro, con cada toque.

Y cuando el mundo exterior desapareció por completo, Billie susurró entre besos:

—Ahora somos para siempre.

Nelly, exhausta, pero satisfecha, la abrazó y respondió con una sonrisa:

—Y yo soy tuya, siempre.

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Dedicado a @yexaemi

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Espero que haya disfrutado su lectura.

Un besito ❤️

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