Adele

1K 71 3
                                        

POV NELLY –

Nat llegó con una bolsa llena de regalos y el corazón rebosando emoción. Es una de mis mejores amigas desde que tengo memoria, y verla tan feliz por mi embarazo me tenía casi llorando.

—¡Los gemelos más mimados del universo vienen en camino! —gritó mientras me abrazaba con cuidado.

Todo iba bien. Hasta que puso las manos sobre mi barriga.

—Ay, se están moviendo. ¿Sientes eso, Nelly? ¡Qué locura! ¿Puedo hablarles?

—Claro —reí, encantada de verla tan emocionada—. Ya les hablo yo también, dicen que reconocen las voces.

Nat se agachó, empezó a hablarle a mi panza como si fueran personitas con opiniones. Que si los juguetes que trajo, que si uno debe ser músico y el otro chef... Yo estaba a punto de llorar otra vez.

Hasta que escuché un carraspeo. Sutil, pero firme.

—¿Ya terminaste, Nathaly? —dijo Adele, con una sonrisa tensa y los brazos cruzados.

Ay no. Ya empezó.

Nat se rió, sin darse cuenta del tono afilado.

—Perdón, me emocioné. Están tan grandes ya.

Adele se acercó, me rodeó la cintura (bueno, lo que puede rodearse cuando estás embarazada de gemelos) y me dio un beso en la mejilla. Pegó su mano encima de donde Nat había puesto la suya.

—Sí... están grandes. Míos. —y me besó la barriga como si marcara territorio.

Yo sentí que me derretía. De amor, pero también de vergüenza.

—Adele... —le susurré, tratando de no reírme—, no seas ridícula.

—¿Ridícula yo? Estoy cuidando a mi esposa y mis hijos. Además, ¿quién toca tanto tiempo una barriga ajena? Ni el doctor se toma esas libertades.

Nat estalló en carcajadas. Yo también. Hasta mis bebés parecieron moverse con más fuerza. Adele no se reía. Pero me miraba como si fuera todo su universo. Y eso... me mataba de ternura.

POV ADELE –

Pensé que con Nathaly bastaba. Que la escena de "tócame la barriga como si fuera una lámpara mágica" había terminado.

Error. De principiante.

Diez minutos después, sonó el timbre otra vez. Nelly, con esa vocecita dulce, dijo:
—Ah, deben ser las chicas. Les dije que podían venir juntas...

¿JUNTAS? ¿Chicas? ¿Plural?
¿¡¿CUÁNTAS MANOS MÁS IBA A SOPORTAR MI SANIDAD MENTAL?!?

Entraron tres más. Tres.
Sofía, Camila y Vale. Las del grupo de yoga prenatal que Nelly tanto ama. Traían más regalos, más bolsas, más sonrisas brillantes... y más manos.

—¡NELLY, ESTÁS ENORME! —gritó Sofía con toda la alegría del mundo, como si eso fuera un cumplido sagrado.

—¡Déjenme sentir! —dijo Camila, ya con las palmas listas, como si fuera a leerle el destino a través de la piel.

—Yo leí que si les hablas en francés, los bebés salen más inteligentes —añadió Vale.
Y sí, lo hizo. Le habló en francés. A mi esposa embarazada. A mis bebés.
¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN MI CASA?

Cuando quise reaccionar, cinco manos estaban sobre la barriga de Nelly. ¡Cinco! ¡Ni que fuera una ruleta de la suerte!

Yo ya no sabía si reír o arrestarlas por invasión de propiedad privada.

Me paré en seco en medio de la sala. Nelly me vio. Nat también. Y ambas supieron lo que venía. Lo leyeron en mis cejas alzadas. En mi mandíbula apretada. En mi aura de esta es la última mano que toca lo que es mío.

—¿Saben qué? —dije con una voz dulce, de esas que dan miedo—. Las visitas son muy lindas. Pero esta panza tiene dueño.

—¡Dueña! —me corrigió Nat, entre carcajadas.

—Exacto. Yo. Así que ya fue suficiente de tocar a la madre de mis hijos como si fuera un tambor comunitario. Vengan a tomar té o lo que sea. ¡Pero con las manos en su sitio!

Las chicas se rieron. Nelly lloraba... de risa.
—Estás exagerando, amor.

Me acerqué. Le puse ambas manos en la barriga.
—No exagero. Defiendo lo mío. Tú. Ellos. Este vientre glorioso. Yo les hablo en francés si hace falta, pero sin manos ajenas encima.

Hubo una pausa... y luego risas por todos lados. Las chicas me abrazaron, me dijeron que estaba "locamente enamorada" y que daba gusto vernos así. Y sí, puede que me lo dijeran para calmar a la fiera.

Pero cuando Nelly me susurró al oído "Gracias por cuidarnos así", supe que no me cambiaba por nadie en el mundo.

Aunque admito que después de tanto "toqueteo colectivo", estuve a un paso de imprimir un cartel y colgarlo en la puerta:

"SE RUEGA NO TOCAR LA PANCITA. NO IMPORTA CUÁNTO AMOR TENGAS. ATENTAMENTE, LA ESPOSA CELOSA."

POV GENERAL:

La habitación estaba en calma. Afuera, la lluvia caía con un ritmo suave, como si el mundo entero supiera que era momento de dejar descansar a Nelly.

Ella yacía recostada sobre el costado izquierdo, abrazada a su gran almohada de cuerpo, con el rostro medio enterrado en el algodón y una expresión de cansancio dulce pintada en sus mejillas. Su respiración era profunda, pero no dormía del todo.

Adele entró despacio, descalza, cargando una mantita doblada. No hacía frío, pero sabía que a Nelly le gustaba sentirse protegida por algo más que sus brazos. Se sentó en el borde de la cama, y con la delicadeza de quien acaricia algo sagrado, le apartó un mechón de cabello de la frente.

Amor ¿Estás bien? —preguntó en voz baja.

Nelly asintió con una sonrisita perezosa. Estaba agotada, pero tranquila.

Entonces Adele se inclinó.

Primero, le dio un besito en la frente.
—Por ser tan fuerte, incluso cuando no tienes ganas —susurró.

Luego, uno en la mejilla.
—Por toda esa ternura que llevas contigo, incluso cuando el cuerpo ya no da más.

Uno más en la nariz.
—Porque hasta cuando te quejas, me pareces la cosa más linda del planeta.

Uno en la barbilla.
—Porque eres valiente, incluso en tus silencios.

Y finalmente, uno suave, muy suave, en los labios.
—Por todo. Porque sí. Porque te amo.

Nelly no respondió con palabras. Sus ojos húmedos decían más que cualquier frase. Se limitó a acariciarle la mano con lentitud, como agradeciendo cada gesto sin romper la magia del momento.

Adele se acostó junto a ella con cuidado, envolviéndola por detrás. Su nariz se posó en la curva del cuello de Nelly, su mano descansó suavemente sobre la barriga, donde los gemelos se movían con pequeños empujones tímidos.

Otro besito, esta vez sobre la panza.
—Y este, para ustedes, mis revoltosos hermosos —susurró—. Ya los amo tanto, sin haberlos visto.

El silencio volvió a llenar la habitación, tibio, dulce, como un abrazo invisible.
Y mientras el mundo afuera seguía girando, adentro, solo importaban ellas tres... o cinco.

Adele le dio otro beso, solo porque sí.
Y Nelly sonrió, porque sabía que con Adele, los besos nunca se acababan.

---------------------------------------------------------------------

Dedicado a @michell12355

Espero y te guste como a mi ❤️

------------------------------------------------------

Famosas y tuDonde viven las historias. Descúbrelo ahora