Pov Nelly:
No soy buena viendo a la persona que amo romperse poco a poco. A veces Eiza cree que nadie lo nota, que puede con todo... que son solo días largos y ya. Pero yo la veo. La forma en que se quita los tacones al entrar como si el suelo la quemara. Las ojeras que intenta cubrir con maquillaje. La tensión en su cuello, sus hombros, su mirada. Yo la veo.
Y por eso hoy... decidí que el mundo podía esperar. Que merecía una noche donde no tuviera que ser fuerte, perfecta ni nada más que mi novia cansada y hermosa.
Preparé todo desde temprano. Llené la casa de flores, velas, olores suaves. Cada rincón hablaba de ella. Porque todo lo que hago, lo hago para que sepa que la amo sin medida.
Cuando escuché las llaves en la cerradura, sentí ese cosquilleo nervioso en el pecho. Me paré en la entrada del pasillo, entre las velas, como si fuera la escena de una película cursi. Bueno, yo sí soy cursi. Y si hay alguien que merece eso, es ella.
Abrió la puerta con el ceño fruncido, con la chaqueta a medio poner y el bolso colgando del brazo. Pero se detuvo al ver el camino de pétalos y luces tenues.
—¿Qué...? —fue lo único que dijo, confundida.
Sonreí.
—Hola, mi amor... Bienvenida a tu noche libre.
Sus ojos me recorrieron lentamente. Me sentía un poco tonta, vestida con mi bata de satén y el pelo suelto, pero ella sonrió. Y ese gesto, esa simple curvatura de sus labios, me recordó por qué valía la pena cada pétalo, cada vela, cada minuto esperando.
—¿Qué hiciste ahora? —preguntó en voz baja, esa mezcla de ternura y desconfianza divertida que solo ella sabe usar.
—Algo bueno. Prometo. Anda, ven.
Le quité el bolso con suavidad y le tomé la mano. Caminamos en silencio, solo con el sonido de nuestras pisadas sobre las flores. La llevé al baño. Cuando abrí la puerta, una pequeña nube de vapor con olor a lavanda y coco nos envolvió.
La bañera estaba lista. Espuma blanca, pétalos flotando, dos copas de vino tinto, velas por todos lados. Me gustaban esas películas donde hacían esto, y siempre pensé: "eso lo voy a hacer para ella algún día".
Ese día era hoy.
—¿Tú hiciste todo esto? —me preguntó, mirándolo todo con los ojos bien abiertos.
—Sí. Quiero cuidarte esta noche. Nada de guiones, ni llamadas, ni trajes ni tacones. Solo tú y yo.
—¿Y qué hago?
—Nada. Solo quítate la ropa —
Soltó una pequeña risa, cansada, pero genuina.
—Me siento como si estuviera soñando.
—Entonces quédate dormida en mí —susurré.
—Estoy tan orgullosa de ti, Eiza —le dije bajito, besándole la mejilla húmeda—. Pero también quiero que sepas que no tienes que cargar con todo sola.
—Contigo... a veces se me olvida que afuera hay ruido.
—Eso es exactamente lo que quiero. Ser tu silencio bonito.
Bebimos el vino lento. Le lavé el cabello como si tuviera el tiempo detenido.
Después la envolví en una toalla gruesa, cálida, y la llevé al cuarto.
Y ahí sí la vi emocionarse.
La habitación estaba bañada en luz dorada. Rosas por todas partes. Sábanas nuevas, suaves. Aceite de masaje en la mesita. Todo para ella.
