Victoria

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POV Nelly

Conocí a mi rojita hace unos 20 años cuando ella quería matar a Bella mi mejor amiga, por la muerte de James. Mientras ella planeaba que hacer yo estaba en el bosque tranquila, y llego como un animal buscando su presa, al entrar en mi cabaña lo primero que hizo fue acorralarme y esconderse en mi cuello, juré que iba a matarme, pero no solo ama mi olor y desde ahí tuve como un bichito pegado a mí.

Victoria no puede pasar más de dos minutos sin aspirarme como si yo fuera el perfume más exclusivo jamás creado por la naturaleza. Y según ella, lo soy. Dice que huelo a bosque en primavera, a relámpagos en calma, a hechizo recién invocado.

Y sí, eso último es real. Porque soy bruja. Literal.

Lo que me lleva a esto.

—"No puede ser tan difícil, solo es un hechizo para darle un sorpresa a mi bichito..." —murmuré, mirando la caldera con los brazos cruzados.

La pócima burbujeó de forma sospechosa. Luego explotó con un sonoro PLOP. Nada dramático. Pero al instante... lo sentí.

O mejor dicho... no lo sentí.

Me olí el brazo. Nada... algo salió mal, no tengo mi olor

—"Ups."

Y entonces, antes de que pudiera hacer un contrahechizo, escuché la puerta abrirse como si un huracán tuviera emociones.

—Amor... ¿Dónde estás? ¿Estas bien?

—Estoy aquí —dije, saliendo del cuarto con las manos en alto—. Antes de que grites... estoy bien, no exploté, no me convertí en nada raro.

Ella me miró, los ojos intensamente rojos. Pero su nariz... su nariz se fruncía como si le hubieran quitado su juguete favorito.

—Tu olor no está...

—Lo sé...

—¿¡No... puedo olerte!?

—Sí, verás, hice una pequeña prueba de un hechizo era una sorpresa para ti, no creo que dure mucho el efecto, tranquila...

—Tranquil como tranquila ¿Cómo quieres que sepa que estás bien si no te huelo?

—Con los ojos. ¿Has oído hablar de ellos?

—¡No es gracioso!

Y entonces empezó: caminaba detrás de mí a todas partes. Me seguía como una sombra rabiosa. Gruñía si alguien se me acercaba. Hasta a mi gato. Mi gato.

—¿Por qué saludó tan efusivamente ese cuervo? —me preguntó cuando uno de mis amigos del bosque se posó en mi hombro.

—Victoria... es un cuervo.

—¡Y tiene mejores privilegios de cercanía que yo!

—¿Estás celosa de un pájaro?

—¡Estoy celosa de todo el maldito mundo porque tú no hueles a ti! ¡Hueles a... nada! ¿Sabes lo que es no poder seguirte con el olfato? Es como si hubieras desaparecido de mi mundo. No estás.

Eso me dolió.

Me acerqué. Ella no se movió. Solo me miró, frustrada, herida. Casi temblando.

—Voy a arreglarlo —susurré, apoyando la frente contra su pecho.

—Hazlo ya. O juro que me volveré loca.

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Me acerqué a la caldera de nuevo, murmurando palabras mágicas que apenas recordaba de los libros antiguos. Victoria seguía detrás de mí, lanzándome miradas entre furiosas y tristes, como si en cualquier momento explotara.

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