Francesca bridgerton

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Pov Francesca

El salón de baile de Aubrey Hall es una jaula de cristal. El brillo de las lámparas de araña me resulta ofensivo, un exceso de luz que intenta diseccionar mis secretos, aunque nadie aquí parece ver más allá de mis guantes de encaje y mi sonrisa de porcelana.

Pero mi mente está en otra parte. Está en ella, en Nelly. La observo desde el otro extremo de la pista, moviendo las manos con esa gracia natural que la hace destacar en este mar de etiquetas tiesas. Su risa llega hasta mí como una nota musical prohibida, hermosa y punzante, capaz de desarmarme a kilómetros de distancia. Cuando nuestros ojos se encuentran, el tiempo se estira hasta volverse traslúcido; es un hilo invisible que tira de mis entrañas, una gravedad absoluta que me hace olvidar cómo sostener el aire en los pulmones.

Cuando finalmente se desliza hacia las sombras de las puertas francesas, mi autocontrol se hace añicos. No lo pienso. Camino hacia ella con el corazón martilleando contra mis costillas, temiendo que el resto del mundo pueda escucharlo.

El aire de la noche es un bálsamo helado contra mi piel acalorada. La terraza está en penumbra y solo el rastro pálido de la luna sobre el mármol revela su figura. Está allí, apoyada contra la barandilla, mirando hacia el abismo de la oscuridad.

—No esperaba encontrarte aquí —mi voz suena extraña, quebrada.

Se gira. Su expresión, esa mezcla de sorpresa y algo mucho más profundo, me golpea con la fuerza de una revelación. Se acerca con una lentitud deliberada, cada paso suyo cortando mi espacio vital.

—Francesca —mi nombre, dicho por ella, es una sentencia, una promesa.

El aire entre nosotras se vuelve eléctrico, denso, cargado de una estática que hace que el vello de mis brazos se erice. Mis manos, siempre entrenadas para la delicadeza, me traicionan. Se alzan por sí solas, temblorosas, hasta encontrar su rostro. Mis dedos recorren su mandíbula y, cuando rozo sus labios, un escalofrío violento me recorre la columna.

—Deberíamos estar dentro —susurro, aunque la mentira se deshace en mi boca. No tengo intención de moverme; debería estar bailando con otro, fingiendo que no eres lo único que habita en mi mente cada vez que cierro los ojos.

Nelly no responde. Rodea mi cintura con firmeza, atrayéndome tanto que ya no existe frontera entre nuestros cuerpos. Nuestras respiraciones, erráticas y cortas, se mezclan en el frío de la noche.

—¿De verdad quieres estar dentro, Francesca? —su voz baja a un tono grave que me hace flaquear—. ¿O solo te mientes para poder dormir tranquila?

—Me miento cada segundo que paso lejos de ti —confieso, sintiendo que la verdad me quema la garganta—. Estoy cansada de esta farsa, Nelly, cansada de esta jaula de seda. Estoy harta de que mis manos no puedan estar donde realmente pertenecen.

—Entonces deja de luchar —su mano baja con una lentitud tortuosa desde mi nuca hasta mi espalda, anclándome, atrayéndome hasta que nuestros corazones parecen latir al unísono—. Hazlo de una vez. Olvida quién se supone que debemos ser. Aquí, solo estamos nosotras.

El beso ocurre antes de que pueda procesarlo. Es una colisión, un impacto de dos mundos que han estado orbitando demasiado tiempo. Sus labios son firmes, exigentes, una respuesta desesperada a semanas de miradas robadas. Mis dedos se enredan en su cabello, tirando suavemente, atrayéndola más, queriendo absorberla, queriendo borrar cualquier distancia que aún nos separe.

El mundo exterior se desvanece en un vacío absoluto. Ya no hay música, ni sociedad, ni linajes. Solo existe el calor de su piel, el roce áspero de su aliento y el sonido de nuestras respiraciones volviéndose un solo ritmo frenético.

—Dímelo... dímelo, Francesca.

—Te deseo —jadeo sintiendo que el suelo bajo mis pies se vuelve inestable—. Te deseo de una forma que me aterra. No quiero que esta noche termine y no quiero volver a ser la mujer que era antes de conocerte. Quiero que seas mi único secreto.

—Siempre lo seré —me asegura ella, pero entonces una carcajada estridente estalla cerca de la puerta—. Nos van a encontrar.

El pánico me oprime, pero Nelly me mira con una audacia salvaje. Me agarra la mano con una determinación que me corta la respiración.

—¿Tienes miedo? —me pregunta a centímetros de mi boca, con los ojos brillando bajo la luz de la luna.

—Tengo miedo de lo que pasará si me quedo —admito con el pulso disparado— y tengo más miedo de lo que pasará si me voy contigo.

—Entonces elige —dice ella apretando mi mano—. Elige ahora, Francesca. ¿Vas a seguir siendo una Bridgerton o vas a ser mía?

No lo pienso. No hay espacio para la lógica, solo para el instinto.

—Llévame lejos —le suplico, sintiendo que algo dentro de mí se rompe y se libera al mismo tiempo—. Llévame a donde nadie pueda encontrarnos.

—Corre —ordena ella.

Salimos disparadas hacia la oscuridad del jardín, mis faldas susurrando contra la hierba húmeda mientras dejamos atrás las luces de la mansión. Mientras corremos de la mano, con el corazón galopando, la música del violín se vuelve un eco lejano y distorsionado. Me río, una risa histérica y liberadora. Nelly se gira un momento con el cabello desordenado por el viento y una sonrisa cómplice que me confirma que no hay vuelta atrás.

Ya no soy una dama, ya no soy una pieza en el tablero de esa sociedad asfixiante. Soy Francesca, y por primera vez en mi vida no tengo el menor deseo de ser libre. Solo quiero perderme con ella.

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Dedicado a @lady0s1t0 

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Espero y te guste ❣️

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⏰ Última actualización: Apr 18 ⏰

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