Pov Nelly:
La lluvia golpeaba suavemente contra el cristal de la ventana, creando un ritmo constante que aislaba el resto del mundo. Dentro del apartamento de Sarah, el tiempo parecía haberse detenido. El olor a café recién hecho y a leña quemada envolvía el lugar, dándole esa calidez que solo se siente cuando estás exactamente donde quieres estar.
Yo estaba hundida en el rincón del sofá, envuelta en una manta de lana que, honestamente, era demasiado grande para mí. Sarah estaba sentada justo al lado, con las piernas encogidas y un guion entre las manos, aunque llevaba diez minutos sin pasar de página.
—Creo que este personaje necesita un descanso —murmuró ella, dejando los papeles sobre la mesa de centro.
Se estiró como un gato y luego se dejó caer hacia atrás, apoyando la cabeza en mi hombro. El roce de su cabello contra mi cuello me hizo sonreír sin darme cuenta. Su presencia era algo sólido, una constante que se había vuelto tan necesaria como el aire.
—¿En qué piensas? —le pregunté, bajando un poco el volumen del televisor, que emitía alguna película vieja que ninguna de las dos estaba viendo realmente.
—En que este es mi momento favorito del día —respondió, cerrando los ojos—. El silencio, la lluvia y tú. No necesito mucho más para estar bien, Nelly.
Me giré un poco para verla mejor. A esta distancia, podía notar las pequeñas pecas en su nariz y la calma absoluta en su rostro. Extendí una mano por fuera de la manta y comencé a jugar con sus dedos, trazando círculos invisibles sobre su piel. Ella entrelazó su mano con la mía de inmediato, apretándola con una suavidad que decía mucho más que cualquier frase ensayada.
—A veces me olvido de que afuera sigue habiendo ruido —dije en voz baja.
—Entonces quedémonos aquí un rato más. El mundo puede esperar.
Sarah se incorporó un poco, lo suficiente para quedar frente a frente. Sus ojos tenían ese brillo dorado bajo la luz de las lámparas de pie, una mirada que siempre me hacía sentir que era la única persona en la habitación, o quizás en el planeta. Sin decir nada, se acercó y apoyó su frente contra la mía. Podía sentir el calor que desprendía, el aroma a su perfume cítrico y algo que solo podía describir como "hogar".
No hacía falta ponerle etiquetas a lo que estaba pasando, ni explicar por qué mis dedos encajaban perfectamente con los suyos. Simplemente fluía. Era la forma en que ella se reía de mis chistes malos, o cómo yo sabía exactamente cuánta azúcar le gustaba en el té sin tener que preguntar.
—Tienes la nariz fría —susurró ella con una sonrisita traviesa, rompiendo el trance por un segundo.
—Es por la lluvia, supongo.
—Ven aquí.
Sarah tiró de la manta para cubrirnos a las dos, reduciendo cualquier espacio que quedara entre nosotras. Me rodeó con sus brazos, pegándome a su pecho, y yo escondí mi rostro en el hueco de su cuello. El latido de su corazón era tranquilo, rítmico, un refugio perfecto contra el frío de afuera.
Nos quedamos así durante lo que parecieron horas, perdidas en esa burbuja de comodidad y confianza. No había prisa, ni presión, ni grandes declaraciones; solo la certeza silenciosa de que, mientras estuviéramos así, todo lo demás estaba en orden. Cuando Sarah me dio un beso corto y dulce en la coronilla antes de acomodarse mejor contra mí, supe que no había ningún otro lugar en el que preferiría estar.
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Dedicado a @xdxdxdxdxd1346
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Espero y llene tus expectativas ❤️
