POV Afrodita
Ahí está. Mi preciosa Nelly. Mi diosa de los sueños. Mi esposa. Y también mi pequeña y traviesa provocadora.
La veo desde lejos, apoyada contra una columna mientras una mortal le susurra algo al oído. Nelly sonríe, esa sonrisa dulce que tanto me enloquece. Pero esta vez no es para mí. Esta vez, esos labios se curvan para una insignificante humana que apenas llega a su altura.
Sé exactamente lo que está haciendo, quiere hacerme arder de celos porque le encanta cuando pierdo el control y la tomo como si el mundo se estuviera acabando. Es su juego favorito: provocarme hasta que no pueda más. Hasta que la castigue con besos, mordidas y gemidos ahogados.
Pero hoy no. Hoy no pienso darle ese placer.
Doy un paso al frente. Mis tacones resuenan contra el mármol del Olimpo y el eco parece estremecer a Nelly. Ella levanta la cabeza y me encuentra.
Sus ojos se agrandan, brillando con una chispa de anticipación. Sé que espera que me acerque y la arrastre hasta el cuarto más cercano. Sé que espera que la azote contra la pared y le enseñe lo que pasa cuando juega con fuego.
Pero no. Hoy no.
Me acerco lentamente. Mis ojos recorren el cuerpo de la mortal como si no significara nada. Porque no lo hace. Ella es solo una pieza en el tablero de Nelly, una herramienta para hacerme perder el control.
Pero esta vez no voy a jugar.
—¿Te diviertes, Nelly? —pregunto, mi voz baja y cortante como un látigo.
—Te encanta cuando me pongo celosa, ¿verdad? —murmuro contra su oído, dejando que mi aliento le erice la piel. Siento su cuerpo tensarse, deseando mi toque, mi boca, mis manos. —Te encanta cuando pierdo el control y te hago mía hasta que no puedes ni respirar.
Ella tiembla, humedeciéndose los labios. Sí, me desea. Me desea tanto que puedo olerlo.
—Pues esta vez, no. —Mis dedos atrapan su mentón, obligándola a mirarme. Mi sonrisa es lenta, peligrosa, una promesa velada. —Un mes entero sin tocarme. Sin besarme. Sin hacerme tuya.
—¿Qué? —Su voz tiembla.
—Lo oíste bien, mi amor. Un mes entero. —Mis labios rozan los suyos, apenas un roce que es un castigo en sí mismo. —Y cada noche que te retuerzas en la cama deseándome, recordarás que soy yo la que te está negando. Y lo haré porque sé cuánto te duele no tenerme. Porque sé cuánto te excita que yo pierda el control y te haga gritar mi nombre.
La suelto y doy un paso atrás, disfrutando del temblor en sus piernas, del brillo de deseo frustrado en sus ojos.
—Así que sigue jugando con mortales si quieres, Nelly. Pero esta vez, no vas a recibir tu premio.
Y me alejo, dejando a mi preciosa esposa allí, ardiente, necesitada y completamente a mi merced.
POV Nelly
Un mes. Un maldito mes.
Afrodita no hablaba en serio... ¿o sí?
Todo por jugar con una simple mortal. Todo por querer encenderla, por querer que me haga suya como hace tiempo no lo hace.
Joder. Solo quería que me reclamara, que me empotrara contra la pared y me devorara hasta dejarme sin aliento.
—Un mes... —susurro contra la almohada.
Pero no puedo. No puedo esperar un mes entero. No puedo quedarme aquí, noche tras noche, sintiendo mi piel arder por sus caricias inexistentes.
Me levanto de la cama y camino de un lado a otro, sintiendo el calor subir por mi abdomen, extendiéndose entre mis piernas. Mi respiración se vuelve pesada, errática. Cierro los ojos, imaginando sus manos sobre mí, su boca recorriéndome como solía hacerlo. Pero cuando abro los ojos, solo estoy yo. Solo yo y esta habitación fría, vacía.
