Kara Danvers - 2

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POV Kara
El tercer día siempre es el más duro.
El más real.
El más mío.

Y esta vez... esta vez fue con ella.
No con una compañera de paso. No con una fantasía.
Con Nelly.
Mi Nelly.

El Llamado se disipaba como el humo tras una batalla, pero el eco seguía golpeando mis costillas y en la cama, ella dormía. O fingía. Aún no lo sé. Pero estaba ahí... desnuda, envuelta en las sábanas, con mis marcas por todas partes. Como constelaciones que solo yo podía leer.

Sentí el nudo en el pecho crecer. Era deseo. Era amor. Era culpa.

Me senté al borde de la cama, las manos temblando.
La imagen de sus ojos entreabiertos, jadeando mi nombre mientras sus uñas se clavaban en mi espalda, aún estaba viva en mí. Pero también lo estaba el momento en que colapsó, en que su cuerpo ya no podía seguir, y yo... yo todavía la deseaba.

"¿Y si la lastimé de verdad?"

Mi respiración era un hilito de aire. Estaba perdiendo el control, y eso era lo que más miedo me daba. Porque si pierdo el control con ella... ¿sigo siendo yo?

—Amor... —su voz me atravesó como un suspiro de fuego.

Me giré. No supe si llorar o correr. O rogar perdón.
Pero cuando me miró... supe que ya lo había hecho todo.

—Lo siento —fue lo único que pude decir—. Si fue demasiado... si te asusté... yo trate de controlarlo pero no pude perdóname amor

Ella estiró los brazos, suave, cansada, como si cada músculo le doliera.
Pero aún así me alcanzó.

—Mírame —dijo, y me temblaron los huesos.

Lo hice. Y allí estaba: la mujer a la que amaba más que a la vida.
Dolida, sí. Pero no rota. No por mí.

—No fue demasiado —susurró, y sentí que mi corazón se rompía y sanaba al mismo tiempo—. Fuiste , no hay porque sentirse mal amor

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

—Pero fui una bestia...

—Fuiste mi superbestia —rió bajito, y el sonido me llenó el alma—. Me dejaste sin piernas, sí... pero me diste todo lo que eres.

Me incliné hacia ella. La besé como si fuera la primera vez. Como si ese beso tuviera que arreglarlo todo.
Me atrajo a ella para volvernos a acostar, guio mi cabeza a su pecho, comencé a tranquilizarme al escuchar el latido de su corazón.
De pronto, un ronroneo salió de mis labios a causa de los mimos que me estaba dando.

Sus uñas suaves se deslizaban por mi cuero cabelludo con la misma paciencia que tiene el mar cuando besa la orilla. Y yo, hundida en su abrazo, comencé a aflojar todo lo que me había estado apretando por dentro.
—¿Estás ronroneando? —murmuró con una sonrisita pícara.
—No sé de qué hablas —respondí con voz pastosa, negando mientras me acurrucaba aún más.
—Mi gatita kriptoniana...mi superbestia—susurró divertida, presionando sus labios contra mi coronilla. — tal linda que te vez... ni se nota que hiciste tuya durante tres días seguidos

Mi rostro se encendió completamente. Aunque el calor de la vergüenza se mezclaba con una oleada de cariño y deseo, me acurruqué más contra ella, disfrutando del momento, incluso si mi corazón latía más rápido de lo que me habría gustado admitir.

—¡Deja de decir eso! —dije, tapándome la cara en un intento de esconder el rubor, pero con una sonrisa a medias.

Ella rió suavemente, abrazándome más fuerte, como si quisiera protegerme de todo lo que nos rodeaba, de todo lo que había pasado. Y yo, simplemente, me dejé llevar por el abrazo de la mujer que amaba.

-----Siguiente día -----

Desperté con el suave peso de Nelly sobre mí, su cuerpo aún buscando el refugio de mis brazos. El sol se colaba tímidamente entre las cortinas, iluminando su rostro relajado, tan sereno que me dolía. Había sido un día más, y aún me sentía como si fuera un sueño del que no quería despertar.

Deslisé una mano sobre su cintura, acariciando su piel desnuda, sintiendo cómo su cuerpo reaccionaba lentamente a mi toque, aún dormida. No quería apresurarme, no quería invadir su espacio. Quería que ella estuviera lista, que no sintiera que el peso de lo que había ocurrido entre nosotros aún la perseguía.

De repente, sus ojos se abrieron lentamente, llenos de esa suavidad que solo ella podía tener. Sonrió con esa mirada que me desarma, como si el mundo entero desapareciera cuando la miraba a ella.

—Buenos días, mi superbestia —dijo con voz ronca, aún dormida, pero llena de cariño.

—Buenos días, amor —respondí, mi voz grave, aún cargada de la emoción de los días anteriores. Me costaba creer que aún estuviera aquí, que me aceptara, que me mirara con esa calma que solo ella podía darme.

Nos quedamos allí, abrazadas, en un silencio que hablaba más que mil palabras. No necesitaba nada más. Nelly era mi todo.

—¿Cómo te sientes? —pregunté, acariciando su espalda, buscando en sus ojos la respuesta que sabía que me daría.

—Bien...un poco de dolor pero nada grave —susurró, y su sonrisa me hizo sentir que todo estaba bien, que todo lo que había temido había sido solo miedo infundado.

—¿Me perdonas? —mi voz titubeó, aunque sabía que ella ya había perdonado todo, que no había necesidad de pedirlo.

—No tengo nada que perdonarte, amor solo que a veces se me olvida que no eres huma humana y pues la superbestia necesita ser liberada —dijo en tono juguetón, con una chispa en los ojos. Pero su mirada era profunda, sincera.

Me reí, abrazándola aún más fuerte, sintiendo su cuerpo como si fuera la única cosa que importaba. Su cuerpo era mi hogar, mi lugar seguro. En sus brazos, sabía que podía ser vulnerable, que no tenía que ser la Supergirl perfecta todo el tiempo.

Pasamos el resto de la mañana en silencio, entre besos suaves, caricias, y el sonido suave de su respiración. Todo estaba bien, por fin.

Y mientras nos quedábamos allí, juntos, me di cuenta de algo. No importaba cuántas veces el Llamado de Rao volviera. No importaba cuánto me transformara. Siempre, siempre, ella sería mi centro, mi calma, mi amor.

Y mientras sus dedos recorrían mi piel, sentí que todo lo que había vivido valía la pena, solo por estar con ella.

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Algo lindo ❤️



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