POV Alice
No hay vuelta atrás.
Nelly acaba de entregarme la última pieza de su ser con un simple susurro:
—Sí...
Ese sonido es mi detonante. Mi bestia ruge en lo más profundo de mí, liberada al fin, sin barreras que la contengan. Ya no hay razón para frenarme. Ya no quiero hacerlo.
La tomo entre mis brazos con más fuerza, mi cuerpo presionándola contra la cama. Su calor me envuelve, su piel ardiente bajo mis manos, sus piernas enredándose en mi cintura con una necesidad que se iguala a la mía.
Mis labios recorren su cuello, dejando besos húmedos, trazando el camino hasta donde dejaré mi marca. Siento su pulso acelerarse bajo mi boca, el temblor en su cuerpo mientras la sostengo con firmeza.
—Eres mía... —mi voz es un gruñido, una promesa, una advertencia.
Nelly gime, su cuerpo arqueándose contra mí cuando mis manos exploran su piel con desesperación. Cada caricia, cada roce nos acerca más al borde.
Mi boca se desliza hasta su pecho, besando, succionando, marcando cada parte de ella con mi lengua y mis dientes. Mis colmillos están al límite, listos para perforar su piel, pero me contengo... aún no.
Tiene que ser en el momento exacto.
Nelly está perdiendo el control debajo de mí, su respiración entrecortada, sus uñas hundiéndose en mis hombros. La siento temblar, aferrándose a mí como si fuera lo único que la mantiene anclada a este mundo.
—Alice... por favor... —su voz es un susurro quebrado, lleno de necesidad.
Mi instinto lo sabe. Es ahora.
Justo cuando su cuerpo se tensa, cuando el placer la alcanza y su respiración se corta con un jadeo ahogado, dejo que mi bestia tome el control.
Mis colmillos se hunden en su piel en el instante exacto en que su clímax la sacude.
Nelly grita mi nombre.
Su sangre invade mi boca, dulce, embriagadora, ardiente como fuego líquido. Su energía se funde con la mía en un torbellino de sensaciones, y por un momento, somos una sola esencia.
Siento su alma unirse a la mía.
Su placer se intensifica con la mordida, su cuerpo estremeciéndose con una oleada aún más fuerte de sensaciones que la hacen aferrarse a mí con desesperación.
Y yo... yo me aferro a ella con la misma necesidad.
La marca está hecha.
Cuando mis colmillos se retiran, lamo la herida con ternura, sellándola con mi veneno. La mordida arde, pero también la llena de una sensación de plenitud, de pertenencia.
Nelly es mía.
Para siempre.
Y yo...
Yo soy suya.
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El sabor de su piel sigue impregnado en mis labios, en mi lengua, en cada parte de mí que ha tocado la suya. El vínculo nos ha atado de una forma que jamás creí posible. Puedo sentir su esencia en mi pecho, latiendo al compás de mi propio corazón. Pero no es suficiente.
Todavía no.
Ella tiembla entre mis brazos, su respiración errática, su piel ardiendo como si aún estuviera atrapada en el resquicio del placer. Su pecho sube y baja con dificultad, y aunque su cuerpo debería estar relajado después de todo lo que hicimos, lo siento tenso, expectante.
Mis colmillos hormiguean al ver la marca en su cuello, el pequeño y delicado rastro de lo que hemos hecho. Es mía.
Completamente mía.
No puedo evitarlo. Me inclino sobre ella, besando la herida aún fresca, saboreando su esencia mientras un escalofrío recorre su cuerpo.
—Alice... —gime mi nombre, con esa dulzura temblorosa que me enciende aún más.
—Dímelo otra vez... —mi voz es un susurro ronco contra su piel.
Ella se estremece.
—¿Q-qué cosa?
—Que me necesitas tanto como yo a ti.
El sonido que deja escapar es un jadeo contenido, su mano se aferra a mi nuca con desesperación y sus piernas se enredan en mi cintura, acercándome más, exigiendo más.
—Eres insaciable... —susurra, con una risa temblorosa en su voz. — Sabes cariño me parece injusto que yo este completamente desnuda y tu completamente vestida.
Oh, por dios, creo que es momento de dejar tomar el control completo a mi bestia, entonces lo sentí mis ojos se volvieron completamente negrosSu desafío es la chispa que enciende nuevamente el fuego dentro de mí.
Mis ojos, ahora completamente negros, reflejan la oscuridad de mi deseo, la bestia en mi interior rugiendo por más, por todo lo que ella es y todo lo que me ha entregado.
—No sabes lo que te espera, amor... —murmuro contra su oído, mi voz más grave, más profunda, cargada de promesas que solo yo puedo cumplir.
Nelly gime, su cuerpo arqueándose cuando mi mano recorre su piel desnuda. Está temblando, pero no de miedo. Es pura expectativa, pura necesidad.
Sujeto sus muñecas por encima de su cabeza, sujetándola con la suficiente firmeza para que sepa que no tiene escapatoria, pero sin lastimarla. No quiero que se sienta atrapada, quiero que se rinda completamente a mí.
—Alice... —jadea, sus labios entreabiertos, sus ojos nublados por la lujuria.
Bajo lentamente mi boca hasta su cuello, besando la marca que le dejé, lamiendo la herida con ternura, dejando que mi lengua se deslice con una lentitud agonizante. Siento su piel erizarse bajo mis labios, la forma en que su respiración se entrecorta.
—Sigo sintiendo hambre... —susurro contra su piel, y su temblor me dice que sabe exactamente qué significa.
Su reacción me hace sonreír.
Mi otra mano se desliza por su costado, lenta, tortuosamente, siguiendo el contorno de su cuerpo hasta aferrarse a su cadera con fuerza. Su espalda se curva instintivamente, sus piernas se aprietan más a mi alrededor.
—Alice... no juegues así... —su tono es una mezcla entre súplica y advertencia, pero ambas sabemos que no quiere que me detenga.
—¿Jugar? —murmuro, dejando un camino de besos descendiendo por su pecho, dejando pequeños mordiscos que la hacen jadear—. No, amor... no estoy jugando.
Me deslizo más abajo, besando cada centímetro de su piel, saboreándola como si fuera mi última comida, como si tuviera toda la eternidad para adorarla.
Porque la tengo.
Porque es mía.
Nelly tira de mis cabellos con más fuerza cuando mis labios llegan a su abdomen, y la forma en que su cuerpo tiembla debajo de mí solo me hace querer devorarla aún más.
—Dime que me necesitas —exijo, mi lengua trazando un círculo tentador justo donde sé que la hará perder la razón.
—T-te necesito... Alice, por favor...
Es todo lo que necesito escuchar.
Y entonces, la hago mía otra vez.
Su cuerpo se estremece bajo mi toque, cada jadeo, cada susurro de mi nombre es una melodía que me consume por completo. Y cuando finalmente la llevo de nuevo a ese punto donde todo su ser se rinde ante mí, cuando su placer alcanza su punto más alto, dejo que mis colmillos se hundan en su piel otra vez, saboreando su esencia, absorbiendo su placer, sintiendo su alma entrelazarse con la mía en un éxtasis absoluto.
Ella grita mi nombre.
Y yo sé que jamás la dejaré ir.
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Espero que haya llenado sus expectativas ❤️
