Los titulares inundan las redes sociales:
"¡Se acaba el amor! Dua Lipa y Nelly terminan tras 10 años de relación por infidelidad".
En Twitter, el hashtag #TeamNelly se vuelve tendencia mundial. Los fans comparten videos de Nelly siempre a la sombra de Dua, sonriéndole con adoración, sosteniéndola con cariño, mientras Dua parece ya tener la mirada en otro lugar.
—¿Cómo pudo Dua hacerle esto a Nelly? —escribe una usuaria, adjuntando un video donde Nelly besa a Dua en backstage.
—Diez años dedicados a ella, dejó su carrera, su vida... todo. ¿Y Dua la cambia por una aventura? —comenta otro.
Pero no todos condenan a Dua. Algunos la justifican:
—Dua merece ser feliz. Quizá Nelly era demasiado dependiente —dice una fan.
—Ay, ni es para tanto. Dua merece alguien más emocionante, no una aburrida —añade otra.
Sin embargo, la marea de odio no se detiene. Las fotos de Dua con Samantha entrando a un hotel se vuelven virales, y los comentarios se llenan de reproches. Mientras tanto, Nelly ha desaparecido. Ni una publicación, ni un rastro. Solo silencio.
---- 3 meses después----
Pov Nelly
Estoy tirada en el sofá, mirando el techo. No recuerdo cuándo fue la última vez que salí de casa. Las fotos en la pared son recuerdos que ahora duelen. La vida sigue afuera, pero aquí dentro, el tiempo está detenido.
El teléfono vibra. Es Taylor. Lleva días llamando, pero hasta ahora no he contestado. Suspiro y deslizo el dedo para responder.
—¿Nelly? Al fin, ¿cómo estás? —Su voz es un abrazo.
—Estoy... bien —miento. Y lo sé. Y ella también lo sabe.
Taylor guarda silencio un momento. Puedo escucharla suspirar.
—¿Sabes qué? No voy a aceptar esa respuesta. Voy a pasar por ti en media hora. Vamos a salir.
Cierro los ojos y recuesto la cabeza contra el respaldo del sofá. La idea de salir me pesa como una losa.
—No tengo ganas, Tay...
—No es una pregunta, Nelly. Te extraño y necesito verte. Prometo que no será nada loco. Solo tú y yo, ¿sí? —
—Está bien... —
—¡Genial! Vístete cómoda. Te veo en media hora. — dice antes de que pueda protestar, cuelga.
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El timbre suena. Abro la puerta y ahí está Taylor, radiante como siempre. Me envuelve en un abrazo fuerte, sin preguntas, solo calor.
—Vamos —dice, y me toma de la mano.
En el auto, Taylor habla de su gira, de sus nuevas canciones. Yo apenas escucho, perdida en recuerdos que preferiría olvidar. Finalmente, estaciona frente a un parque vacío y apaga el motor.
Nos sentamos en una banca. La brisa es fría, pero reconfortante. Taylor pasa un brazo por mis hombros.
—¿Quieres hablar de lo que pasó? —pregunta suavemente.
—Dua dijo que yo era aburrida —susurro, y mi voz se quiebra. —Que estaba harta de esta vida, de mí. ¿Y sabes qué? Tiene razón. Siempre fui la buena, la que ama sin esperar nada. ¿Y para qué? ¿Para que me dejara por alguien más?
Taylor me mira fijamente. Sus ojos están llenos de rabia contenida.
—Escúchame bien, Nelly. Tú no eras aburrida. Eras constante. Fuiste un refugio, no un estorbo. El problema no eres tú. Es ella. Y un día, vas a verte como yo te veo: increíble, suficiente, valiosa.
