Capítulo 44

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Chiara se levanta de la cama y deja a la pelirroja durmiendo sobre la cama. Antes de salir del cuarto, se tropieza.
Su mirada baja hasta el objeto que le ha hecho tambalearse por un instante y encuentra la mochila de su novia tirada en el suelo.
De ella, dos bolas de papel sobresalen y Chiara se agacha a recogerlas y abrirlas. Mira a si alrededor asegurándose que Violeta sigue dormida.
Las abre y las lee. Su expresión se vuelve dura, sin embargo, solo vuelve a hacer una bola con cada una de las hojas y las deja en la mochila de nuevo. Como si no hubiera visto nada, sigue su recorrido.

***

Y esa, fue la primera de las muchas vistas gordas que hizo Chiara, después de ella, vino la del día siguiente. Donde vio como varias personas se aglomeraban entorno a la pelirroja atosigándola y riéndose de ella.
Solía darse la vuelta y cuando la multitud se disipaba,hacía como que no había visto nada.
Se acercaba a Violeta y la saludaba con un pico, ignoraba la mirada vacía que hacía tiempo que no veía en Violeta, ignoraba el movimiento continuo de sus dedos moviendo los anillos que portaba de forma nerviosa.
Pero sobre todo, evitaba notar la tristeza de Violeta.
O al menos lo intentaba, porque era imposible no notar el bajón anímico que había tenido.

Y detrás de esta vista gorda, vinieron más, muchas más. Incluso cuando varias personas se acercaron a Violeta para incomodarla y asustarla.
Con comentarios obscenos y burlas desagradables donde la gente imitaba intentar toquetearla.
Solo hubo una persona interesada en ayudar a Violeta, Salma. Y bueno, Denna, pero ella aún desconocía la situación pues estaba en Granada por un tema familiar.

Con el paso de los días, la relación de Chiara y Violeta se fue desvaneciendo. Como cuando una flor se marchita, poco a poco.
Lo que antes eran quedadas incluso cuando no tenían tiempo, ahora eran excusas por parte de Chiara.
La caricias y las noches juntas, ahora eran solo un recuerdo.
Y lo que antes era amor, ahora era un intento de olvido.

Por eso Violeta se encuentra ahora en casa de Chiara, cabreada, dolida. No físicamente, estaba increíble después de la rehabilitación. Podía andar sin ningún problema, etc.
Sin embargo, la ausencia de su pilar fundamental, le estaba haciendo tambalear.

—¿¡Qué coño quieres Violeta!? ¡Ya te he dicho que no me pasa nada! —La conversación se había ido de madres, Chiara ya estaba cabreada de que Violeta le preguntara que le pasaba y este era su momento. Este era el momento perfecto para que se alejara. —¡Qué te pasa a ti sería la pregunta! Todos los putos días con la cara de pena —Lo escupe como si no supiera que le pasa, como si no supiera lo que está haciendo.

—Eres horrible Chiara, sabes de sobra que me pasa... lo llevas viendo todos estos días pero tú solo te vas, huyes como una cobarde. — Le dice con lágrimas en los ojos, no grita, no se altera. Porque un monstruo la retiene, siente que si pierde los papeles, volverá a su pasado. Los golpes volarán y ella se hará pequeña.

—Eres una exagerada Violeta. No es para tanto.

Violeta se rompe, la muñeca de porcelana que siempre aparentó ser, se destroza en mil pedazos. ¿Cómo puede Chiara, su Kiki, estar diciendo eso?

—Que coño vas a saber tú de ser un bicho raro... —Eso toca el interior de Chiara, lo sabe. Lo sabe de sobra. —¡¿Qué coño sabrás tú!? ¡joder! —Y es ahí cuando estalla, cuando por primera vez grita enfurecida sin pensar en las consecuencias.

—¡Yo lo sé perfectamente! ¡¿Te crees única que ha recibido comentarios tontos Violeta!? ¡Esta es la vida! —La forma en la que Chiara se acerca enfada, señalándola con la mano y la cara roja de la ira aviva al monstruo. El monstruo que la pelirroja arrastra y que la pelinegra le había prometido sobrellevar juntas.

Pero es esa vena del cuello la que la que le aterra, porque por un efímero momento, no es Chiara la que está ahí. Es su padre.

—¡Deja de pensar idioteces Violeta! ¡Yo también he sido un puto bicho raro durante años! Sobrevivirás a eso! —Espeta mientras le da empujones sobre el pecho. Mientras que la pelirroja ya no puede ni respirar del pánico.

Es Violeta la que temblando, se aleja sin despegar la vista de ella, que siente un nudo en el estómago que le hace estremecerse y sentir nauseas.
Y sin más,  vomita. En el piso de Chiara, si no se había dejado ya suficientemente en ridículo, ahora lo había hecho más.

Chiara no se mueve, está congelada, ella ha provocado ese pánico. Le había jurado que no lo haría.

—Perdón, perdón, perdón — Repite Violeta innumerables veces, con la cara pálida.  Con miedo. —Lo limpio ya, lo siento de verdad — Se intenta mover hasta la cocina y coger papel, no es consciente de sus movimientos.

Una mano le retiene de la muñeca y seguidamente le abraza mientras llora y solloza.—Violeta nada de lo que he dicho lo pienso, perdóname porfavor...

Pero Violeta no se mueve, no le corresponde. Tiene miedo. Se aleja sin apartar la vista. —Creo que debemos darnos un tiempo Chiara.— La voz es tan débil, tan destrozada... Refleja tanto miedo.

Así que sin más que decir, Chiara se sienta en el sofá con la mirada perdida. Le ha hecho daño, mucho. No entiende como ha hecho eso, pero sabe que lo debía hacer.

***

Violeta llega a su casa. No a la de Denna, q la suya. Está vacía. No va nadie desde que murió él.
Susana está viviendo con Juan Carlos.

Abre la puerta y se adentra, sin mucho que hacer, se sienta en el sofá aún temblando y se derrumba a llorar hasta quedar dormida.

                              🌸🌸🌸

Aquí tenéis la explosión chicas... Se viene dramita.

Perdón por la espera, estoy hasta arriba de exposiciones, exámenes, trabajos...
Solo quiero daros las gracias a las que me estáis esperando.

Kisses from L.L.

A Escondidas / KiviHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora