Capítulo 49

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Violeta se levanta por la mañana, el pómulo —una vez más — algo hinchado,un dolor de cabeza molesto, muy molesto. Se levanta de la cama y va directa al baño a lavarse la cara y darse una buena ducha que pueda despejarla aunque sea un poco, no recuerda del todo bien la noche anterior. Recuerda a Salma sobre ella, la cachetada y tiene un vago recuerdo de abrazarse a Chiara.
No sabe si está volviéndose loca o realmente la chica estuvo en casa.
Decide no darle más vueltas al tema y se frota la sienes, cuando se mira al espejo, el tono morado en su mejilla le trae malos recuerdos, es como un flashback al pasado. Hace caso a lo último que recuerda que le dijo Salma y saca el maquillaje del cajón.
Se esmera en que quede perfecto, que se note lo menos posible, aunque a decir verdad, después de semejante bofetada, era complicado que no se notara. No entiende porque la malagueña se comportó así. Supuestamente le quiere. Bueno, aunque anoche parecía que solo se le antojaba un polvo.
Violeta se para a pensar en como Salma le trata y no le parece lo más correcto, a ver, en su casa, su padre trataba igual a su madre. Así que, si la pelirroja nunca hubiera salido con Chiara lo calificaría como algo normal, todas las parejas discuten ¿No?

La pelirroja se da cuenta de que está pensando demasiado, suelta un último suspiro y abandona el baño. Se viste con lo primero que pilla en el armario y se pone los tenis para luego bajar a toda velocidad a la cocina y empezar a desayunar en silencio.
Su hermana sale de la habitación al poco rato, ya vestida y aseada, se sienta al lado de la mayor.

—¿Cómo estás? —Musita mirando las notorias ojeras que se forman bajo los ojos de la pelirroja que a pesar del intento de ocultarlas, no ha sido del todo eficaz.

—Bien. Buenos días

—Bebiste mucho anoche. —La pelirroja juega con la cuchara que está dentro del café con la cabeza gacha. —No me gusta que lo hagas... me recuerda a...

—No digas eso. —Es radical, no se anda con rodeos. No está lista para escuchar eso. Sabe que anoche metió la pata hasta el fondo y que fue la viva imagen de su padre pero no fue por gusto propio.

—Lo siento.—La pequeña se remueve incomoda en su silla tratando de pensar explicarle a su hermana mayor lo siguiente.— Anoche acabé llamando a...

—Chiara. Lo sé, me acuerdo. No debiste hacerlo Tana, no era necesario. —No le está riñendo, simplemente, no va ha aceptar que necesitaba ayuda.

Pasado el desayuno, Violeta sale de casa arrastrando los pies, como si la vida le pesará más de lo normal. El sol de por la mañana comienza a asomarse por el horizonte haciéndola deslumbrarse e intentar tapar el sol con las manos. Cosas que obviamente, es imposible.

Cuando llega al centro educativo, es algo tarde. Unos diez minutos de retraso y los pasillos están vacíos. Pero a lo lejos se escuchan un par de voces. Dos que podría reconocer a más de mil kilómetros.

***
—¿Qué coño le hiciste ayer a Violeta hija de puta? —El grito furioso es espetado ante la cara de Salma. Quien esta inmovilizada contra las taquillas gracias a Chiara.

—¿Y qué te dije yo de acercarte a ella? — Lo dice con arrogancia, como si la pelirroja no fuera más que un simple objeto. —¿Fuiste a su casa anoche Chiara? —La malagueña la empuja con fuerza tirandola al suelo. —¿Folló contigo, verdad? — Y ahí se desata el caos.

Los golpes vuelan por los pasillos, se insultan, se increpan...

—¡Es una calienta braguitas, es una puta de mierda! ¡Así tenía a su padre! — Chiara no soporta esas palabras y la ira aumenta. Comienza a pegarle puñetazos en el estómago, en la cara...

—¡Me obligaste a dejarla y aún así contaste todo hija de puta! —La ojiverde pierde la ventaja y queda debajo de la de ojos marrones siendo esta vez, golpeada ella.

A Escondidas / KiviHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora