Capítulo 26

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Bowser no se movió enseguida. Había dicho aquellas palabras duras, pero seguía ahí, mirándolo. Como si una parte de él quisiera alejarse y la otra lo obligara a quedarse. El calor de la lava no era nada comparado con la sensación de estar atrapado en esos ojos azules, temblorosos pero tercos, que se negaban a rendirse.

Luigi, respirando con dificultad, rompió el silencio.


—Si de verdad fueras solo un monstruo para mí... no estaría temblando por lo que pienses. Estaría rogando que me mates rápido.

Bowser frunció el ceño. No esperaba esa respuesta. Sus garras se crisparon un instante, como si quisieran apretar algo invisible, pero no avanzó.

—¿Entonces qué eres tú? —preguntó al fin, su voz grave, casi en un gruñido—. ¿Un mentiroso con remordimientos? ¿O alguien demasiado ingenuo para entender en qué se metió?

Luigi bajó la mirada, incapaz de sostenerla por más tiempo. Sentía el ojo herido palpitar bajo el vendaje improvisado, pero no era solo el dolor físico lo que lo quebraba: era el peso de estar desnudo en palabras frente al rey.


—No lo sé —susurró—. Pero sé que lo que te escribí no fue mentira... aunque lo empezara siendo. Me gustaba hablar contigo. Me gustaba cómo eras cuando dejabas de rugir y... y solo eras tú.

Bowser respiró hondo. No lo mostró en su rostro, pero su pecho se expandió en un suspiro que parecía atragantado. No quería escuchar eso. No quería sentir que cada palabra del fontanero golpeaba donde menos protección tenía.

Por primera vez, el silencio no pesó como hierro. Pesó como algo distinto, desconocido. Algo que lo asustaba más que la traición.

Bowser bufó, girando apenas el rostro, como si quisiera ocultar una grieta invisible.


—Tonto fontanero... no sabes lo que dices.

Luigi levantó lentamente la cabeza. El sudor le corría por la frente, y su respiración temblaba, pero había una chispa en sus ojos que no era de miedo, sino de obstinación.


—Tal vez. Pero tú sí lo sabes. Porque si no... ya me habrías dejado caer en la lava.

Un destello recorrió la mirada de Bowser, como un fuego que no se decidía entre consumirlo o calentarlo. No respondió. Solo se quedó allí, firme, observando a Luigi con una intensidad que lo quemaba más que la lava bajo sus pies.

La jaula se balanceó apenas, chirriando contra las cadenas. Luigi bajó la vista, incapaz de soportar más esa mirada, pero al mismo tiempo sintiendo que quería volver a buscarla. El silencio entre ambos ya no era vacío: estaba cargado, vivo, denso.

—No entiendes lo que provocaste —murmuró Bowser, casi como para sí mismo—. Yo no... no quería esto. No contigo.

Luigi lo miró sorprendido. El rey rara vez dudaba, rara vez titubeaba. Pero ahora lo hacía. Y ese titubeo lo hizo temblar aún más.


—Entonces... ¿Qué quieres? —se atrevió a preguntar, con voz rota.

Bowser apretó los puños, girando lentamente hacia la pasarela que lo llevaría de vuelta al castillo. Se quedó allí, de espaldas a Luigi, con la silueta inmensa recortada contra la luz roja.


—No lo sé —dijo finalmente, en un susurro que parecía un rugido contenido—. No sé si quiero verte arder o... si quiero que vuelvas a escribir.

El corazón de Luigi dio un salto. Abrió la boca, pero ninguna palabra salió. Lo único que logró fue soltar un suspiro tembloroso, como si esas palabras hubieran atravesado sus costillas.

Bowser no volvió a mirarlo, pero tampoco se fue. Se quedó allí, a medio camino, como alguien que ha perdido la brújula y no sabe si avanzar o regresar.

Luigi cerró los ojos con fuerza, sintiendo que el calor ya no venía de la lava, sino de algo que crecía entre ambos, extraño e imposible, pero real.

Luigi cerró los ojos con fuerza, sintiendo que el calor ya no venía de la lava, sino de algo que crecía entre ambos, extraño e imposible, pero real

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Indefenso - Jessica  Castillo  (Lemon)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora