Finalmente, Luigi logró sanar, después de semanas de lucha, meses de incertidumbre... casi había pasado un año desde que todo ocurrió, y aún sentía el peso de aquellos días en su corazón.
Mientras cocinaba para él y su hermano, una melodía suave y nostálgica salía de sus labios, llenando la cocina con un aire de melancolía.
—¿Te puedo hacer una pregunta? —preguntó Mario, interrumpiendo el canto de Luigi.
—Ya sé qué me vas a preguntar... —respondió Luigi sin voltear a verlo, concentrado en la tarea de preparar la cena—. Siento que aún lo... extraño, ¿sabes? Pero ya ha pasado un año y...
—Ni siquiera fuiste a buscarlo... —insistió Mario, con un tono de reproche en su voz.
—Él me pidió que no volviera...¿no? -Dijo dudoso.
Luigi dejó caer la cuchara en la olla, sintiendo el peso de esas palabras. Con un suspiro profundo, miró a Mario, quien lo observaba con una mezcla de preocupación y comprensión. La conversación se tornó pesada, como si el aire estuviera cargado de recuerdos no resueltos.
—A veces pienso que debería haber hecho algo más, que tal vez si hubiera ido a buscarlo, las cosas serían diferentes... —murmuró, con la voz apenas audible.
Mario se acercó y apoyó una mano en el hombro de su hermano antes de atraerlo hacia un abrazo.
—No puedes cargar con eso, Luigi.
Luigi cerró los ojos y se permitió permanecer allí unos segundos, refugiado entre los brazos de Mario mientras la lluvia golpeaba suavemente las ventanas. Durante mucho tiempo había querido llorar. Llorar por las cartas, por las mentiras, por las promesas que jamás habían sido suyas. Llorar por Bowser y por Junior. Porque incluso después de todo lo ocurrido, del miedo, del dolor y de las cicatrices que aún recorrían su cuerpo, había una parte de él que seguía recordando los momentos en que Bowser bajaba la guardia y dejaba ver a alguien mucho más vulnerable de lo que todos imaginaban. Los días en que parecía menos un monstruo y más alguien terriblemente solo.
—¿Sabes qué es lo peor? —preguntó de repente.
Mario se apartó un poco para mirarlo.
—¿Qué?
—Que ya no estoy enojado.
Las palabras quedaron suspendidas entre ambos.
—Durante meses pensé que lo odiaba. Pensé que nunca podría perdonarlo por lo que hizo, pero ahora ya no siento eso. Solo me siento triste.
Mario no respondió de inmediato. Entendía exactamente lo que su hermano quería decir. El odio era sencillo; daba una dirección al dolor. La tristeza, en cambio, permanecía cuando todo lo demás desaparecía.
—¿Crees que él está bien? —preguntó Luigi.
Mario tardó varios segundos en contestar.
—No lo sé.
Y era la verdad. Nadie había vuelto a ver a Bowser desde aquel día. Los rumores iban y venían: algunos aseguraban que se había encerrado en su castillo, otros que había abandonado el Reino Koopa durante meses. Incluso hubo quienes afirmaban que ya no era el mismo. Pero nadie sabía realmente qué había sucedido.
Luigi apoyó ambas manos sobre la encimera.
—A veces sueño con él.
Mario soltó un suspiro.
—Lo imaginé.
—No me juzgues —Dijo Luigi con una leve risa cansada—. Es complejo.
Mario estuvo a punto de responder cuando un golpe resonó en la puerta.
Toc.
Toc.
Toc.
Ambos levantaron la cabeza.
—¿Esperas a alguien? —preguntó Mario.
—No.
Otro golpe sonó al otro lado. Más lento esta vez. Más pesado. Como si quien estuviera allí hubiera dudado antes de reunir el valor para tocar nuevamente.
Mario frunció el ceño.
—Yo abro.
Pero antes de que pudiera avanzar, Luigi sintió algo extraño. Un presentimiento que le recorrió el pecho y le cortó la respiración. No tenía ninguna explicación lógica para ello, pero su corazón comenzó a latir con fuerza, como si reconociera algo antes que su propia mente.
Mario abrió la puerta.
Y se quedó completamente inmóvil.
El color abandonó su rostro.
—¿Mario...? —preguntó Luigi.
No hubo respuesta.
Entonces dio un paso al frente.
Y vio quién estaba al otro lado de la puerta.
Bajo la lluvia, empapado de pies a cabeza, allí estaba.
Durante un segundo, Luigi solo pudo quedarse mirando.
Luego sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¿Junior?
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Indefenso - Jessica Castillo (Lemon)
FanfictionUna idea loca lleva a Luigi a responder cartas de el temeroso Rey de los Koppas;Bowser,sin esperar que las palabras sinceras en aquellas cartas de aquel "monstruo " serían suficientes para cautivar su corazón. ¿Acaso su corazón indefenso y cautivida...
