Capítulo 40

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Junior lloraba en el pecho de su padre.

No era un llanto escandaloso.
Era peor.
Silencioso, entrecortado, de esos que nacen cuando el pecho ya duele demasiado para gritar.

—Debí hacerle caso a papá... —sollozó, aferrándose a la pechera de Bowser—. Me dijo que me quedara a tu lado... debí quedarme...

Bowser tardó un segundo en reaccionar.
No por las palabras, sino por cómo lo había dicho.

Papá.

No Luigi.
No él.
Papá.

La garganta se le cerró, pero no se permitió quedarse ahí.

—No... no, no —dijo de inmediato, sosteniéndole la cabeza con cuidado—. Escúchame bien, Junior. No es tu culpa. Nada de esto es tu culpa.

Junior negó con la cabeza, las lágrimas cayendo sin control.

—Yo no quería que pelearan... —dijo, con la voz rota—. Íbamos a hacer galletas... para que todo estuviera bien. Para que nadie se lastimara.

Le temblaban los hombros.

—No quería que nadie saliera herido... —susurró—. Ni siquiera yo.

Bowser apretó los dientes.
Cada palabra era un golpe directo al pecho.

—Hiciste lo correcto —repitió, con más firmeza—. Fuiste valiente. Fuiste bueno. Eso fue lo que él quiso proteger.

Junior alzó la vista, con los ojos rojos e hinchados.

—Quiero ver a papá... —pidió—. Por favor.

Bowser cerró los ojos un segundo.

—Está bien —dijo al fin—. Iremos a verlo. Pero tienes que comportarte, ¿sí? Está muy delicado.

Junior asintió de inmediato, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano.

Caminaron por los pasillos en silencio.

La enfermería olía a medicina y a culpa.

Luigi yacía inmóvil en la camilla, cubierto de vendas, demasiado quieto para alguien que siempre parecía estar a punto de disculparse por existir. El monitor marcaba un ritmo lento, constante, frágil.

Junior se acercó despacio, como si el ruido de sus pasos pudiera romperlo.

—Papá... —susurró, apenas—. Lo siento...

Su voz tembló.

—No hice caso... y te lastimaste...

Las lágrimas volvieron a caer, goteando sobre la sábana blanca.

—Yo no quería que pelearan... —repitió—. Solo quería que todo estuviera bien.

Bowser observaba desde atrás, con las garras cerradas, incapaz de intervenir.

Entonces ocurrió.

Fue mínimo.
Casi imperceptible.

Pero Junior lo vio.

—¿Papá...? —susurró, conteniendo el aliento.

Uno de los dedos de Luigi se movió.

Un temblor leve.
Un gesto inconsciente.

Pero real.

El monitor pitó un poco más rápido.

Bowser dio un paso adelante, el corazón golpeándole el pecho con violencia.

—Luigi... —murmuró.

Los párpados de Luigi se estremecieron, apenas. Su respiración se volvió más profunda, más presente, como si regresara desde un lugar muy lejano.

Junior soltó un pequeño sollozo ahogado, esta vez distinto.

—Papá... —dijo otra vez

Y por primera vez desde el derrumbe,el silencio de la habitación no fue de miedo.

Fue de esperanza.

Fue de esperanza

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Indefenso - Jessica  Castillo  (Lemon)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora