Capítulo 43

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La habitación se vació poco a poco.

Primero Peach, con pasos silenciosos y una expresión cansada que no necesitaba palabras. Después Mario, que se detuvo un segundo junto a la cama, como si quisiera decir algo más, pero no encontró cómo sin romperse. Al final, Bowser fue el último en quedarse... y también el último en irse.

—Descansa —dijo, sin mirarlo—. Esta vez de verdad.

Luigi respiró hondo. Cada inhalación seguía siendo un esfuerzo, pero algo dentro de su pecho, más profundo que las costillas rotas, se había aflojado.

Horas después, volvió a despertar.

Esta vez no estaba solo.

Bowser Jr. estaba sentado en una silla demasiado grande para él, balanceando las piernas sin tocar el suelo. Tenía los ojos hinchados, la nariz roja. En las manos sostenía algo envuelto torpemente en una servilleta.

—Papá dijo que podía entrar —dijo en cuanto vio que Luigi abría el ojo bueno—. Pero que no te hablara mucho.

Luigi esbozó una sonrisa mínima.

—Nunca fuiste bueno obedeciendo del todo —murmuró.

Junior bajó la mirada y apretó el paquete entre los dedos.

—Yo... —tragó saliva—. Yo no quería que pelearan. Ni que tú salieras lastimado.

Luigi sintió un nudo formarse en la garganta.

—Lo sé.

—Papá me dijo que no fue mi culpa —continuó el niño—. Pero... debí quedarme con él. Me lo dijiste.

Luigi negó despacio.

—No hiciste nada mal —susurró—. Volvería a salvarte las veces que sean necesarias

Junior levantó la vista.

—¿Te duele mucho?

—Sí —admitió—. Pero ya pasó lo peor.

El niño dudó un segundo antes de estirarse sobre la silla y dejar el paquete en la cama.

—Son galletas —dijo—. No quedaron muy bonitas... pero son para que estés mejor. Dijiste que las galletas ayudaban.

Luigi cerró el ojo y dejó escapar una risa silenciosa que terminó en un suspiro.

—Creo que ayudaron más de lo que crees.

Junior sonrió apenas.

—¿Te vas a ir?

La pregunta cayó suave, pero pesaba toneladas.

Luigi pensó un momento.

—No lo sé todavía —respondió con honestidad—

El niño asintió, conforme.

—Entonces... —dijo—. Cuando camines otra vez, puedo enseñarte dónde no se cae el castillo.

—Eso sería muy útil —respondió Luigi.

Junior se inclinó con cuidado y lo abrazó, torpe, breve, como si temiera romperlo. Luigi levantó el brazo con esfuerzo y apoyó la mano en su espalda.

Indefenso - Jessica  Castillo  (Lemon)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora