Una idea loca lleva a Luigi a responder cartas de el temeroso Rey de los Koppas;Bowser,sin esperar que las palabras sinceras en aquellas cartas de aquel "monstruo " serían suficientes para cautivar su corazón.
¿Acaso su corazón indefenso y cautivida...
La enfermería seguía siendo demasiado silenciosa para ambos. Luigi ya podía mantenerse en pie algunos minutos, pero su ojo... su ojo seguía siendo un recordatorio constante. Vendado, sensible, opaco. No estaba bien. No del todo. Y Bowser lo sabía, aunque evitara mirarlo demasiado tiempo.
El silencio entre ellos no era vacío: era tenso. Como si algo estuviera esperando el momento exacto para caer.
Y entonces... la carta llegó.
Un Koopa la dejó sin decir una palabra. Solo la colocó sobre la mesa y se fue.
Bowser la reconoció al instante.
El sello del Reino Champiñón. El papel blanco, impecable. La letra recta, elegante... distante.
Luigi sintió un frío recorrerle la espalda.
—Bowser... —murmuró— yo no...
—Lo sé —interrumpió él, con la voz baja—. Esta no es tuya.
El rey tomó la carta. Esta vez no tembló. Esta vez fue peor: su rostro se endureció, como una muralla levantándose sola.
La abrió.
Leyó.
Y el silencio que siguió fue pesado, denso, insoportable.
Luigi no necesitó verla para saberlo. Conocía demasiado bien la diferencia.
Bowser apretó el papel entre sus garras.
—Así que... —dijo lentamente— esta es la Peach real.
Río por lo bajo con ironía y le lanzó la carta a Luigi.
Luigi leyó:
"Bowser,
Has cruzado un límite.Si Luigi no es liberado de inmediato y en perfecto estado, el Reino Champiñón considerará esto un acto de guerra.No intentes justificarte.Más te vale que esté sano.— Princesa Peach"
Luigi cerró los ojos.
No había afecto. No había preocupación genuina. Solo órdenes. Amenazas. Frialdad.
Bowser soltó una risa grave, amarga.
—¿Ves? —dijo—. Así me hablaba siempre. Como si fuera una bestia que solo entiende golpes y advertencias.
—Ella no sabe... —susurró.
—No —respondió Bowser—. Y no puede saberlo.
Se hizo un silencio tenso. Bowser miró el vendaje, luego apartó la vista con brusquedad.
—El médico dice que necesitas más reposo —añadió, cambiando el tema de forma torpe—. No puedes salir del castillo todavía.
—¿Por mi bien... o por el tuyo? —preguntó Luigi, sin reproche.
Bowser apretó las garras.
—Si descubren lo de tu ojo —dijo— no habrá negociación.
Luigi asintió lentamente.
—Entonces me quedo.
Bowser lo miró, sorprendido.
—No tienes por qué obedecerme.
—No lo hago por obediencia —respondió Luigi—. Lo hago porque... —dudó— porque no quiero que esto empeore.
Bowser desvió la mirada.
—Voy a reforzar la seguridad —dijo—. Nadie entra sin mi permiso. Nadie sale con información.
—Bowser... —Luigi habló con cuidado— no tienes que vigilarme como si fuera...
—No te estoy vigilando —interrumpió—. Estoy evitando una guerra.
Pero aun así, se quedó.
No de pie, no imponente. Se sentó.
Cerca, pero no demasiado.
—Si empeoras —dijo— me lo dices. Si te duele... también.
Luigi lo miró, sorprendido por la precisión.
—¿Desde cuándo te importa eso?
Bowser tardó en responder.
—Desde que entendí lo que costaría que no estuvieras "sano".
No era una confesión.
Pero tampoco era mentira.
Luigi bajó la mirada, aceptando el cuidado sin nombrarlo.
Afuera, el reino se preparaba. Adentro, Bowser se aseguraba de que nadie viera la herida.
No por ternura. No por afecto.
Al menos... eso era lo que ambos se decían.
Y así, en ese acuerdo silencioso, el peligro quedó contenido.
Por ahora.
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Feliz Año Nuevo a cada una de las personas que leen, sienten y acompañan mis historias. Deseo de corazón que este nuevo año venga lleno de calma, amor, sueños cumplidos y pequeños momentos que hagan latir fuerte el pecho. Gracias por estar, por leerme, por sentir conmigo y por darle vida a cada palabra que escribo.
Espero que este año me regale más tiempo, más inspiración y más historias para compartir con ustedes. Que sigamos encontrándonos entre letras, emociones y silencios que dicen más de lo que parece.