Luigi despertó entre parpadeos temblorosos. La luz cálida de la enfermería no dolía como antes; su ojo ya no ardía como una llama descontrolada, pero seguía vendado, frágil, sensible. El médico Koopa le había avisado antes de irse:
—Está mejor... pero no puede salir todavía. El cuerpo está reaccionando bien, pero aún no está listo.
Así que ahí estaba: medio incorporado, con el pecho subiendo lento, tratando de entender dónde terminaba el dolor físico y dónde empezaba el emocional.
La puerta se abrió con un quejido bajo.
Bowser entró.
No rugió. No gruñó. Ni siquiera hizo temblar el piso.
Solo caminó. Como si cada paso fuera un peso que antes no sabía que existía.
Luigi tragó saliva.
—¿Vienes a...? —no terminó. No sabía qué esperaba.
Bowser no levantó la mirada.
—... Tenía que venir —murmuró, casi inaudible.
Silencio.
Un silencio de esos que dejan las cosas suspendidas. Entre ellos, las vendas, los golpes, las palabras que nunca debieron decir.
Luigi juntó el aire como si le costara.
—¿Quieres seguir con la conversación de ayer? —preguntó Luigi al fin, con cuidado, como si cada palabra pudiera reabrir una herida.
Bowser se detuvo a medio paso. No respondió de inmediato. Sus garras se cerraron y se abrieron una vez, nerviosas.
—No sé si "quiero" sea la palabra —dijo por fin—. Pero... si no sigo, esto se va a quedar aquí —se señaló el pecho— y va a pudrirse.
Avanzó hasta la silla junto a la cama. Esta vez no se sentó de golpe. Se acomodó despacio, torpe, como alguien que no está acostumbrado a espacios pequeños ni a conversaciones frágiles.
Luigi asintió.
—Estoy aquí —dijo—. No me voy a ir.
Bowser soltó una risa seca, sin humor.
—Eso dijiste también en las cartas.
Luigi cerró los ojos un segundo.
—Lo sé.
Otro silencio.
Pero distinto.
Más humano.
—Anoche... —empezó Bowser, mirando al suelo— me quedé despierto. Pensando en todo. En las cartas. En ti. En Peach. En mí. Y hay algo que no dejo de preguntarme.
Luigi lo miró con atención.
—Dime.
Bowser levantó la mirada lentamente.
—Cuando me escribías... ¿Me veías como un problema que había que contener? ¿O... como alguien que podía cambiar?
La pregunta no fue agresiva. Fue temblorosa.
Luigi no respondió de inmediato. Se tomó su tiempo, como debía.
—Te veía como alguien que estaba solo —dijo al fin—. Como alguien que nunca tuvo permiso de equivocarse sin que todo el mundo lo señalara. No pensaba "Bowser es peligroso". Pensaba... "Bowser está... solo".
Los ojos de Bowser se endurecieron, pero no de rabia. De emoción mal contenida.
—Entonces, ¿por qué no me hablaste así desde el principio? —preguntó—. ¿Por qué esconderte?
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Indefenso - Jessica Castillo (Lemon)
FanfictionUna idea loca lleva a Luigi a responder cartas de el temeroso Rey de los Koppas;Bowser,sin esperar que las palabras sinceras en aquellas cartas de aquel "monstruo " serían suficientes para cautivar su corazón. ¿Acaso su corazón indefenso y cautivida...
