Una idea loca lleva a Luigi a responder cartas de el temeroso Rey de los Koppas;Bowser,sin esperar que las palabras sinceras en aquellas cartas de aquel "monstruo " serían suficientes para cautivar su corazón.
¿Acaso su corazón indefenso y cautivida...
El sonido del monitor cardíaco marcaba el paso del tiempo con una crueldad insoportable: un pitido, una pausa, otro pitido. Siempre igual. Siempre recordándoles que Luigi seguía allí... pero también que podía no estarlo al siguiente segundo.
Mario no se movía de la silla.
Dormía poco, mal, con la cabeza inclinada y las manos entrelazadas, como si rezar en silencio pudiera compensar todo lo que no había sabido hacer.
—¿Cómo llegamos a esto, Lu...? —murmuró, con la voz rota—. Soy tu hermano. Yo debía protegerte... ¿por qué tuviste que ser tú?
Levantó la mirada.
Bowser estaba apoyado contra la pared del fondo, inmóvil como una estatua de piedra. Junior dormía acurrucado contra su pecho, aferrado a él como si soltarlo significara volver a perderlo todo.
—No vine a pelear —dijo Bowser de pronto, rompiéndolo—. Y tampoco es momento de explicar cómo llegamos aquí.
Mario no respondió.
—Este hombrecillo —continuó Bowser, mirando a Luigi— salvó a mi hijo.
Apretó los dientes. Su voz tembló apenas, pero no se quebró.
—Y si muere... —Hizo una pausa, pesada, definitiva—. No voy a perdonar jamás a este reino.
El pitido del monitor siguió sonando.
—Ni a ustedes... —añadió—. Ni a mí.
Nadie dijo nada.
Peach permanecía de pie junto a la puerta, incapaz de avanzar. La culpa le pesaba en los hombros como una corona hecha de hierro. Por primera vez, no había palabras, ni órdenes, ni disculpas que alcanzaran.
Mario bajó la cabeza.
No intentó defenderse. No intentó justificarse.
Porque sabía la verdad.
Aunque Luigi despertara... aunque sobreviviera...
Nadie allí se perdonaría nunca haber necesitado que él diera su cuerpo, su sangre y su vida a cambio de un instante de paz.
Y el monitor siguió sonando.
Marcando no solo un corazón que luchaba por latir, sino todo lo que el Reino Champiñón había estado a punto de perder para siempre.
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