Una idea loca lleva a Luigi a responder cartas de el temeroso Rey de los Koppas;Bowser,sin esperar que las palabras sinceras en aquellas cartas de aquel "monstruo " serían suficientes para cautivar su corazón.
¿Acaso su corazón indefenso y cautivida...
La falta absoluta de respuesta a la carta enviada con anterioridad, sumada al silencio deliberado respecto al estado de salud de Luigi, ha agotado cualquier margen de tolerancia o negociación. Tu mutismo no será interpretado como ignorancia, sino como una decisión consciente.
Ante esta situación, se ha determinado proceder a la irrupción de tu castillo por la fuerza. No se trata de una amenaza impulsiva, sino de una consecuencia directa de tus actos y omisiones. Cada minuto de silencio refuerza la sospecha de que Luigi permanece retenido o ha sufrido daños bajo tu custodia.
Abstente de atacar en respuesta. Cualquier intento de defensa, emboscada o represalia será considerado una confirmación de culpabilidad y autorizará el uso inmediato de medidas más extremas. No habrá nuevas advertencias, ni instancias de diálogo posteriores a este mensaje.
Has tenido la oportunidad de responder, de informar, de evitar este desenlace. Elegiste no hacerlo. A partir de ahora, toda responsabilidad por lo que ocurra dentro y fuera de tus muros recaerá exclusivamente sobre ti.
Este mensaje no busca tu consentimiento.
Marca el final de la paciencia.Y el inicio de las consecuencias.
Ambos permanecieron en silencio frente a la carta. Había pasado una semana desde la primera misiva enviada por la princesa y, aun así, no hubo respuesta alguna. El papel parecía más pesado que antes, como si cargara una sentencia.
—No puedo dejarte ir —dijo Bowser al fin, con la voz baja, dura.
—Van a atacar —sentenció Luigi, sin mirarlo.
Bowser apretó la mandíbula antes de continuar.
—Tú sigues recuperándote. Tu ojo ha avanzado de forma estable gracias al reposo y a los cuidados. No es una opción que te vayas. Prefiero que ataquen y que, al entrar, vean con sus propios ojos que sigues con vida. Cuando lo comprueben, bajarán las armas.
—No suena a un buen plan —respondió Luigi, apenas un murmullo cargado de miedo.
—Es lo único que está en mis manos —replicó Bowser, con una rigidez casi mecánica—. Y como rey, he ordenado que así sea.
—¡Ser rey no te va a salvar de este ataque! —exclamó Luigi, la voz quebrada—. Esto va a acabar mal...
Bowser giró de golpe.
—¡Cállate! —rugió—. ¡Yo soy el rey! Y aquí se hace lo que yo digo.
Su respiración era pesada, irregular, como si contuviera algo más que ira. Luigi se quedó inmóvil. En ese momento comprendió que ya no tenía control sobre nada. El miedo no era solo por lo que pudiera pasarle a Bowser, sino por la certeza de que el ataque se avecinaba por su culpa.
Sin decir una palabra más, Luigi bajó la mirada, inhaló con dificultad y se dio la vuelta, dirigiéndose hacia la enfermería.
—¿A dónde crees que vas? —gritó Bowser, furioso—. ¡Vuelve aquí! ¡Es una orden!
Luigi no respondió. Ni siquiera se detuvo. Sin voltear, siguió caminando, dejando atrás la voz del rey y la sensación amarga de que, esta vez, nadie saldría ileso.
Luigi permaneció en la enfermería. Ese había sido su lugar para dormir, no porque lo quisiera, sino porque no existía otro. No había un cuarto asignado, ni una cama que pudiera llamar suya. Solo ese espacio frío, que olía a desinfectante.
Desde la ventana observaba el movimiento constante en el patio. Los koopas de la guardia se armaban en silencio, ajustaban armaduras, afilaban lanzas, reforzaban puertas. Nadie hablaba de la carta, pero todos sabían lo que significaba. El ataque era inminente.
La princesa tardaría si venía por los caminos habituales. Pero los tubos acortaban distancias de manera brutal. Si decidía usarlos, llegarían rápido. Demasiado rápido.
Al amanecer, seguramente.
Luigi cerró los ojos un momento, intentando calmar el temblor en sus manos. No quería ser el motivo. No quería que nadie sangrara por él.
—¿Vas a seguir sin hablarme? —preguntó Bowser a su espalda.
Luigi no respondió.
El silencio se extendió entre ambos, espeso, incómodo. Bowser dio unos pasos dentro de la enfermería, el sonido de sus garras contra el suelo rompiendo la quietud.
—No hice esto para lastimarte —continuó, más bajo—. Lo hice porque es la única forma.
Luigi apretó su mandíbula.
—No —dijo al fin, sin girarse—. Lo hiciste porque no soportas perder el control.
Bowser se tensó.
—Si te dejo ir, no sales vivo de ahí afuera.
—Y si me quedo —respondió Luigi, con la voz cansada—, ellos van a venir igual.
Se giró entonces, despacio, mirándolo por primera vez. Su rostro estaba pálido, ojeroso. El vendaje cubría aún parte de su ojo, recordatorio constante de todo lo que había pasado.
—Si atacan... —Murmuró Luigi— no te van a escuchar. No les importa si estoy bien o no. Van a entrar creyendo que estoy prisionero. Y tú vas a responder.
Silencio otra vez.
—Van a morir koopas —dijo Luigi—. Y quizás tú seguramente saldrás herido.
Bowser apartó la mirada.
—Prefiero eso —gruñó— a entregarte.
Luigi negó lentamente con la cabeza.
—Eso no es proteger —susurró—. Es egoísmo.
Bowser dio un paso atrás, como si esas palabras lo hubieran golpeado más fuerte que cualquier arma.
—Descansa —ordenó finalmente, sin mirarlo—. Mañana será un día largo.
Se dio la vuelta y salió de la enfermería.
Luigi quedó solo otra vez. Afuera, las antorchas seguían encendiéndose una a una, como estrellas falsas anunciando guerra.
Al fondo del horizonte, la noche empezaba a pintar el cielo.
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Hola, hola... ¿Cómo están? 👀 ¿Se siente la tensión en el aire o soy solo yo? Ajajajaja. Solo paso a decirles que se viene capítulo nuevo muy pronto. Gracias por estar, por leer y por aguantar el suspenso conmigo. 💥✨