Capítulo 41 Tintinea

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Pov Jerome

El animal salvaje estaba magullado dentro de una jaula fría y húmeda, ya no era más un riesgo para nadie, ni siquiera yo, que ya tenía memorias de su peligroso toque, me encontraba alterado por su presencia. La espada estaba roída por el señor tiempo y el opio se había disipado llevándose la paz. Sobre los jardines no había flor alguna y si le escucharan cantar, su lamento haría ascender a todo demonio del inframundo con el corazón herido, Violette me arrebataba las lágrimas, por el sentimiento de su mano temblorosa y delgada sobre la mía, mi Violette ya no era nada.

-Mírate nada más, tan pequeña y retorcida, eres como una raíz de arveja, solo puedo ver las uniones de tus huesos ¿Cuánto tardaras en rellenar esta piel? -

-Mi Jerome- a pesar de que podía percibir su intención de apretarme los dedos, muy poca era su fuerza para sentirme consolado -esta gente exagera, aún estoy muy viva- y muy débil era su voz

-Siempre he sido portador de buenas nuevas, esta no es la excepción- me enderecé un poco más al borde de su lecho y sorbí mi nariz que ya me goteaba de tanta tristeza -eres libre Violette, una mujer de nuevo libre, estoy aquí para llevarte a casa-

Solo un suspiro le abandono el cuerpo como despido de su cansancio -ya no tengo casa-

-No me digas eso, no te victimices ahora, no hagas ningún berrinche- le moví el cabello de la cara, estaba en ella como grieta sobre su mejilla prominente -tu hogar es aquel hombre al que aun amas y tus hijas que te esperan, tu casa son tus apuestas y tus licores. Los músicos que anhelan llevarse una memoria tuya bailando sus sones-

Me sonrió más como un pequeño bufido -eres muy manipulador, pero sin el permiso real no hay manera y Edmond...- hasta yo sentía el peso de aquel nombre sobre mi garganta -no puedo abandonarlo-

-¿Crees que estoy aquí después de colarme por la ventana?- rosetones muy altos para mí a decir verdad -Edmond y Adrien me han llamado, creen que aun confías en mí y tengo su bendición para llevarte lejos de aquí-

-Ya estoy muy cansada para mover estos huesos, las vidas que he usado han rebasado los años que he vivido, por mucho, estoy convencida de por fin irme a donde ya me esperan-

-Me molesta tu terquedad, tu necesidad de hacer que te rueguen, por ser yo ¿no puedes esta vez asentir y ya? -

No me respondió, hablar la agotaba, pensar la vaciaba, ya no quería seguir ya no sabía porque hacerlo. Cayo dormida con el primer pestañear que dio y quede solo ahí, con su presencia mortuoria.

Me dolió la nuca por mis ideas y por detrás de las costillas cuando la caja torácica sintió recelo de cargar su propio peso, la herida del brazo no me había sanado, la picazón de mi piel reuniendo fuerza para juntarse de nuevo me irritaba como el llanto de la gavia en los verdes lagos.

-¿Por qué fue que me hice a un lado entonces? ¿No fue por tu matrimonio con Edmond? ¿Por tu amor hacia Adrien? - fue porque tras mi altanería reconocí que yo era el menos apropiado de los tres -la vida que te hubiera dado, una vida quieta y pausada, no lo suficiente para ser contemplada como una dulce imagen, no tan rápida y apasionada para hacer que te perdieras, una vida más bien aburrida-

Una familia que cualquier forastero puede dar, una como cualquier otra.

La vida de Violette al lado de Edmond era trágica, era triste y dolorosa, un amor unilateral que perdía y apuñalaba sus conciencias, pero digna de ser contada, tórrida y deseable, aunque a largo plazo provocara pena y muerte.

El amor de Adrien era más obsesivo y apasionado, un amor cansado de un peso enorme, amor de esos aspiracionales y melosos, que se escurren en tus oídos y te embelesan dándote brillo en la mirada, un amor cálido, tierno, de un corazón unido a otro en una especie de dulce sentencia.

Pero el afecto de Jerome, tocaba melodías lentas con las que nadie bailaba, notas precisas y melancólicas, era un cariño muy común. No pobre, humilde, era una gema preciosa, pero del tamaño de un grano de trigo, no servía para alimentar Violette.

-La carroza esta fuera- dijo Nadine salvándome

-Cuando abras los ojos por la luz del sol, ruego que me perdones, lo que veras puede ser un futuro aterrador o una salvación justa-

La tomé en mis brazos; aunque temí del peso contra mi herida, la verdad fue que más pesada sería una pluma. Frente a la carroza a un lado de la puerta ya me esperaba Adrien para llevársela, me había dado la oportunidad de cumplir mi promesa, mi amenaza de sacarla de aquí, más que eso no podía pedirle.

-Te debo la vida que me has devuelto- escuche decir más como un eco

-¿Y cómo vas a pagar si ya se la debías a ella?- sonreí al verla recostada sobre las piernas de Nadine, con la seguridad de al fin hacer lo correcto – Adrien, en tus manos encomiendo al amor de mi vida, no hagas que me arrepienta-

-Seguro siempre hemos de odiarnos, pero como un hombre preocupado nada más, te agradezco con el alma, me has dado el mayor alivio, y por lo mismo te doy mi palabra, aunque sea como una sombra a la que no presta atención, seguiré detrás de ella, asegurándome de que tenga una vida feliz-

El trote de los caballos la llevaba por fin a donde debía estar, con quien debía estar también. Una mano cayo en mi hombro, como consuelo, pero viéndola salva ya no me aquejaba ninguna pena.

-Ambos hicimos lo mejor que pudimos, lo demás depende únicamente de ella- y la fuerza le sobraba una vez empecinada -somos pasado, hojas viejas que ya se fundieron con la tierra- sentí que Edmond decía esto más para sí mismo

-Habrá de pasar, ahora que encontramos resignación, la cura no debería tardar en llegar-

En la posada, pudieron las telas no ser las mismas, pero el aroma era mucho mejor que en el encierro de la mansión, los panecillos frescos con miel de guarda y los licores nuevos en estanterías viejas. Los gritos perpetuos de sus hijas jalando sus grandes melenas y sus suspiros cansados de pasear las faldas. Mi madam estaba en casa, rodeada de todo este mundo que, con cambios y giros, se mantuvo para ella.

-No tienes nada de que apurarte, abrirá los ojos hoy mismo en la noche sintiéndose hambrienta, subirás tu avena y una jarra de agua fresca para que la conserve por la noche, esta vez no peleare por vigilarla, nos turnaremos y ya verás cómo pronto se recupera-

-Hay Adrien- respondió Nadine tratando de no llorar -si no fuera por ti seguro hubiéramos perdido la fe-

La primera noche no abrió los ojos, solo tomo beber con la cuchara una poca de agua, permitió que Nadine le untara con sus aceites y hasta pidió quemar eucalipto para abrir sus caminos a grandes tomas de aire. El cuerpo siempre estuvo vivo, pero lo ignoro cuando se le durmió la mente.

La primera mañana probo un cubo de azúcar, le hizo sonreír dulcemente y volvió a dormir. Para la tarde ya probo el primer bocado de arroz, una porción no más grande que las palmas de su mano, pero bebió mucha más agua. Para la noche por fin acepto que se abrieran sus ventanas y la brisa helada le calmo la fiebre.

Después pidió tomar un baño. Y permitió que se le cepillara el cabello, el manojo era de menor tamaño, pero la trenza aun alcanzaba a tocarle las caderas cuando andaba.

Con la sonrisa de Nadine, dejo que se le pintaran las mejillas sonrosadas y más esponjosas, sangre en sus labios y perlas brillantes en la boca.

Tomo su primer trozo de pan unos días después y luego, animada por la noche, se atrevió a beber, un pequeño remojo de su lengua en la copa de vino.

Se cambió las ropas de descanso y uso por fin uno de sus vestidos, recibió la visita de Jerome y con sus propias manos llevo las flores al jarrón de su habitación, ese día solo le sonrió.

Casi treinta lunas pasaron para su primera comida en forma, un buen trozo de carne con laurel y vino dulce, aguamiel y pan con mermelada, todo esto la noche anterior a que decidiera abrir de nuevo las puertas.

-Todos ya llegan- le informe mientras sentada contemplaba las luces en la calle y el dulce tumulto de los gritos de malos modales -sé que no bajaras esta noche la escalinata, pero aun así todas están contentas, creen que has vuelto, vuelto en forma, nuestra Madam-

Volteo y me dio su risa, con su propiocolor y brillo -huele a tabaco- fue su primera oración.

VioletteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora