-Si su majestad a si lo permite, entonces me retiro- tenía ya apretujado contra el pecho el decreto que me liberaba de aquellos techos abovedados y esos apretados corsés, ya no debía cantar para entretener a los duques, ni debía contar chismes a su majestad para mantenerla despierta en los muy continuos bailes de mi rey, pues ya no tenía un rey salvo dios y mi propia voluntad.
Voluntad heredada de una bruja, de una mujer libertina y de dos hombres pasionales, pero sin afán de mantenerse unidos a mí. Recuerdo la sensación de mi mente volando y de mis manos levantadas al cielo cuando este me recibió llorando sobre mí, la primera noche fuera de ese castillo como una mujer libre.
Ya que la vida que conocía no me servía para este nuevo inicio, opté en aquel entonces por ver si esa sangre que me corría en las venas, conservaba el conocimiento y suerte suficientes para darme algo de dinero y una vida feliz –el espectáculo debe continuar, pero no conmigo sobre el escenario sino detrás del telón, siempre son más felices los que cobran que aquellos que sirven- me dije a mi misma.
Muchas mujeres en el mundo, muchos hombres orgullosos de su libertad y su poca virtud, un mercado de almas que si bien era explotado no era bien aprovechado, yo, con toda esta probidad para sembrar deseo y con mi buen ojo para encontrar necesidades, debía ser caritativa con mis hermanos y hermanas y por clemencia proporcionarles aquel placer que deseaban bajo sus títulos y sus abanicos de papel.
El distrito rojo era mi mejor opción, era el centro de la lujuria en la ciudad y una alcantarilla de pobres necesitados de mí. De lo que les daría. Mis pies no tardaron en correr con esa dirección, guiándome por el olor a desesperación y los gemidos a los lejos.
-¿Dónde está el callejón rojo?- dije a sabrá dios si era un mendigo o un noble caído en desgracia, que se encontraba agazapado en una esquina tratando de cubrirse de la lluvia –he preguntado ¿Dónde está el callejón rojo?-
-Perdone señorita, debe seguir por esta calle y al topar girar a mano izquierda, los faroles a la entrada del callejón será lo primero que vera- advertí a tientas con la poca luz de luna que se permitía tocarlo que era un mozo de buena cara, si, oculto bajo harapos, pero como dije yo tenía buen ojo para encontrar perlas cubiertas con lodo -¿Qué ha de hacer haya a estas horas? Es peligroso-
-Más peligroso es esperar a que el frio nos mate- le conteste como una invitación lejana a que me siguiera, si este hombre fuera el primero en apoyar mi carrera, sería suficiente, además, tenía buena mano con los hombres, a estos les gustaba y a mí me servían de vez en vez.
Pesa a la insistencia del mozo del palacio, de que esto sería una mala idea y de que mi reputación terminaría por los suelos y al terminar en bancarrota no habría quien me abriera sus puertas, logre que consiguiera esta propiedad, pobre y miserable, en el barrio rojo, pero lo competentemente barata para darme margen a mejoras, apenas entrar en el enorme edificio, supe que llamarle un desastre era poco, el polvo lo había tomado por hogar y tenía varias entradas de aire.
-No hay mucha diferencia entre esto y la calle- le escuche espetar a mi acompañante
-Vaya a la calle entonces- muchas veces fui recriminada por hablar de esta manera tan directa, pero es que aun cuando le pertenecía a su majestad, el espíritu era indomable, si este mozo no podía con aquello, mejor deshacernos de las cargas innecesarias.
Escuche a lo lejos, colándose en las paredes su voz ronca por el frio -Señorita, permítame al menos encender la chimenea- mientras me encontraba anotando sobre mi andar el número de las ventanas, los hoyos en la pared, los pisos que rechinaban y demás mejoras que debía agendar por toda la planta baja.
-Debo admitir que es peor de lo que imagine- le dije cuando regrese tratando de refugiarme en el calor de la leña
-¿Acaso ha decidido vivir aquí?- muy seguramente él no estaba acostumbrado a este lugar -¡tenga discreción! No puede andar desnudándose frente a cualquiera- porque eso fue lo que grito cuando comencé a quitarme la ropa frente a él, no era con intención de que se interesara en mi ni mucho menos, era que la ropa ya mojada podía enfermarme e ir al médico era un gasto que prefería ahorrar
-¿Cuál es tu nombre?- pregunte cayendo en cuanta de que no lo sabía y ya me había contemplado así
-Blemont-
"Que nombre tan fuerte" fue lo que pensé –un nombre muy agresivo para un rostro joven como el tuyo, yo te diré Adrien- siempre quise tener un amante llamado Adrien por culpa de una historia que solía leer en el orfanato
-Usted habla como una mujer de 50 ¿Cuál es su nombre? -
Que hombre tan aventurado –Violette, háblame con libertad, así te considerare un amigo, una mujer puede confiadamente despojarse de sus ropas frente a un fiel amigo-
-No vivirá mucho con esa lógica, no en esta ciudad-
-Los rumores son ciertos entonces, los viejos se vuelven locos por las mujeres bellas-
-¿Cómo no hacerlo? Si eres alguien aquí estas obligado a casarte con mujeres de tu nivel, las mujeres ricas han comido cerdo y pan toda su vida, son más grandes que un elefante- este chico era muy gracioso, hablaba tan libre como lo hacía yo
-Este edificio, se convertirá en el lugar más famoso de la ciudad, tendrá vitrales como en una catedral, pero dentro no se hará otra cosa que pecar-
–Lo que sobra en esta ciudad son los burdeles y está en el callejón más escondido, se ira a la quiebra en menos de un mes- hasta podía jurar que lo dijo con un tono melancólico y piadoso
-Sigues siendo respetuoso a pesar de tus comentarios de mal augurio, he pagado por mi libertad Adrien, es hora ya de gastar esa plata-
-¿Eras una esclava?- tal vez ya no lucia como una por haberme creído de la realeza durante estos años
-Soy una huérfana, que tuvo la suerte de ser acogida por su majestad- su cara incrédula –veras Adrien, no me tienes nada de fe, pero si este lugar habré sus puertas en un mes conmigo como su porta voz, se llenará hasta el techo, ganare una buena plata con esos ilusos que piensan que me están comprando a mí-
-¿No crees que se marcharán de aquí cuando vean que no es así?- tenía unos ojos muy bonitos, iluminados por las chispas de la leña en la chimenea
-Tengo buen ojo, si yo digo que es bueno, entonces lo es. No hay como discutir, mis mujeres serán preciosos geranios en flor, exóticas rosas y dulces bocados, casi como hijas mías, si crecen bajo mi cuidado, los santos bajaran a besarles los pies. Algo aprendí de los hombres tras filas formadas frente a mí, el tipo de sueño que venus les regala-
A pesar de que atizaba con cuidado el fuego que nos calentaba, no podía evitar hacer esa divertida expresión de precaución cuando los maderos rodaban sin querer acercado alguna brasa al vestido que nos servía de manta –si eso quieres hacer está bien, se ve que te tienes mucha fe, la fe que yo no tengo ya más en nadie, a pesar de eso, te pediré que me permitas ayudar, ya que no tengo a donde más ir y podría divulgar la noticia del lunar junto a tu ombligo, no tienes opción más que acogerme como la realeza hizo contigo-
-ha hombre astuto- reí –claro que te quedaras conmigo, eres mi recién bautizado Adrien ¿a dónde pensabas ir?-
Él también sonrió un poco antes de que la melancolía lo tocara –ya no tengo a donde más ir, mi familia a partido a un lugar donde no puedo alcanzarla- me vio, atenta de su dolor –fue hace tiempo, los viajes que hice me abandonaron en aquel rincón donde me viste, debió ser una vista lamentable-
-No lo creas tanto, cuando te vi, no solo pare en como vestías o lo que hacías, también en que eras bueno, en que tu rostro era de alguien parecido a mí, por eso me acerque a ti- que duro era esto, la conversación convirtiéndose en un contrato que nos uniera contra el mundo, que difícil –ya que somos dos huérfanos en el barrio rojo, el peor lugar para prosperar, aprovechemos para sobreponernos a nuestra naturaleza, enriquecidos por lo ajeno, al final de la vida tendremos buenas historias para contar, estoy segura-
-A puesto a que si jefa, será sin duda un destino divertido para andar-
-¿Jefa?-
-Es verdad, no es apropiado, no para alguien tan magnánima como usted, mi Madam-
ESTÁS LEYENDO
Violette
Roman d'amourDicen que su tatarabuela era bruja, porque sabía de hierbas y era mujer de ciencia, que su abuela seducía marineros en los puertos de Venecia a cambio de licor. Y su madre, bueno que decir de su madre, era una mujer de poca paciencia que atendía por...
