Las dudas comienzan a asaltarme tras nuestra conversación, y es entonces cuando comprendo que algunas cosas no encajan: la voz titubeante de Megan, su repentino cambio respecto al hombre que le ha destrozado la vida, la manera de hablarme...; confío en ella. Siempre lo he hecho, y eso no lo va a cambiar una llamada telefónica.
Ese hijo de puta la ha manipulado de alguna forma, al igual que hizo con su hermano. Estoy seguro.
- Olvida lo que acabas de oír -me dice Aitor-. Megan te quiere.
- Lo sé -admito con confianza-. Por eso no puedo perder más tiempo.
Me pongo en contacto con Sergio y le pido que traslade su equipo al Doge durante unos días. Al menos hasta que encontremos la pista de ese cabrón.
Por la tarde, él y otros tres hombres llegan al apartamento, equipados con todo tipo de aparatos tecnológicos de última generación.
- Gracias por venir -le estrecho la mano.
- Se lo debemos -responde con tono grave-. Nosotros le dejamos escapar y nosotros nos encargaremos de cogerle.
- ¿Tenéis algún plan?
- La duda ofende, señor Martín -arquea las cejas-. Vamos a desencriptar el móvil de Diego Barroso y a cargar todos sus datos en nuestros terminales. También voy a intervenir sus llamadas. Sabremos con quién habla en todo momento.
- ¿No se necesita una orden judicial para hacer algo así?
- Hace tiempo que dejé de pedir permiso -asegura de forma sarcástica.
Una gran cantidad de datos comienzan a aparecer en las diferentes pantallas de sus ordenadores: fotografías, mensajes, llamadas multimedia y de voz, grabaciones, whatsapps, contraseñas y números de teléfono.
- Así que esto es un día normal para vosotros -bromeo.
- Excitante, ¿verdad?
- Más bien inquietante.
- Haber destruido la señal del microchip le dará algo de ventaja a ese imbécil -me explica Sergio-, pero no podrá salir de la ciudad. Hemos 'colocado' programas de reconocimiento facial en el aeropuerto, estaciones de servicio y puertos de embarque. Si intenta escapar, el sistema nos avisará de inmediato.
- Todo eso está muy bien, pero hay una persona que puede llevarnos directamente hasta él.
- Alfredo Barroso. ¿Me equivoco?
- El mismo al que humilló delante de mí. Podría servirnos de ayuda.
- En ese caso no seré yo el que se interponga entre vosotros. Ahí tienes su número, por cortesía de Diego Barroso.
Dudo unos segundos antes de marcar los nueves dígitos, atemorizado por lo que me pueda encontrar al otro lado de la línea.
Un pequeño pitido me advierte de que la llamada está en curso.
- ¿Si?
- Hola. Quería hablar con Alfredo Barroso. Se trata de un asunto muy urgente.
Cuelga al escuchar mi voz. Me ha reconocido.
- Suficiente, señor Martín. Ahora sólo tendremos que rastrear la llamada para averiguar en qué punto del mapa se encuentra.
De repente llega hasta los servidores la dirección de su paradero.
- ¿Es él?
- Así es. Daré orden a mis hombres para que le traigan hasta aquí.
- Ahora entiendo por qué Ariadna era tan inteligente -le digo-. Tuvo un buen maestro.
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INDECENCIA
Teen FictionUna novela que no te dejará indiferente. Completamente adictiva. Si te gustan las historias en las que nada es lo que parece, está hecha para ti. La vida de Lucas cambiará por completo cuando le ofrezcan ser el director general de una de las empresa...
