IX

771 124 10
                                    

En mi septimo cumpleaños decidí no molestar a los dos hombres y deambulé por el pueblo como un alma en pena, preguntándome con rabia por qué no se podían cumplir mis deseos.

Quizás se debía a que tu ventana era la única iluminada a esas horas de la noche, o que el destino quiso que mirase justo cuando tú te asomabas para abrirla, pero de alguna forma acabé sentado en el techo de tu porche.

Acariciaba a Campanilla e intentaba evitar que me vieras mientras que escuchaba el hermoso cuento que leías a tu hermano.

No, no fui todas las noches, a veces estaba cansado y otras se me olvidaba, pero iba a escuchar tus relatos siempre que podía.

Nunca olvidaré la historia de esa noche.

Trataba de una preciosa princesa, era la chica más dulce y amable de todo el reino y esta vivía en un castillo con todo lo que uno podía soñar.

Un día la princesa paseaba por los rosales de sus jardines, canturreando e imaginando lo bien que reinaría cuando la coronasen en un futuro; pero encontró algo entre las espinas de sus flores.

Era un sapo, estaba herido y no tenía donde ir.

Aunque todo era una prueba del sapo, ya que él era un principe hechizado, pero quería averiguar si esa princesa podría liberarle del sufrimiento.

Esta curó al principe enmascarado, le dió un lugar en su castillo y no dudó en escucharle cuando este comenzó a hablar.

Le dijo que si le besaba, se libraría de esa maldición, pero debía de confiar en él o de lo contrario ella sería una rana.

Y la bondadosa princesa sin dudarlo le creyó,a pesar de las consecuencias.

Ambos reinaron juntos.

Me pregunté si tu serías la hermosa princesa que me salvaría de mis espinas.


Cartas a Wendy [#1.5]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora