Estado de Washington, ciudad de Forks. Casa de los Swan. Al anochecer del lunes 20 de mayo de 2006, día del regreso de Bella y Edward a Forks.
Charlie estaba bien, vivo y con buena salud cuando llegamos a casa, bebiendo cerveza y viendo un partido de béisbol en televisión. Lo abracé y me largué a llorar de puro alivio, después de estar todo el viaje temiendo que no volvería a verlo con vida. Él me abrazó torpemente, sin comprender a título de qué iban todas esas lágrimas.
-Es mi culpa –dijo Edward de inmediato, volviendo a su manía de culparse de todo, en cuanto Charlie lo miro interrogativamente-. Yo no debí...
-Ay, papá, lo lamento... pero... estaba... tan asustada... -hipé, tratando de contener los sollozos.
-Ya, ya, Bells, ¿pero qué pasó? –preguntó Charlie, confundido y alarmado.
A tropezones, le expliqué sobre la visión de Alice. Edward completó la información e insistió en culparse por haberme preocupado, pero Charlie lo silenció con un gesto de la mano.
-¿No saben quién morirá? –preguntó, tenso.
-No, señor. Alguien de Forks, pero no sabemos quién exactamente –respondió Edward-. El ataúd era el de un adulto, por lo que describió Alice, pero estaba cerrado y ella no pudo ver quién era el difunto.
-¿Tienen alguna precisión sobre cuándo se producirá la muerte? –indagó Charlie, completamente en modo jefe de policía.
-Todo lo que Alice sabe es que será pronto, pero no pudo prever una fecha exacta...
El resto de la explicación de Edward quedó interrumpida por el teléfono. Charlie rodó los ojos.
-Debe ser Jacob. Estuvo volviéndome loco toda la tarde, llamando cada cinco o diez minutos. Quiere hablarte, y dice que es urgente.
-Ya voy –murmuré.
Me devané los sesos durante los pocos pasos que me separaban del teléfono de línea, tratando de adivinar por qué Jake quería hablarme de pronto, cuando me había evitado con tanto énfasis durante semanas. No tuve que mirar a Edward para advertir la rigidez de su postura o la frialdad de su expresión. Descolgué el auricular, todavía tratando de figurarme qué había detrás de ese repentino llamado.
-¿Hola?
-¡Regresaste! –exclamó Jake, el asombro y el alivio presentes a partes iguales en su tono de voz.
Oírlo de nuevo, aunque fuese por teléfono, creó en mí una ola de añoranza por mi amigo, el que me había ayudado a salir de mi noche más oscura, el que me había aceptado sin condiciones y me había hecho reír cuando todo me parecía gris y sin sentido. Me aclaré el nudo que tenía en la garganta antes de responder.
-Sí -contesté.
-¿Por qué no me llamaste? -exigió Jacob.
Su tono malhumorado me hizo enojar al instante. ¡Él me había evitado durante semanas, y aún así tenía el tupé de hacerme reproches!
-Porque llevo en casa exactamente dos minutos y estaba poniendo a Charlie al día de las noticias de Florida -respondí. No era del todo exacto, pero se acercaba bastante.
-Oh. Lo siento –se disculpó Jake, sin lamentarlo demasiado, me dio impresión.
-Ya. Y dime, ¿por qué agobias a mi padre?
-Necesito hablar contigo.
-Seguro, eso ya lo tengo claro. Sigue.
Hubo una corta pausa.
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Swan, Bella Swan
FanfictionTras despertar del sueño de 16 horas posterior al regreso de Italia, Bella tiene muchas explicaciones que darle a Edward, empezando sobre por qué hay una pistola bajo el suelo de su habitación y por qué Charlie le inyectó una droga para despertarla...
