Conversaciones ¿esclarecedoras?

1.1K 44 1
                                        

Forks. Dormitorio de Bella. Por la tarde del día del accidente de Tyler.

Me dejé caer sobre la cama y hundí la cara en la almohada como si eso ayudara a olvidarme del lío que había surgido a mi alrededor apenas unas horas antes. Hablar con mi madre y asegurarle que estaba viva, sana y de una pieza había sido engorroso, pero lo sobrellevé con valor. Había vivido situaciones más complicadas, después de todo.

Gemí y me di la vuelta, quedando boca arriba, sólo para soltar un jadeo de dolor y acostarme de lado. El chichón me dolía y mucho. Aunque tenía los ojos firmemente cerrados, la escena se repetía una y otra vez tres mis párpados cerrados, como si se reprodujera constantemente la misma película.

El automóvil de Tyler entrando a toda velocidad en el estacionamiento. Yo alcanzaba a girarme, de pie como estaba junto a la rueda trasera de la Chevy. El auto de Tyler se me venía encima...

El resto era confuso. Ruido de metales aplastados, chirridos, un golpe en mi cabeza, una voz aterciopelada maldecía, alguien me movía, más ruido... un largo instante de silencio, antes de que todo el mundo prorrumpiera en gritos.

Edward Cullen estaba a mi lado, en el estrecho hueco entre los automóviles aplastados. Yo lo había visto al otro lado del estacionamiento un instante antes, podría jurarlo. Aunque intentó convencerme que estaba a mi lado y que me empujó sacándome de en medio, supe que no era cierto. Intentaba deslumbrarme, el muy maldito. Era una forma de hipnosis lo que intentaba conmigo; yo lo sabía, lo había estudiado en mi curso de entrenamiento. Alguna gente en efecto puede manipular a otros de ese modo, siempre que el interlocutor no esté al tanto de que se intenta influir en él. Yo me di cuenta, y por eso pude reaccionar e insistir en que estaba lejos de mí, aunque no fue fácil. ¿Sabía él qué efecto tenía en mí, tan malditamente bello y deslumbrante?

Atrapada junto a él, dos cosas me llamaron la atención más que cualquier otra: una, las profundas abolladuras en las carrocerías de los vehículos. Parecía como si alguien los hubiese detenido a pulso, por irreal que eso sonara. Otra, que cuando por fin apartaron los automóviles lo suficiente como para que llegaran las camillas al recoveco en el que Edward y yo habíamos quedado atrapados, alcancé a divisar las expresiones de los demás Cullen y Hale, y todas ellas variaban entre la ira y la desaprobación, pero ninguno de ellos mostraba la menor preocupación por su hermano. ¿Qué tipo de familia era ésa, que fulminaba con la mirada a su hermano por salvarle la vida a alguien?

El viaje al hospital, la espera, las radiografías, el pesado de Tyler disculpándose una y mil veces... todo eso era menos relevante. El enojo de que Edward fuese al hospital como quien va de visita aún no me abandonaba, al igual que la fascinación de haber conocido por fin al doctor Cullen en persona. Era muy atractivo, no iba a negarlo, y su autorización a irme a casa ese mismo día había hecho que me cayera inmediatamente bien.

Por fin, la actitud tan extraña de Edward me sacaba de mis casillas. Primero, mientras estábamos atrapados, me había intentado hipnotizar, y al no conseguirlo, me prometió una explicación. Después, cuando intenté hablar con él en el pasillo del hospital, se comportó como un perfecto malnacido egocéntrico, burlón, desdeñoso, repelente...

Respiré profundamente, tratando de calmarme. Aún estaba enojada, pero poco a poco pude ver las cosas desde una perspectiva más neutral. Antes que nada, Edward me había salvado la vida. No supe cómo, pero era evidente que lo había hecho. Hasta él mismo lo había admitido en el pasillo del hospital, cuando le pedí explicaciones.

Lentamente, mi enojo se fue difuminando hacia una silenciosa gratitud. Por muy estúpido que se hubiese comportado Edward, yo le debía la vida, y el que alguien me salvara no era algo a lo que estuviese acostumbrada. Habitualmente, yo sola tenía que arreglármelas para sobrevivir.

Swan, Bella SwanHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora