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Ya estando más serena decidí que era tiempo de irme. Era libre, pero tenía miedo. No sabía dónde estaba, pensé mucho en qué haría con el cuerpo de la mujer sin nombre.

Me dispuse a salir por fin de esa horrible habitación. Al parecer estábamos en un sótano, esa era la razón por la que nadie escuchaba mis llamados de auxilio. Subí lentamente las escaleras que daban con el resto de la casa, con mucho sigilo recorrí todo el lugar. Lucia abandonado, no existía ese "calor humano" de hogar.

Busqué en las diferentes habitaciones algo de ropa, di con las prendas de una chica extremadamente colorida y atrevida, todo lo contrario a mis gustos.

--Ni modo--. Dije resoplando sin otra opción.

La casa parecía estar congelada en el tiempo, habían muchos muebles viejos. Una tele antigua y la alacena vacía, vestigios de polvo en todos lados. Abandono total.

Definitivamente era el sitio perfecto para que Dominic llevase su plan macabro a la obra. Me acerqué a la puerta, ansiaba irme pero apenas los rayos del sol entraron en contacto con mi piel, esta ardió muchísimo.

--Qué demonios?--. Vocifere cerrando de golpe la puerta.

Tan rápido como retiré mi mano del picaporte, la piel comenzó a regenerarse. Estaba impactada y a la vez enfadada, no podía salir sin ser quemada viva. Eso indicaba que sólo de noche podía desplazarme sin temor. Aunque no entendía como Dominic si lo había logrado.

--Veamos que hay por acá--. Susurré entrando a una habitación con muchas herramientas de campo.

Hurgue entre varias cosas y encontré una pala, el objeto perfecto para enterrar el cadáver de aquella chica. Al mirar por una ventana me percaté que el sol se había puesto. Era el momento preciso para salir.

Abrí la puerta, me detuve en el porche a observar el alrededor. Estaba en el medio de un bosque, no había más que cientos de árboles. Busqué un sitio apropiado para cavar una zanja. Ya al cabo de una hora había completado la tarea.

--Espero puedas perdonarme por lo que te hice--. Musite viendo el montón de tierra recién movida.

Hice la pala a un lado y me eche andar por el bosque en busca de un camino que me llevaste hasta la ciudad. La luna era mi fiel compañera, no podía explicar cuan bien veia en la oscuridad. Pasé quizás dos horas caminando hasta que logré divisar unas luces.

Se trataba de un puesto de guardabosques. No estaba segura si quería llamar la atención pero el apetito comenzaba a sentirse de nuevo. Mi mente entró en conflicto, no quería matar a nadie. Así que poco a poco me fui alejando del lugar pero el crujir de las ramas caídas me delató.

--Quién anda allí?--. Preguntó un guardia apuntando con su linterna.

--Ayúdenme por favor!--. Exclamé mientras tenía los brazos extendidos hacia arriba en señal de indefensa.

--Código 199--. Musitó el hombre usando una radio.

En seguida dos señores más salieron de la caseta con más linternas. Me observaban de arriba a abajo con mucha extrañeza.

--Qué haces por acá a estas horas?--. Inquirió el más alto de los hombres.

--Estoy perdida, llevo horas caminando. Estoy buscando el camino a casa--. Contesté con voz de niña pequeña.

--Dónde vives?--. Preguntó el primer guardia.

--Nógrád--.

--No es posible, estamos muy lejos de allí--. Replicó negando con la cabeza.

--Vamos adentro, buscaremos la forma de ayudarte--. Dijo el tercer guardia.

No sabía si fingía bien o sabían perfectamente que estaba mintiendo. Subimos a la caseta, me senté en un pequeño sofá bastante cómodo. El lugar parecía una casa diminuta.

--Gustas de algo caliente?--. Preguntó el primer guardia, traté de divisar el nombre en su placa. Erick.

--Sí, gracias oficial Erick--. Contesté esbozando una leve sonrisa.

--Qué modales los míos, permíteme presentarme soy el Oficial en jefe Erick Brück, el es Oficial segundo Dan Foster y el cabo primero Daniel Fletcher--. Describió desde su persona, mencionando al hombre alto y por último al guardia que me ofreció ayuda.

--Un gustó, me llamo Kar... Kamila. Kamila Björk--. Respondí.

--Bien señorita Björk, veamos si la policía fronteriza de Nógrád nos puede facilitar su retorno a casa--. Musitó Dan.

--Dónde estamos?--. Pregunté aún sorprendida.

--Košický kraj, Eslovaquia--. Replicó Daniel.

Abrí mis ojos como platos, no sólo estaba fuera de la ciudad, sino también del país. Eso complicaba mucho la situación, sin pasaporte, ni teléfono ni ningún documento que confirmara mi identidad era blanco fácil de deportación.

--Rayos!--. Exclamó el oficial Erick.

--Qué ocurre?--. Inquirí ya algo nerviosa.

--Quise abrir esta lata y me corté--. Contestó volteando su mano hacia mi.

Sentí cómo mi cuerpo se puso como piedra. Sabía lo que estaba por venir y por mucho que traté de contenerme no pude. Me gustaría poder describir con detalle la rapidez con la que me moví por todo el sitio. Como un torbellino, llevándose todo a su paso. Comencé a morder a cada uno de los guardias, estos no tuvieron ni la mínima oportunidad de ni siquiera pedir auxilio.

Cuatro víctimas en un día, cuántas más serían. No tenía ni idea pero odiaba hacerlo, detestaba a Dominic con todo mi ser por condenarme a ser este monstruo.

Para mí suerte había un mapa, así que lo tomé y me eche a correr. Debía ganar tiempo antes de que amaneciera. Sentía una fuerza galopante que recorría mis piernas, me parecía dar zancadas tan grandes que casi podía volar. Entendía muy poco de estos "poderes vampíricos" pero supongo que era parte de la transformación, así como el que mis heridas sanen rápidamente.

Inmortalidad Maldita IDonde viven las historias. Descúbrelo ahora