Dos.

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LEA'S POV.

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Noviembre 15, 2011.

"¿Lea?" El tono de voz de Mia era suave, como si le estuviera hablando a un animal herido. Casi sonreí ante la ironía de la comparación. Si es que había comparación alguna. "Por Dios, pero si no se ve nada aquí." Refunfuñó abriendo de golpe las cortinas, dejando entrar la luz por la ventana.

Solté un gruñido por lo bajo y arrastre la cobija con ambas manos, hasta taparme por completo mi rostro con estas. Comencé a sentir tranquilidad, cuando de un sopetón Mia quitó todas las cobijas de la cama, aventándolas a un lado.

"Es un hermoso día." Empezó con su ya bien conocido discurso y solo me contuve de rodar los ojos, porque aun los mantenía cerrados. "Deberíamos sacar a los chicos a dar una vuelta por el parque de la esquina." Dijo con alegría exagerada, haciendo alusión a su pequeña Rose de cinco años y Noah de tres y siete meses.

"Haznos un favor a ambas, y vete Mia." Dije con voz ronca por el esfuerzo de haber llorado ayer en la noche, abriendo finalmente los ojos. Vi la sonrisa de mi mejor amiga apagarse y en mi interior comencé a sentir remordimiento, pero fríamente aparte ese sentimiento de mí."

"Lea, son las tres de la tarde y todavía no habías despertado." Dijo quedamente. "Noah estaba despierto ya cuando llegue, hace dos horas. Estaba llorando roncamente en su cuna. Seguramente había estado llorando fuertemente hasta que se lastimo la garganta y dejo de gritar."

"Ethan se ocupa de Noah en las mañanas." Me encogí de hombros. "Hoy tenía una cita en su oficina y supongo que se le habrá hecho tarde. Ya sabes que le mandan el trabajo para que lo haga en casa, así que seguro le habrá tomado más tiempo."

"Noah es tu hijo, Lea." Dijo Mia con tono duro, tomándome desprevenida. "Maldita sea, se que los últimos seis meses han sido malos tiempos para todos Lea, pero-"

"¿Malos tiempos?" La interrumpí con tono envenenado, sentándome en la cama, quedando frente a ella. "Para todos? Tu no perdiste a tu esposo hace seis putos meses."

"Lea.." Suspiró.

"No, Mia." Quito un mechón rubio de mis ojos. "No fue a ti a quien tocaron a su puerta tres oficiales, para decirte que tu esposo había muerto. No fue el amor de tu vida, el cual murió del otro lado del mundo en una guerra. Tú no has llorado hasta vomitar, o quedar inconsciente casi todas las noches. No eres tú, la que casi no soporta ver a su hijo, porque el simple hecho de verlo te recuerda a tu esposo muerto. Tú no estás viviendo de una maldita pensión de viudez. No eres tú, Mia. Así que no intentes venir a decirme que tienes la más remota idea de cómo me siento, porque no es así." Mi voz se rompió en la última frase. A través de mis lágrimas observe a Mia acercarse a mí y antes de que me tocara, levante una mano para impedírselo. "No."

"Tienes razón." Se sentó a mi lado. "No tengo idea de cómo te sientes, nadie lo sabe. Pero no puedes continuar así, Lea. Es la vida de Harry la que ha acabado, no la tuya." Un dolor agonizante quemaba mi garganta, ante la mención de su nombre.

"Él era mi vida."

"Era, Lea." Mordí mi mejilla, ahogando el llanto ya familiar. "Tienes que seguir adelante, ya han pasado seis meses."

"¿Seis meses?" Repetí riéndome vilmente. "¿Es que existe un tiempo para poder volver a querer vivir, después de lo que he pasado?"

"Cuando tienes un hijo de tres años, que depende por completo de ti, me temo que sí." Puso una mano en mi brazo y me aleje de su toque, reacia a sentir consuelo. Escuche a Noah soltar una sonora carcajada en la habitación de al lado y esta vez no pude contener el sollozo que sale de entre mis labios.

el marine [h.s.]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora