No te alejes de mí

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El bosque era mi canción, mi corazón guiaba la melodía y no podía parar. Daba giros y olvidaba todo, era como si el ojo del mundo estuviera puesto en mí, en lo que vibraba dentro de mí. Cantaba, contaba la historia de mi nacimiento.

"Corre y corre magia en sus venas

Chispea y palpita como brasas que queman,

Se mecen los arboles como en respuesta

Mira a su diosa,

Mira a su reina.

Esa bruja será vida, muerte y eternidad.

Vida. Muerte. Eternidad.

Mi cuerpo estaba lleno de éxtasis y no podía parar. Estaba poseída, me reía y lloraba, jugaba entre los árboles y lamentaba haber hecho algo tan horrible como para perder mi magia.

—Perdóname —imploré—. Perdóname, no puedo soportarlo.

Y era verdad.

Sin mi magia era nada.

Patética. Caprichosa. Egoísta. Orgullosa. Tantos defectos, solo eso me quedaba, ¿qué más podía ser sin el resto de mi alma?

Las hojas de los árboles se levantaron del suelo y me envolvieron cuando di vueltas y vueltas y vueltas. Una voz, parecida al sonido de un riachuelo, acarició mi mente. Casi no pude entenderle, pero dijo mi nombre, me ordenaba seguir y nunca parar, se reía de mi arrepentimiento, sabía que era mentira y le divertía la forma en la que estaba dividida.

Maureen.

Esa voz no tenía defecto alguno, era...lo era todo al mismo tiempo, el sonido de las hojas, el sonido del viento, el olor de la tierra, la fuerza del rio y...mi respiración. Ronroneaba. Escupía. Todo era mi culpa, había un desequilibrio por mi culpa y ahora tenía que arreglarlo.

—Diosa —sollocé cayendo de rodillas.

Pero no me quería allí, quería que subiera a los árboles, que la dejara sentir mi fuerza. Subió, subió y subió a lo más alto del árbol. Era como si cantara mi travesía y yo solo obedecía, no podía negarme ni pensar en hacerlo. Era de ella.

Subí ese árbol, sin pensar en cuan alto estaba yendo, subí entregada por completo. Tenía los dedos astillados y hormigas recorriéndome la piel, pero seguí. Seguí hasta lo más alto del árbol y sentí su risa perezosa. Llamaba a la niña que había sido alguna vez, a esa que le gustaba ir más arriba, pero ya no había más a donde ir, eso la desanimó y ya no me quiso allí.

Limpié las lágrimas y presioné mis dientes resistiendo, me dolía todo, sabía que ella podía sentirlo. Yo no quería sentir nada más.

—Por favor...—intenté, mis brazos temblaban.

Cállate.

Me obligó a ir abajo, me quería sumergida, en lo más profundo. Tenía que ir a la laguna.

Ahora lo lamentaba, esto acabaría conmigo.

Mordí mi labio con fuerza cuando mi pie se resbaló en la rama y la corteza me cortó la planta. Estaba dejando mi rastro en el árbol. Varias de mis uñas terminaron rotas, hasta la cutícula. Casi no podía controlar el temblor en mis piernas, estaba haciendo mucho esfuerzo para no caer, pero casi al final, volví a resbalar.

Caí de costado en el suelo, jadeaba.

—¿Esto es lo que quieres? —tosí—. Sangre.

Sentí como si se riera de mí, la tierra se sacudió, recordándome donde me quería, no aquí, sino bajo el agua. Pero mi visión todavía estaba borrosa y cuando vi una silueta frente a mí, sentí que mi sangre se volvía hielo. Si veía a la diosa enloquecería, eso decían las canciones. Su aspecto era tan magnifico que los mortales no lo soportaban.

La bruja y los lobosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora