—¿Por qué lo que ella piense es tan importante?
Josh estaba tan sorprendido como yo. Cuando Ivy lo miró lo sentí contener la respiración. Los ojos castaños de la chica eran feroces.
—Confío en ella —declaró, ronca.
—¿Por qué? —insistió él.
Ivy apartó la mirada.
—Eso es algo que solo me concierne a mí, señor —rezongó, cruzando sus brazos como una niña testaruda.
Quise reír encantada, nunca había conocido a nadie que actuara como si enfrentar al futuro alfa fuera tan fácil como pestañar. Me encantaba.
Pero debía intervenir, por más que me fascinara ver a Josh en aprietos.
—Pequeña —la llamé con suavidad—, confía en mí cuando te digo que confíes en él —hice un ademan con mi cabeza hacia el futuro Alfa—. Su única intención es ayudarte, no debes preocuparte, ¿sí? —busqué sus manos y las tomé entre las mías—. Ahora deberás asearte, alimentarte y mantener estricto reposo —ordené—. Mañana podrán discutir y conversar sobre todo lo que sucedió, pero ahora, descansa.
Esperaba no arrepentirme de esto.
Esperaba que Josh no metiera la pata.
—¿Te irás? —preguntó angustiada. Asentí—. Por favor, vuelve pronto.
Solté sus manos y me puse de pie, miré a Josh, quien había mantenido su atención fija sobre mi nuca. Blanqueé mis ojos.
«Dios, los hombres lobo ya eran lo suficientemente insufribles, ¿tenías que darles parejas?».
—Mañana —avisé. Josh estaba haciéndome señas, no lograba comprenderlo, por lo que solo añadí:—. Después de desayunar.
La pequeña rubia suspiró.
—¿Dónde está mi bolso? —preguntó, removiéndose en la cama.
Josh se lo tendió, desesperado por complacerla y recibir alguna respuesta positiva de ella. Cosa que no consiguió. El bolso entre las manos de la chica era color coral, el tejido era rustico y parecía demasiado...poco para sus manos delicadas.
Ivy sacó un pequeño pañuelo y descubrió algo resguardado en él.
Un par de monedas de oro, plata y cobre.
Ella tomó las monedas de oro y me las ofreció.
—Por tus servicios —explicó.
Me eché hacia atrás negando.
—No —sacudí mi cabeza—. Mis servicios serán pagados por Justin...Digo Josh —guiñé un ojo.
Ivy se sonrojó.
—No me gusta que gasten dinero por mí.
Bufé.
—Tranquila, eso no los hará pobres. Termínate eso —señalé el vaso—. Fue un placer conocerte, Ivy.
—El placer fue todo mío, Maureen —sonrió—. ¿Vendrás mañana? —quería que se lo repitiera.
—Sí.
Dioses, Josh y ella eran como la tierra y el aire. Tan distintos. No tenía la más mínima idea de cómo una relación podría funcionar.
Josh le avisó con dulzura que me acompañaría fuera de la habitación, Ivy solo asintió, sus ojos todavía sobre mí.
Afuera una multitud de personas curiosas nos esperaba, pero con un gruñido de Josh el pasillo se despejó, dejando solamente a su familia.
Christina nos llamó a todos dentro de un despacio, cuando estuvimos dentro de la privacidad de la habitación, Josh se desesperó.
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La bruja y los lobos
Werewolf"Era magnifica. Perfecta. Perfecta. Perfecta. La voz en mi cabeza no se callaba, seguía gritándolo y lo supe, supe lo que era para mí, supe lo que éramos. Ella ya se había ido, pero yo me quedé en el suelo, me miraba a mí mismo, tan delgado que los...
