Solo hizo falta el toque de mis dedos contra su piel ardiente para que las imágenes se proyectaran en mi mente. Eran sus recuerdos. Lo que había pasado.
Los lobos se habían dado cuenta del collar que llevaba Peter, la protección de una bruja era un insulto para ellos, una deshonra, una bofetada. Yo no tenía idea de que ellos pudieran reconocer mi collar, no tenía idea de que pudieran...reaccionar de esa manera.
Peter fue lanzado al hoyo, a ese círculo de pelea duro donde entraban diez, pero que solo tenía permitido salir uno, el que quedara de pie después de la golpiza. Todos fueron por la presa fácil, el recién llegado, el que no conocía sus métodos, ni tenía su misma fuerza. Lo golpearon y escupieron.
Y hubo uno de mirada sádica que le rasgó el estómago con sus garras. Había sonreído, como si hubiera sabido que yo estaría mirando.
Peter apartó mi mano con un manotazo, pero tiró de mi blusa para que me acercara. Su rostro estaba tan hinchado que yo...no tenía idea de cómo comenzar a curarlo.
Tenía ganas de vomitar. Quería gritar. Quería...desatar mi magia sobre esos desgraciados.
—Maureen —apenas entendía lo que decía—, no llores.
—Es mi culpa —balbuceé horrorizada.
Le habían hecho esto por mi culpa.
—No —masculló él.
No pudo seguir manteniendo los ojos abiertos.
Corrí por la casa buscando todo lo que necesitaba para limpiarlo y curarlo. Me temblaban las manos, seguía sintiendo arcadas por el horror, pero más que nada tenía una necesidad implacable por sanarlo, por volver a ver sus ojos y sus sonrisas amables.
Quería a Peter de vuelta.
Yo iba a traerlo de vuelta.
Tomé una daga y corté mi mano, dejando que la sangre se derramara sobre su estómago.
—Soy vida —dije—, soy muerte, soy...eternidad.
Mis palmas irradiaron luz cuando lo toqué, el contactó me ardió, pero continué mascullando las palabras sagradas.
—Tú me perteneces —dije sin pensar—. Regresa a mí. Yo soy vida. Mi sangre es tu sangre. Peter —sentía su pulso débil vacilar en mi propio cuerpo—. Soy vida. Soy vida. Soy vida —repetía con desesperación, añadí hiervas a sus heridas, aire, agua, más de mi sangre. Sentí el hilo de su vida, llegué hasta él con mi respiración fallando—. No permitiré que nadie te tome. Eres mío y no te vas a romper.
Expulsé mi poder y lo mezclé con el mundo. Porque eso era vida. Mi corazón y el corazón del mundo. Imploré a los dioses por él una vez más antes de desmayarme.
*****
Alguien me estaba llamando, lloraban mi nombre.
Era una voz de hombre rota.
—Maureen.
Abrí mis ojos y los llevé hacia el peso que sentía en mi pecho, Peter tenía su cabeza allí, estaba escuchando mi corazón mientras se lamentaba. Emití un ruidito con mi garganta y él se levantó de golpe.
Lo inspeccioné mientras él hacía lo mismo.
Las heridas de su estómago estaban cerradas, su rostro seguía viéndose terrible y su piel estaba bañada de su sangre. Quise reincorporarme, pero su dura mano me lo detuvo.
—No —negó—. Quédate allí, estás herida, ¿Cómo puedo ayudarte?
Yo no estaba herida, estaba drenada.
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La bruja y los lobos
Hombres Lobo"Era magnifica. Perfecta. Perfecta. Perfecta. La voz en mi cabeza no se callaba, seguía gritándolo y lo supe, supe lo que era para mí, supe lo que éramos. Ella ya se había ido, pero yo me quedé en el suelo, me miraba a mí mismo, tan delgado que los...
