"Era magnifica. Perfecta. Perfecta. Perfecta. La voz en mi cabeza no se callaba, seguía gritándolo y lo supe, supe lo que era para mí, supe lo que éramos. Ella ya se había ido, pero yo me quedé en el suelo, me miraba a mí mismo, tan delgado que los...
Esencia de muerte y magia llenaba el aire ahogado en humo del bosque. Había fuego, ella no podía verlo porque corría, pero sabía que si el humo la estaba tocando era porque ya habían encendido la hoguera. Casi podía probar a sus hermanos en las cenizas que se metían en su boca, el solo pensamiento la hizo detenerse, su cuerpo se arqueó cuando el vómito salió de su boca.
Siguió corriendo, motivada por el pensamiento de su familia corriendo en la dirección contraria. Ella tomó la decisión de entregar su vida para conseguirles unos minutos a ellos. Tenían que alejarse, tenían que vivir. Ella sabía que su vida ya no tenía salvación, pero pensar en ellos, eso la hizo correr más fuerte.
Algo filoso rozó su costado lo suficientemente profundo como para tirarla al suelo. Ella se movió sintiendo agonía, olió y sintió su sangre fría salir. Pero no se permitió rendirse, comenzó a arrastrarse.
—Óigame todo el que oídos tenga y creedme cuando os digo la verdad que mi boca predica —su voz hizo que sus huesos temblaran, ella gimió adolorida—. A aquellos con magia en la sangre deberéis cazar y que el fuego se alimente de sus almas condenadas.
—Maldito seas —siseó ella llena de impotencia e ira—. Maldito seas tú y todos tus seguidores.
La encontró rápido y no tuvo piedad al patearla donde su flecha envenenada la había cortado. Su vista se oscureció mientras gritaba, pero pudo ver la silueta del hombre alto que vestía una toga emblemática.
—Bruja —gruñó—, tu vida de pecado acabará pronto y volverás al infierno donde perteneces.
La bruja se rió y volvió a maldecirlo.
—Te prometo que cuando llegue tu hora desearás que ese infierno en el que crees sea tu único castigo —bramó.
El hombre la tomó del cabello levantando su rostro.
—Pobre tonta —escupió—. No lo has entendido aun, nunca llegan a entenderlo —el hombre hizo un movimiento con su mano, la bruja se quedó inmóvil. Él...había tenía fuero ardiendo en su mano, lo había formado de la nada—. Si quieres poder debes saber a quién y dónde cortar —continuó el hombre—. Yo me di cuenta rápido que los humanos no son tan débiles como pensábamos, sin embargo, son fácilmente manipulables, con solo unas cuantas palabras rimadas fueron míos, se postran a mis pies declarándome su salvador —la bruja gritó cuando el hombre volvió a golpearla en la sangrante herida—. Pero para mí no es suficiente tenerlos a ellos a mi merced cuando ustedes siguen siendo indomables —ella se estremeció cuando él comenzó a arrastrarla—. Que esto sirva como reprimenda, que esto sirva para que el mundo me tema y se vean obligados a seguirme, tanto mágicos, como humanos.
La bruja luchó con todo lo que tenía para escapar de él, pero no pudo hacer nada más cuando el fuego la tocó.
El hombre se quedó allí, escuchando el agónico cantó de la muerte y aspiró el olor de la magia consumida.
—Ese será el destino de todo aquel que no se rinda ante mí —prometió sonriendo.
El hombre le dio la espalda al fuego y el bosque se estremeció, porque a aquel que se auto declaraba un dios siempre le esperaba un camino lleno de sangre y muerte.
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