"Evening Rowell"
16 de diciembre del 2016
Cuando yo tenía cinco años e iba al jardín de infantes, mi profesora, una mujer alta y tan delgada como mi lapiz, me pidió que diera la definición de: "tener un mal día" frente a la clase. En ese momento me quedé callada porque no sabía realmente qué responder, era la primera vez que no tenía una respuesta clara y recuerdo perfectamente sentir el calor de la sangre agolpándose en mis pálidas mejillas a causa de la vergüenza.
Probablemente hasta ese momento asociaba la idea de "mal día" al hecho de olvidar mi crayón favorito en la mesa o cuando mamá no me dejaba comer pastel de chocolate si no le había enseñado los deberes antes, pero si pudiera regresar el tiempo y contestarle a aquella rubia mujer basada en mis actuales experiencias, tendría una respuesta mucho más interesante.
Un mal día probablemente es una definición carente comparada a lo que sucedió la mañana del 16 de diciembre del 2016. Aquel día había una conferencia sobre embarazo adolescente que duraba la mayor parte de la jornada en el colegio. Casi logré convencer a Evening de que no me llevara, a fin de cuentas ¡yo aún ni siquiera había menstruado! Claro que eso jamás se lo dije en voz alta, aunque me sorprendía que no se hubiera dado cuenta ya, pero considerando la poca atención que me prestaba me parecía comprensible y si lo analizamos desde este punto supongo que fue mejor no haber abierto la boca, porque justo esa mañana algo comenzó a cambiar en mi cuerpo.
—¡Eve, rápido! —la hueca y fuertísima voz de Evening proveniente de la sala me despertó exaltada.
—¿Qué? —grité desde mi cama aún adormilada y con los ojos entrecerrados.
—Vamos muy tarde, muévete. Llegamos tarde al colegio.
Me puse boca abajo en mi cama y estiré mi brazo para alcanzar el reloj de escritorio que estaba dándome la espalda justo en mi cabecera, lo giré, eran las 7:05 AM
Me paré deprisa movida por la desesperación que me causó mirar la ahora, aunque poco a poco, cosa que me avergonzaba admitir, eso había comenzado a ser normal en mi rutina y por lo tanto me estaba acostumbrado a despertar de esa manera abrupta que me llenaba la vista de varias lucecitas azules, verdes y blancas intermitentes.
El mareo casi pudo hacerme ignorar un repentino calambre en lo bajo del vientre, pero lo ignoré, pues mi prioridad era cambiarme y llegar a la escuela, si bien no a tiempo, por lo menos antes de la segunda hora.
—Eve, date prisa —volvió a recordarme Evening quien hacía, como siempre, demasiado escándalo para alistarse.
—Ya voy, ya voy —respondí tomándo la arrugada falda mal doblada del suelo.
Me metí al baño y saqué por mi cabeza la blusa negra de talla cuarenta con la que dormía plácidamente. Me vestí tan rápido como pude, me acerqué al espejo mientras me tallaba los dientes y creaba una espuma azul rabiosa en torno a mi boca, escupí, me enjuagué la boca y me amarré el cabello en una alta coleta mal hecha de la que salían cabellos necios y con nudos. Salí del cuarto de baño y justo me dieron ganas de hacer pipí, jamás volvería a entrar a un sanitario del colegio, no había vuelto a hacerlo desde hacía ya bastate tiempo.
—¡EVE!
—¿Qué? —grité al tiempo que me metía al baño de nuevo.
—¿Has visto la pulsera de oro?
—¿Hablas de "mi" pulsera de oro?
—Sí, sí, lo que sea. La necesito, hoy irán los conferencistas y soy la oradora invitada en la primaria, tengo que lucir bien y además combina con mis aretes.
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Evenings
General FictionUna autora de suspenso y aventura se une con una editora de novelas de misterio para desafiarse a sí mismas y transportar a los lectores a una ajetreada Manhattan, el fascinante mundo del teatro, los excesos, los adinerados colegios y... las más tri...
