"Evening Rowell"
29 de Agosto del 2016
¡Bip! ¡Bip! ¡Bip!
Giré en la cama e intenté localizar el agudo ruido que taladraba los oídos y que me había despertado con el corazón en la boca.
¡Bip! ¡Bip! ¡Bip!
Era el teléfono de Evening sonando y vibrando en el buró de madera negra. Una llamada que colgué, ojalá no fuera importante y si lo era pues... Ni modo. Llamarían de nuevo ¿No? Fue entonces cuando me di cuenta que la bruja griega no estaba conmigo y que yo estaba en la cama cuando recordaba haber estado en el sillón.
Me senté y vi por la enorme ventana a mi izquierda que entraba una luz bastante clara y dolorosa a la vista que desafiaba el obstáculo que pudieran representar las cortinas blancas que arrastraban hasta el suelo alfombrado de color café. La tela de las cortinas parecía desafiar la suciedad del cuarto y me pregunté cómo era posible que se mantuvieran tan pulcras, al parecer Evening no podía darse el lujo de contratar una ama de llaves. ¡Patrañas, si podía costear un auto tan caro podría contratar a alguien que la ayudara con esa pocilga!
Revisé mi teléfono pero la pantalla negra fue todo lo que obtuve, lo dejé en el buró de mala gana, el día estaba empezando mal. Me estiré y alcancé el celular de Evening, las 9:55 a.m. Ay Dios era muy tarde. Pero... ¿Dónde estaba la loca? Tomé una almohada, me deshice de las cobijas pesadas y sin soltar mi escudo de color negro me decidí a abandonar la cama e ir a buscar a Evening a otra habitación.
Salí hacia el librero con los ojos entrecerrados y el cabello de la nuca revuelto. Bajé las escaleras bostezando, despacio pues las pantunflas, que en algún momento apuesto que eran blancas, se me salían de lo grandes que me quedaban, Evening calzaba tal vez dos número más que yo. Una vez abajo la vi ahí, ahí acostada en el sillón con la boca abierta y una mano colgando en una contorsión que no me apetecía imitar. El acrobata del Cirque Du Soleil la hubiera envidiado. Probablemente necesiten gente, enviaré una solicitud a su nombre por la tarde. Pero... qué hacía ahí dormida a semejante hora. Tenía hambre, mi estómago gruñó, la llamé pero nada, qué sueño tan pesado tenía. Mi única arma era la almohada, así que se la aventé en la cabeza mientras gritaba su nombre. Ella gritó con susto y se cayó del sillón, pero se paró igual de rápido, enfurecida, con la pijama arrugada y el cabello de la nuca enmarañado.
—¡¿Qué quieres?! —me alegó con voz irritada mientras se acomodaba la camisa rosa con la que había dormido.
—¿Qué haces aquí?
Se pasó los dedos por el cabello y me miró como si yo debiera saber de antemano la respuesta. ¿Era así?
—Oh por Dios, eso me saco por ser linda contigo —exclamó con las manos en el aire—. Pero qué tonta que fui.
—¿Qué? De qué demonios estás...
—Estabas aquí dormida —me interrumpió—, y te llevé arriba para que estuvieras más cómoda, el chiste es que no despertaras así de loca. ¿Qué hora es?
—Las 10 y tengo mucha hambre —me agaché para recoger el cojín del suelo—. ¿Puedo tomar algo del....?
—¿QUÉ? —Gritó haciéndome exaltar.
Del susto solté la almohada de nuevo, Crow tenía una voz demasiado fuerte. Repetí la hora y se puso histérica.
—¡EVE, TENEMOS QUE ESTAR EN LA REMODELADORA A LAS 10:30!
Ambas nos miramos y reaccionamos al mismo tiempo corriendo al cuarto de arriba. Subimos los escalones de dos en dos para acortar el camino aunque para el final las piernas se me acalambraban.
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Evenings
General FictionUna autora de suspenso y aventura se une con una editora de novelas de misterio para desafiarse a sí mismas y transportar a los lectores a una ajetreada Manhattan, el fascinante mundo del teatro, los excesos, los adinerados colegios y... las más tri...
