"Evening Rowell"
02 de octubre del 2016
—¡EVENING!
Aquel estruendoso y ronco grito logró despertarnos a la bruja y a mí pero ninguna hizo otra cosa más que abrir los ojos, pues el estupor pareció congelarnos los huesos. Evening estaba frente a mí y sentía su fría respiración desigual en mi frente.
—Evening ¿Qué es eso? —pregunté preocupada, casi llorando de la angustia.
Ella colocó su dedo índice en sus labios para callarme y se quedó quieta intentando escuchar con claridad qué era lo que pasaba mientras Boregard discutía con alguien en la primera planta. La tensión repentina pareció formar cristales de hielo frente a nosotras, ella se apoyó en sus codos para incorporarse poco a poco mientras no quitaba los ojos de la puerta.
Mi corazón palpitaba con tanta fuerza que sentía que podía escucharse resonar en toda la casa.
—¿DÓNDE ESTÁ, BOREGARD? ¡Sé que está aquí, lo sé!
—Maldita sea —dijo Evening levantándose bruscamente de la cama cuando aparentemente descubrió a quién pertenecía la gruesa voz.
Salió descalza de la habitación y escuché sus pies golpeando fuertemente contra el suelo cuando bajó a toda prisa por las escaleras.
Me senté despacio en la cama con las sabanas torcidas para tratar de escuchar, pero los gritos de Crow se unieron a la cacofonía y comencé a preocuparme, preocuparme de verdad. ¿Qué debía hacer? Traté de serenamente para actuar con lógica pero los gritos coléricos me arrancaban el aliento.
"Evening Crow"
Cuando bajé a la sala, Nate y Boregard se gritaban con mayor intensidad, incluso comenzaban a ser violentos, insultos grotescos se escupían entre ambos. Intenté ponerme entre los dos pero Boregard me tomó de la cintura antes de que pudiera hacerlo y me colocó tras él para evitar cualquier altercado entre mi estúpido ex marido y yo.
—Ahí estás, maldita, necesito hablar contigo.
—Cállate imbécil, no te atrevas a hablarle así de nuevo —me defendió mi leal amigo apuntándo con un dedo al pecho de Nate.
—O qué —replicó el hombre de cabello rizado y oscuro. Tenía una barba descuidada y esos cuarenta años parecían cincuenta mal vividos. La jovialidad y madurez que le había conocido hacía 18 años se había esfumado como la niebla de las mañanas.
—Mira, idiota... —dijo Boregard dando un paso al frente. Lo sujeté con fuerza y me puse adelante.
—¿Qué quieres Nate? —alegué con voz irritada y apretada pero tratando de no sonar invasiva para no alterarlo demasiado y empeorar las cosas. Nate podía llegar siempre demasiado lejos.
—Bueno... —miró al techo y de nuevo a mí—, no sé por dónde empezar.
—Podrías largarte de aquí —indicó con la mano el alto hombre tras de mí.
—Boregard, ¿puedes ver a los chicos? No quiero que se estresen con todo esto —le pedí mirando al suelo—. Ella estaba despierta.
—Estás demente si piensas que voy a dejarte aquí sola con este hijo de puta.
—¿Los chicos? —preguntó Nate.
Arqueó las cejas y pasó su mano por toda su boca tocando su barba canosa y rasposa. Parecían pequeños alambres de acero despintados.
—¿Qué quieres, Nate? —volví a preguntar.
—¿Por qué no le contestas el teléfono a Jake? Es tu hijo y en todos estos jodidos acuerdos que no has respetado está el de atender a sus llamados. ¡Joder, Evening! El niño te necesita, le duele todo esto.
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Evenings
Genel KurguUna autora de suspenso y aventura se une con una editora de novelas de misterio para desafiarse a sí mismas y transportar a los lectores a una ajetreada Manhattan, el fascinante mundo del teatro, los excesos, los adinerados colegios y... las más tri...
