Capítulo 2: Podrías ir a reemplazar a ese semáforo que se descompuso la otra vez en la calle España, harías un buen trabajo.
Estúpidos grandiosos autores creadores de historias que me atrapan y no puedo dejar de leer en toda la noche. Los odio. Ustedes tienen la culpa de mis continuas llegadas tardías y de mis siestitas matinales. Ojalá los maten unos penitentes.
La profesora guía me miró reprobatoriamente cuando llegué corriendo al pasillo, pero no me dijo nada. Miré por la ventanilla de la puerta de mi clase para encontrar a la profesora leyendo La Palabra del día, por lo tanto tenía que esperar hasta el fin de la oración para poder entrar.
Me apoyé contra la pared y bostecé enormemente. Se podría decir que dormité unos cinco a diez minutos allí. La profesora guía me despertó, porque lo crean o no, me quedé dormida. Por suerte no babeé (cosa que suelo hacer).
Le di dos golpecitos a la puerta y me mostré en la ventanilla, la profesora Ana de Historia hizo una seña para que pase, entré con un “Permiso profesora” y fui directo hasta mi lugar a lado de Carlos.
—Es la última vez que te dejo pasar a estas horas Rossana. —Todos siempre dicen lo mismo.
—Es que vivo lejos y hay mucho tráfico. —Más mentira que decir que la saga divergente tiene un final feliz.
—Pues te levantas más temprano para poder llegar sin inconvenientes al colegio. —¡Qué muchas veces ya he escuchado ese consejo en mi vida escolar!
—Bueno profe. —Ni si CRUEL me obliga. La profesora luego de mantenerme la mirada por un corto (pero que pareció eterno) lapso de tiempo, al fin se giró y pude respirar con normalidad.
Solté un suspiro cansado mientras me deslizaba por la silla intentando llegar a una posición más cómoda.
—¿Hasta qué hora te quedaste leyendo anoche? —me preguntó Carlos con una sonrisa de esas que sólo pueden dedicarte las personas que te conocen desde hace añares.
—Las dos y media —dije cortante.
—Se honesta.
—Las cuatro.
—Vos estás mal. —Soltó una risa grave por lo bajo, sin dirigirme la mirada ni una vez para que la profesora no nos llamara la atención por estar hablando—. ¿Cómo mierda puedes quedarte leyendo hasta las cuatro de la mañana? Yo abro un libro, leo la primera página y ya estoy dormido.
—No sabes lo que dices, ni te imaginas lo que te pierdes. Eres un neandertal.
—¿Neandertal?
—¿Ves? Tal vez si leyeras un chiqui, sabrías lo que es un neandertal —le reproché.
—Nah, que garra. Además, te digo que abro un libro y me duermo.
—Eso es porque simplemente no has tratado con el libro correcto.
—Lo que tú digas… —soltó restándole importancia al asunto. Tonto.
¿Por qué todos los chicos del mundo real son tan estúpidos? ¿Por qué no puedo ser un personaje ficticio, y así formar parte de mis libros favoritos? ¿POR QUÉ?
No tan querida Vida Real:
Eres una zorra.
Con mucha ira contenida,
Rossana
Y en medio de mi larguísima carta a la Vida Real, sentí como me taladraban con la mirada. Alguien me estaba haciendo sentir realmente incómoda. Podía escuchar el sonido que mis huesos y mis músculos hacían mientras ese alguien escarbaba en mí tranquilamente.
ESTÁS LEYENDO
Fanboy
HumorEl sueño de toda fangirl. ¿Qué chica con graves problemas mentales, reacciones psicóticas por situaciones que suceden en libros, y enamoramiento obsesivo por gente que no existe en la vida real; no ha soñado con encontrar un fanboy? Un chico que pa...
