Cuatro

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Capítulo 4: Y luego dicen que el amor a primera vista no existe.

—¿No puedes simplemente bajarte y preguntarle a algún empleado si ya hay ese libro que tanto quieres? Te dice que sí o que no, y vuelves —me dijo con cansancio mi mamá.

—¡No mami! Sabes que amo buscar los libros por mí misma, si los que atienden me dan ya el libro, no descubro ninguno nuevo. En cambio si yo me adentro en la cantidad infinita de estanterías, siempre encuentro algo interesante, ¡es mucho más divertido! —le aclaré emocionada mientras agarraba mi bolso para bajarme del auto.

—Bueno, bueno. —Suspiró—. ¿Sabes qué? Mejor volveré a casa y me avisas cuando quieres que vuelva por ti, ¿okay?

—Nunca nada estuvo “okay”. —Fingí unas lágrimas—. Pero sí mamá, te aviso. ¡Gracias!

Le di dos besos y bajé animada del auto, caminé hasta la entrada de la librería más grande de la ciudad y sonreí enormemente disfrutando el saber que tenía tiempo para recorrer todo. Estas pequeñeces, como recorrer librerías son las que me hacen feliz. Aunque a veces cuando no se tiene plata para comprar, se sufre mucho. Pero bueno, es parte de la vida.

Escuché la bocina del auto de mi mamá, giré y ella me hizo señas para que entre de una vez. Le sonreí y empujé las grandes puertas de vidrio, ingresando así a mi hogar.

—¡Hola Rosi! —me saludó con alegría una de las empleadas cuando se percató de mi presencia.

—¿Qué tal Lore?

—Como siempre, ya ves —me dijo soltando un suspiro y me señaló a su alrededor, mostrándome la tranquilidad del lugar. Sólo había dos señores mayores al fondo en la sección de libros de historia nacional—: aburrido.

—Amo que sea así, todo para mí. —Clavé mi mirada en la sección de ficción, preparada para el ataque.

—¿Qué buscas hoy?

—El libro que te dije la vez pasada.

—Ah, sí, ya lo tenemos. Si quieres te lo… —La interrumpí.

—No, alto ahí. Ya sabes que me encanta buscarlos. —Le sonreí con el dedo índice en alto.

—Está bien, te dejo. —Me sonrió y se dirigió de nuevo a su puesto.

—Aquí vamos —me dije a mí misma mientras quitaba de mi bolso mis auriculares para conectarlos a mi celular.

La música llenó mis oídos mientras miraba aceleradamente a todos lados, sin decidirme por dónde empezar. Totalmente frustrante.

Mis dedos recorrían las estanterías, extrayendo libros para leer la parte de atrás. Me paseaba mientras cantaba bajito la canción que sonaba en ese instante.

Y allí lo vi. Parado en el cuarto pasillo frente a mí.

No tengo palabras para explicar lo que sentí en ese instante. Allí estaba. Estaba allí.

En todo su esplendor.

Me emocioné y mi corazón comenzó a latir desesperadamente.

Y para colmo, justo una canción romántica se empezó a escuchar, ayudando al ambiente de amor a primera vista.

Fue… mágico.

Allí estaba. Estaba allí.

El libro que estaba buscando.

El libro por el que tanto esperé estaba paradito allí, a mi alcance. Gritándome que vaya a su encuentro.

Tanto esperé por ti, amor mío.

Y luego dicen que el amor a primera vista no existe.

Solté sin poder evitarlo el libro que tenía en mis manos; cayó al suelo, lo recogí, le dije que todo iba a estar bien, le pedí perdón, lo abracé y lo puse de vuelta en su lugar.

Me sentí una asesina al dejarlo caer. Fue horrible.

Diría que caminé hasta él, pero estaría mintiendo, más bien corrí.

Me tropecé con mi propio pie; caí al suelo, solté un gruñido, me levanté y retomé mi camino, esta vez, un poco más lento.

Observé como alguien del otro lado se dirigía al mismo lugar. Un chico. Estaba a punto de llegar, adelantado por un pasillo. No podía verle el rostro.

Sólo se veía una copia de ese libro tan anhelado. Sólo veía una.

No, él no podía tomar ese libro. ¿Quién se cree? Yo soy la mejor clienta, ese libro ¡ME PERTENECE!

Está loco si piensa que él llegará primero.

Volví a correr con una mirada de concentración, por esos dos segundos que me tomó llegar hasta allí me sentí una corredora, corriendo por el laberinto, buscando una salida.

Recuerda. Corre. Sobrevive.

Ok no.

Llegué al mismo tiempo que él, y ambos paramos, el libro se encontraba a medio camino de los dos. Giró su cabeza hacia mí, obviamente asustado por mi escandalosa llegada, y ahí me asusté.

Querida Vida Real:

La otra vez ya te dije que eres una zorra. Hoy te lo vuelvo a decir: eres una zorra. Una zorra muy zorra, zorrísima.

       Ojalá todo fuera ficticio,

                 Rossana

—¡¿Tú?! —le pregunté impactada.

—¿Qué yo? —me preguntó mirándome como si fuera que no me conociera. Como una total loca. Y no lo niego, tal vez si esté un poco destornillada, pero… ¿por qué me mira como una desconocida? No puede ser que Hugo Caturelli me mire de esa forma, simplemente no. Esta mañana me violó por ahí con la mirada, y ahora se hace del desentendido.

—¡¿Qué haces aquí?!

—Creo que es algo obvio, ¿quién sos vos? —¡Vaya idiota! No pregunten donde fue a parar mi vergüenza, porque creo que fue de vacaciones a Cancún.

—¿Cómo que si quién soy?

—Em, sí.

—Tremendo idiota —susurré para mis adentros, pero él puso mala cara por lo que supuse que escuchó—, olvídalo, permiso. —Caminé hasta el libro y cuando lo agarré, él también lo hizo— ¡Oye! ¿Qué haces?

—¡Yo me llevaré este libro!

—¡¿Estás loco?! ¡Yo lo tomé primero! —le grité.

—¡Claro que no! —me gritó también él. Ash, Estela tiene razón, ¡es insoportable!

—¡Yo lo quiero! —Estiré el libro hacia mi lado.

—¡Pues yo también! —Lo estiró hacia él.

—¡Lo he estado esperando desde hace mucho tiempo! —Atraje el libro una vez más hacia mí.

—¡Pues yo también! —Él hizo lo mismo.

—¡Deja de decir que vos también! ¡Yo lo quiero más!

—¡NO! ¡Yo lo llevo!

—¡¿Dónde están tus modales?! ¿Qué pasó con eso de “las damas primero”?

—¡No me vengas con eso!

—¡Yo lo necesito más! ¡Soy una fangirl! —Golpeé el suelo con mi pie derecho mientras fruncía el ceño.

—¡Y yo un fanboy! —Me imitó.

—¿Eh? —Me detuve, y lo miré atontada. Sin poder creer lo que acababa de escuchar.

—¡Que soy un fanboy!

 

FanboyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora