Malas personas

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Gaspar lanzó su maleta a un lado del recibidor, se encontraba exhausto de tanto caminar. El bus lo había dejado en la terminal y para ahorrar dinero en vez de tomar un taxi había caminado desde el centro hasta su casa con la maleta a cuestas.

Se encontraba extrañamente emocionado, estudiar en un internado a varios miles de kilómetros de casa era interesante pero volver después de varios meses también lo era. Deseaba encontrarse con sus amigos nuevamente, hacer las mismas payasadas de siempre y sobretodo ver a su familia.

Anunció su llegada con un grito que hizo a su madre salir disparada de la cocina. La mujer le abrazó y besó con emoción y una lágrima en los ojos. Definitivamente extrañaba aquello, el calor del hogar propio.

—Has crecido un montón, definitivamente odio ese tonto internado—Magdalena hizo un puchero y volvió a abrazarle fuerte.

—Ya ma… ya estoy de vuelta.

—Lo se, solo quiero asegurarme—le apretujó por última vez antes de soltarle y sonrió—no sabía que llegarías hoy ¿Terminaron antes las clases?

—No, mentí para sorprenderlos—respondió galante, con una sonrisa pícara en la boca—¿Y papá?

—En el trabajo—Gaspar frunció el ceño e hizo una mueca de molestia con los labios.

No le agradaban muchas de las actitudes de su padre—por no decir todas— pero principalmente aquella faceta descuidada para con la familia le crispaba los nervios al punto de blasfemar contra su propio apellido. Siempre trabajando, siempre preocupado de otras cosas, como si su casa fuese una fachada y su trabajo su verdadera razón de vida.

—Ya sabes, es el jefe, debe estar en todo.

—Es sábado ma, debería estar acá, siempre está trabajando.

—Mi vida…

—Déjame preguntar algo ¿Llevó a Melchor a ver la película de detectives que tanto quería?

—Gaspar…

—¿Lo hizo si o no?

—Yo lo llevé Gaspar.

El muchacho resopló molesto, nuevamente su padre actuaba como un completo imbecil ¿Qué pensaba? ¿Creía que Chie nunca notaría la manera distinta que Baltazar lo trataba? ¿Creía que de aquí a unos años Chie no se daría cuenta que su propio padre lo rechazaba? Para él era bastante obvio y eso que no tenía ningún tipo de capacidad especial. A Chie no le tomaría demasiado tiempo notar lo distinto que era el trato entre él y su hermano mayor.

Volvió a resoplar, esta vez con más y más ira, Baltazar se estaba pasando de la raya, toda esta estupidez de que Melchor no era su hijo había tocado fondo ¡Era prácticamente una copia en miniatura de su padre! ¿Qué otra prueba necesitaba? ¿ADN? ¿Una maldita marca de nacimiento? Se suponía que no debía saber aquellos secretos familiares, tampoco era su intención fisgonear entre los malos tragos de la familia, todo había sido un feo accidente que lo puso el en lugar y en el momento incorrectos. Tres años antes, sin querer, había escuchado una conversación entre sus padres, una en la cual su padre increpaba a su madre de infidelidad y ella lo negaba rotundamente. Él reclamaba también que Melchor no era suyo, que su padre era otro hombre y que no le importaba lo que sucediera nunca lo aceptaría como sangre de su sangre a lo que su madre replicaba que nunca hubo nadie más y que Chie era tan hijo de él como Gaspar. La conversación no ahondó mucho más en el asunto pero si algo quedó claro era que Baltazar no estaba dispuesto a que le vieran la cara, incluso cuando la historia solo fuera real en su mente.

Aprendices de SherlockDonde viven las historias. Descúbrelo ahora