El sueño que nos unió

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Después de encontrar a MyungSoo con InHa le había llamado en un intento por desahogarme con alguien. Pasó conmigo el resto de la tarde y se negó a dejarme sola cuando el sol se hubo ido, así que solo avisó a sus padres que pasaría un par de días en mi casa y que volvería cuando yo "estuviese mejor."

—¿¡Qué pasa!? —Preguntó asustada EunJoo que hasta hace algunos segundos, dormía a mi lado.

A mitad de la noche el silencio se vio interrumpido por incesante gritos que me desgarraban la garganta.

—¡Despierta! ¡No es real! ¡Tranquila! —Insistía mientras me sacudía ligeramente sacándome de aquella pesadilla en la que estaba atrapada.

Con la respiración agitada y lágrimas brotando sin control, abrí los ojos asustada.

Las manos me temblaban cuando logre sentarme sobre la cama sin poder controlarme todavía. EunJoo me abrazó, dándome palmaditas en la espalda para intentar calmarme.

—Está herido —Susurré entre sollozos— Lo lastimaron...

—¿Quién? ¿De qué estás hablando?

—MyungSoo —Contesté antes de estallar en llanto otra vez.

La imagen de su cuerpo inconsciente entre mis brazos aún aparecía detrás de mis ojos.

Antes de que aquel sueño se volviera una pesadilla MyungSoo y yo caminábamos juntos en la orilla del mar. Nuestras manos, entrelazadas, se sentían tan reales que mi estómago estallaba en mariposas y mi corazón latía con fuerza, como no lo había hecho en mucho tiempo. Nuestras miradas se encontraron y una sonrisa apareció en su rostro y en el mío. Suspiré feliz y su brazo rodeándome en un abrazó fue lo último que sentí antes de que la oscuridad nos invadiera.

Un hombre con el rostro tapado apareció de la nada frente a nosotros, vestía de negro de los pies a la cabeza y lo único que podía distinguirse eran un par de ojos azules que nos observaban fijamente.

Sin decir palabra sacó de una correa atada a su pantalón un arma.

—¿Quién eres tú? —Preguntó MyungSoo poniéndose delante de mí de forma protectora.

Comenzaron a sudarme las manos y él la apretó con más fuerza para calmarme. Se giró para mirarme y darme seguridad.

—Todo está bien —Articuló con los labios en aparente calma.

Asentí y después de eso todo pasó demasiado rápido

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Asentí y después de eso todo pasó demasiado rápido.

Aquel hombre nos apuntó y sin vacilar presionó en gatillo dos veces, disparándole a MyungSoo en el pecho.

Solté un gritó mientras él caía de rodillas. Intenté detener su caída sosteniéndolo con mis brazos pero su peso terminó por ganarme y ambos caímos al suelo.

La sangre le brotaba a mares y utilicé mis manos para hacer presión y disminuir su flujo. Gritaba por ayuda y lloraba asustada. El atacante, al igual que como había llegado, se había marchado, sin aviso y sin dejar huella.

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