Dijiste que te gustaban las chicas malas.

963 118 30
                                        

Gavin no me contestaba, ni si quiera lo había leído. Me quedé embobada mirando al móvil, dudaba en sí debía mandarle otro mensaje o mandarle a la mierda. Aunque por mucho que hubiese querido, no lo hubiera hecho.

- ¿Con quién hablas? Estás todo el rato con el móvil.

- ¡Ah! con nadie. Es mi padre, quiere saber cuando volveré a casa. - Le mentí.

Laura no se lo había creído, pero tampoco siguió insistiendo.
Terminamos de comernos las pizzas y nos despedimos para irnos a casa.

Laura comenzó a caminar calle abajo, yo instintivamente empecé a caminar hacia la comisaría. Si Gavin estaba allí, le diría simplemente que mirase el móvil y si no, pues me marcharía como si nada.
No vi a Gavin, pero si que vi a mi padre, quien se acercó confundido hacía mí.

- ¿Qué haces aquí, hija? Pensé que estabas con Laura.

- Sí, sólo quería pasarme a saludar y a ver qué estabas bien.

En ese momento Gavin pasó por detrás de mí para ir hasta su mesa.
Le seguí con la mirada.

- Pues estoy bien. - La voz de mi padre me hizo volver a la realidad.

- Claro, bien. Entonces, nos vemos luego, o mañana.

- Qué rara está esta chica últimamente... - Le escuché murmurar.

Al salir de la comisaría, me disponía a a echar a andar para marcharme a casa, cuando el móvil me sonó. Gavin me estaba llamando. Se me hizo raro, ya que nos habíamos estado mensajeando, pero nunca nos habíamos llamado.

- Espérame fuera, salgo en dos minutos. - Se le escuchaba acelerado como si estuviera nervioso.

Gavin salió de la comisaría y se acercó a mí.

- ¿Qué pasa? - Pregunté.

- No, ¿qué te pasa a ti? Dijiste que querías hablar conmigo. - Rio divertido.

"Es verdad" pensé.

- Sí, es verdad. Me gustaría hablar de... ti...de nosotros - Dije nerviosa.

Gavin rio con ternura.

- ¿Nosotros? - Preguntó divertido.

En ese momento me di cuenta del ridículo que estaba haciendo. ¡No había ningún nosotros!

- Tienes razón, no es nada. Yo...

- Hannah, te estoy tomando el pelo. Mantengo lo que te dije la otra noche.

Se refería a lo de que yo le gustaba. O al menos, eso quería creer.

- ¿Quieres que vayamos a tu casa y hablamos tranquilamente? - Me sugirió más calmado.

- No, a mi casa no. Mi padre podría ir en cualquier momento.

- ¿Vamos a la mía entonces? - Me guiñó un ojo de manera traviesa.

Asentí avergonzada, Gavin, sin dejar de reír, me rodeó la cintura con su brazo y dejé que me guiase hasta su moto.

Cuando llegamos a su casa, fui directa a la cocina y me senté en la mesa esperando a que viniera.

- ¿Qué es lo que te preocupa, princesa? - Sé sentó en frente de mí.

- No lo sé, es que... ¿Qué es esto? - Me temblaba la voz por los nervios.

- Mmm...yo tampoco lo sé, pero creí que te gustaba. - Dijo un poco confundido.

- Y me gusta, pero tengo miedo. - Admití.

- ¿Yo te doy miedo? - Alzó una ceja como si me estuviera retando a algo.

Me levanté de la mesa y me senté en la encimera. Si quería poder pensar fríamente las cosas, necesitaba mantener las distancias.

- No te tengo miedo, Gavin. Tengo miedo de que todo acabe mal.

- Entiendo, crees que no está bien que estemos juntos porque te doblo en edad, soy compañero de trabajo de tu padre y piensas que soy un viejo pervertido... ¿Pero vas a decirme que si hago esto no se siente bien? - Sé acercó más a mí quedando entre mis piernas y apoyó su mano en mi muslo.

Tenía razón, aunque tuviera 18 años y pudiese ir con quien me diese la real gana, sentía que de algún motivo, estaba mal que tuviera algo con él.

Se me erizó el vello y un escalofrío recorrió mi espina dorsal. No pude evitar contraer el cuádriceps.
Comenzó a acariciar mi pierna suavemente mientras llevaba su otra mano a mi cadera.
Instintivamente le rodeé con mis piernas haciendo que se pegase más a mí. Me miró con lujuria y se acercó lentamente para besarme, pero frenó cuando nuestros labios se rozaron.
Abrí la boca ligeramente y gemi desesperada.

- ¿Quieres que pare? Si realmente piensas que esto está mal no haré nada de nada. - Susurró con malicia.

Obviamente lo hacía para fastidiarme, pues estaba más que claro que lo deseaba allí mismo. Sólo me faltaba pintarme en la frente "Soy toda tuya"

- Por mucho que te empeñes, no eres tan inocente como quieres hacernos creer. - Continuó retandome.

- Supongo que tienes razón, pero ¿dijiste que te gustaban las chicas malas no? - Esta vez alcé yo una ceja retándole.

Detective Reed. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora